Epstein y la vieja escuela de alimentar vicios para comprar voluntades

 

Tan vieja como el mundo, es la fórmula de comprar voluntades y marcar las directrices del futuro, tanto en política como en la empresa o la vida social. Se trata de alimentar a la bestia que el sistema patriarcal y las feroces pulsiones que todo poderoso lleva dentro, en beneficio propio.

Cuenta el Evangelio que en plena meditación en el desierto a Jesús se le presentó Satán engalanado de dulce apariencia,  subiéndole a un monte desde el que se divisa la anchura del mundo, le dice: “todo esto será tuyo si postrándote me adoras” La historia sigue con la rebelde negativa del hijo de Dios al que imagino levantando la barbilla y con mirada altanera, respondiendo al príncipe de los Avernos: “usted no sabe con quien está hablando” Y no cede. Quizá no cede porque es hijo de Dios y la herencia que recibirá una vez sacrificado su cuerpo era tan alta que el mundo le parece poco. O que era una rara avis indemne ante el halago y el vicio.

Lo cierto es que los mortales suelen dejarse comprar por mucho menos, y cuanto más poderosos más y mejor se venden. El poder es ansioso, no se calma con nada, por mucho que se posea siempre se quiere más y más, con la sed infinita que produce la ambición nacida y criada en el capitalismo que se retroalimenta de forma infinita. Si a esto le sumamos el contaminante patriarcal, el bueno de Satán no tiene que emplearse mucho, la tentación se toma sin apenas disculpa.

Imagino a Epstein como la misma encarnación del rey del Averno. Con un alma oscura, plena de recovecos fecales tal  una reticulosis sumamente ulcerada. Epstein, un tipo inteligente nacido y criado en una familia judía de clase media que destacó como genio matemático empleando su talento como inversor casi vidente que hacía crecer fortunas como la espuma. Le imagino  siendo apenas  un joven imberbe comenzando a dar clases a los hijos de la privilegiada clase alta americana de los años sesenta y setenta que es como decir los reyes del mambo mundial.

Caminaría por los salones de la Quinta Avenida contemplando el lujo esplendoroso de las aves de rapiña de la bolsa, deambularía por los despachos de los hacedores de guerras, golpes de estado y conmutadores de hambrunas en países lejanos que ni se sabe colocar en el mapa. Él tan de Brooklyn y desclasado convertido en   un judío triunfante ansiando subir a la cúspide de los poderes yanquis. Es decir, mundiales.

Se cuenta que era amable, casi sumiso, con pocas y certeras palabras, que retorcía los valores en pérdidas hasta hacerlos florecer  ofreciendo dividendos insospechados. Cuenta Ana Obregón (amiga e inquilina de la mansión de Epstein en Nueva York) que su padre había perdido mucho dinero en negocios fallidos cuando ella le contactó durante su triste etapa hollywoodense y en unos meses el simpático neoyorquino (según Ana, Epstein era cariñoso, amable y protector) revirtió las perdidas en fabulosas ganancias por lo que sus papás, agradecidísimos, le querían mucho. Así, el demonio conquistó el mundo.

Ignoramos cuando y cómo alguien le susurró al oído que la forma más sutil y prospera de amansar a una fiera humana es cultivar sus vicios, atarle a las sevicias ofrecidas para que jamás escape del sitio donde se le quiere tener. Epstein aprendió rápido que para gobernar el mundo no hacía falta tener un gran ejército, o múltiples empresas. Para conseguir domar a la bestia solo se necesita alimentar las más bajas pulsiones que tan bien cultiva el capitalismo cuando se trenza bien prieto con el patriarcado.

Desde el feminismo se ha estudiado y meditado con profundidad la imbricada dependencia de ambos lastres sociales. Sabemos que la primera dominación ha sido concebida entre los géneros. El hombre, aprovechando la biología, ató con firmes cadenas a la mujer para hacerla sierva criando la prole, atendiendo las sevicias del hogar y sobre todo, sometiéndola a su deseo/pulsión sexual. Cuando y cómo quiera el amo, convirtiéndola  en recipiente de sus deseos, sin más controversia que el propio placer. Al paso de los siglos, levantando cabeza con los ejemplos singulares de Mary Wollstoncraf, Olympe de Gouges  y las matriarcas sufragistas además de las mujeres menos conocidas de otras razas que hicieron lo suyo, hemos conseguido levantar puño y cabeza, reivindicar nuestros derechos y así andamos, un tanto perniquebradas y llorando víctimas día sí y día también.

En el capitalismo se amalgama el machismo alimentándose ambos con la riqueza que genera la retroalimentación que generan. Epstein es su florida consecuencia. Con el poder que le daba su mente privilegiada para realizar milagrosas inversiones y esa bajada al infierno -a su propio infierno- que tanto alimenta la sociedad patriarcal. Ese gusto infame por una sexualidad infantilizada, potenciada por la moda (delgadez extrema, físicos aniñados) y por una pornografía que despersonaliza a la mujer convirtiéndola en receptora de pulsiones, sin más fin que dar placer, sin voz, sin queja, sin protesta. El gusto por la pederastia es más común de lo que la sociedad en conjunto piensa. Todas, reitero, todas las mujeres recordamos con asco nuestra entrada en la pubertad cuando voces soeces nos escupían espantosas frases de contenido explícitamente sexual.

