El pastor le dijo al rebaño: “estar alerta que viene el lobo”.
Y el rebaño vivía asustado.
Y le dijo al carnero: “eres el mejor. Lo digo yo. Puedes hacer con las ovejas lo que te plazca: así te temerán y eso, carnero, eso, mola, mola mogollón”. Y el carnero las maltrataba, trataba mal a las ovejas pues se creyó superior a ellas.
Y a las ovejas les dijo: “las que tienen manchas de color, son peores que las blancas. No pastéis con ellas”
Y a las que tenían manchas les susurró: “¿veis?, las ovejas blancas no son de fiar”
Y el rebaño estaba en alerta, temeroso y enfrentado.

El pastor fumigaba los campos “para que produzcan más yerba”, decía. Y los corderitos nacían enfermos. Y morían. “Es culpa de las blancas, no de las pintas, no del carnero… o ¿será el lobo?» se discutía en el rebaño…
Mientras discutían y se enfrentaban, quien, sin importarle el color de la lana, se comía a las ovejas y al carnero: era el pastor.
Moraleja.
Sin equidad y cuidados en la comunidad, sin cuidar el pasto y la naturaleza, ya sabéis quien nos divide para comernos: El patriarcado, el machirulismo y el desprecio a la biodiversidad.
Contra ello está luchando el feminismo, el ecologismo y tantas personas más.
Nos necesitamos todas todas, para cambiar de pastor.
Marisa Maliaño Toca

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