Quizá era el día indicado. Una mañana crepuscular de lunes de un afiebrado invierno que padecemos cuando tomé La piel bárbara de Lourdes Pinel, ilustrado por Sandra Delgado y publicado por Adeshoras.

Ya digo, quizá elegí -o me eligió el libro a mí precisamente este día- el momento de la mañana en que el runrún del leve sonido de la lluvia formando pareja perfecta con la lectura de los hermosos textos de esta obra que suena a caricia, a recodo invernal, a dulce mecida literaria. Como digo, este libro está hecho con gusto por la palabra con el ensamblaje hermoso de la buena literatura que se desliza por los relatos cortos llenos de imágenes surrealistas tan bien conjuntadas que al poco de entrar en ellas te resultan tan hipnóticas como si delante de los ojos un brujo moviera la cadena del sueño. Los relatos son un todo de breves escarchas de belleza que se introducen en el alma para acariciarla.

Además del placer de leer bonito deslizando los ojos por unas líneas donde cada palabra se acomoda en textos sorprendentes conformando un lienzo que me sugiere colocar imágenes de Leonora Carrington, Remedios Varo y todas esas mujeres que también supuraban arte hermoso y complejo. Los textos urdidos por Lourdes contienen una sutil literatura que ha escrito esta pintora de palabras, que en vez de pinceles y emplasto de color, utiliza vocablos para delinear historias cortas que, ya digo, al poco se incrustan en la piel y ya no se despegan.
A cada rato, en cada capítulo se desprende una hoja como bofetón oscuro de trazo firme que coloca la ilustradora Sandra Delgado, quizá para despertarnos de la hipnótica lectura de La piel bárbara.
“No podía creer que antes de llegar a la segunda década de sus vidas las casaran ya viejas, las entregaran a hombres de manos rugosas y atroces, que no dudarían en amarrarlas a un nuevo yugo…”
“Por fin le crecieron ramas en los brazos, la madera cubrió su piel y las raíces anudaron sus piernas a la tierra…”
“Frente a mi un hombre hermoso profería graznidos humanos. Me conmovió tanto que recogía todas las plumas del suelo y las pegué a mi cuerpo. Yo creo que así él me amaba más…”

Podría seguir transcribiendo, paseándome de nuevo por las páginas de luces y sombras que quizá son sueños labrados en una madrugada onírica cuando un hombre que se hace mujer al caer la noche renace al estado matutino -otra cita y van varias porque cuando se encuentra una con hallazgos literarios tan bellos cuesta dejarlos quietos-
Además de hermosas, las páginas de La piel bárbara son tan dulcemente intensas que puedo asegurarles como pesan con brío afilado abriéndonos la piel para dejarnos los jugos literarios que nos esponjan el alma y el entendimiento..
Déjense un rato de teclas y de tecnologías, busquen un recinto silencioso y lean las páginas de este libro y se van a encontrar al momento abrazadas por la pureza de la literatura en todo su esplendor. No pueden hacerse mejor regalo, en un día de lluvia o soleado.
María Toca Cañedo©

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