Hace poco se preguntaba a padres si preferían que su hijita de doce años se topara con un oso en un bosque solitario o con un hombre…prácticamente todos, elegían al oso. Esa elección dice mucho, porque ellos, padres que son hombres para las hijas de otros padres, saben  bien lo que pasa. Conocen a la perfección la pavorosa realidad que convierte en monstruos a tipos normalizados. Como lo sabemos nosotras…por eso protegemos a nuestras hijas o nietas como panteras ante la visión de un tipo libidinoso que dirige su mirada a los senos incipientes o al cuerpecito apenas formado. Por eso, ellos siendo padres, protegen con celo a sus hijitas de la vista de los depredadores.

Pero ¿qué ocurre cuando esos depredadores tienen mucho, muchísimo dinero, poder y una isla privada? Que el susurro que Satán les sopla en la oreja “todo esto será tuyo, es tuyo, porque puedes” Y pueden.

 

Epstein podía. Podía violar infinitas niñas, doblarlas de dolor, rasguñarles el alma hasta dejarlas inermes ante su pulsión y convertirlas en juguetes rotos. Yo no sé (en realidad ni quiero saber porque espanta) si se comía carne humana. Si sacrificaban bebés en orgías satánicas, lo que sí sabemos todas, es que destruían cuerpos y almas hasta matarlas por dentro. A veces hasta por fuera, porque sucedieron ¿suicidios? en muchas ocasiones.

 

Lo que pasaba con Epstein es que su mente diabólica había imbricado ambas destructoras conformaciones sociales: patriarcado y capitalismo. Y su mente maquinó la perfecta simbiosis entre ambas. Grabó, fotografió y documentó las perversiones realizadas en la isla maldita y con ellas se convirtió en el amo del mundo.

Ya está. Satán consumó su ansia. El humano se postró y le dejó el mundo en herencia. Presidentes, príncipes, consortes de futuros reyes, primeros ministros, jueces, filósofos, lingüistas de izquierdas, sindicalistas, activistas, presidentes de corporaciones, banqueros, empresarios de consorcios financieros, catedráticos…fueron grabados, escuchados y convertidos en fieles piltrafas ante las órdenes del sumo hacedor de la isla.

¿Para quién trabajaba Epstein? Se conoce que su padre fue agente del Mossad, se intuye que él también. Se piensa que las virulencias de Trump en contra de Irán parten de las ordenes que salen de Tel Aviv, que la subrogación de los EEUU ante el genocida Netanyahu bien pudiera partir de los ocultos papeles que se guardan celosamente en los subterráneos de la inteligencia norteamericana. Porque, aunque se niegue, todas hemos leído y escuchado a Trump opinando de mujeres. Porque, aunque se oculte, salen testigos de las sombras acusando al malvado presidente(dictador ya) de los EEUU.

De momento son conjeturas porque el goteo de información es opaco, con tachadura, con nombres e informaciones borradas. Ocultando lo que será de más interés, mostrando lo que importa menos y jugando al gato y al ratón.

El padre del consorcio satánico Epstein ha sido suicidado (controvertido suicidio…) pero quedan los poderosos que se sirven del poder que da la información. Entre medias miles de niñas que jamás verán más madrugadas porque, aunque sobrevivieron, andan con el alma partida y el corazón muerto para la vida porque una pandilla de demonios les arrebató la infancia y la juventud.

Y esto no es nuevo. Quiero recordarles un artículo escrito por la que suscribe sobre el mentor de Trump, Roy Cohn, uno de los hombres más perversos en esta infame carrera de ratas en que se ha convertido el mundo. Cohn tenía en su despacho un sótano enorme donde guardaba miles de cintas grabadas de los poderosos. Cientos de jueces y hombres poderosos habían pasado por sus dionisiacas fiestas de alcohol, drogas y niñas violadas, mientras él grababa y grababa en sus deplorables degradaciones a los  tipos que luego chantajeaba.

 

Era fiscal del Estado. Una vez que fue expulsado por infame, abrió despacho de abogado y al llegar sus clientes (imaginen que clientes, Trump entre ellos,  le conoció cuando acusaban al padre de racista al negarse a alquilar sus edificioos a los negros) les decía: “no me digas de qué se te acusa, eso no importa,  dime quién es el juez” En cuanto conocía el nombre de quien sería encargado de hacer justicia, bajaba a su sótano, buscaba entre los videos ordenados por orden alfabético hasta dar con el que le interesaba. Pocos días después el juez elegido para la causa recibía en su casa una copia de la grabación que había dormido apacible en el sótano de Roy Cohn. Imaginen cuál era la sentencia.

Se hizo muy famoso Roy Cohn. Jamás perdió un juicio.

Porque como bien sabía Epstein, para dominar el mundo solo hay que trenzar al capital con los bajos instintos de la cultura patriarcal. El resto es historia.

El resto son víctimas de doce o trece años pero eso a los poderosos no les importa.

María Toca Cañedo©

https://lapajareramagazine.com/donde-esta-mi-roy-cohn

Sobre Maria Toca 1888 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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