Magnificat Humanitas del Papa León XIV

Ayer leí Magnificat Humanitas del Papa León XIV. Hay mucho en lo que estoy de acuerdo en su propuesta a la humanidad y otro (bastante) en lo que me distancio. León XIV vuelve a renovar la tradición del Concilio Vaticano II en su apertura al sentido de los tiempos, al diálogo con la cultura y a dirigirse a la humanidad en su conjunto, a la que sitúa como interpelante para tratar de las cosas nuevas que nos conciernen y, en particular, el poder inmenso de las empresas sobre los estados en lo que se refiere a la tecnología, y en particular la inteligencia artificial.


El humanismo como apelación y la visión política crítica de la inteligencia artificial constituyen una posición valiosa que no debería caer en saco roto y debería ayudar a promover lo que pide, un diálogo para nuevas políticas de desarrollo justo y de control de las aplicaciones de la tecnología. También produce alivio, después de décadas de posiciones reaccionarias, que reivindique la atmósfera del Concilio y lo que significó en parte la Iglesia en los años sesenta. Es un documento que debería ser bienvenido por todos los que nos preocupamos por esta transformación civilizatoria.
León XIV realiza su llamada desde una tradición que no es sino la de su predecesor León XIII y su Encíclica De Rerum Novarum, donde se elaboró la postura oficial de la Iglesia hacia los problemas sociales, en particular a la injusticia económica.


Dejando a un lado la interpretación teológica de la historia que acompaña el texto, el centro del discurso es si la doctrina social de la Iglesia es suficiente para constituir un lugar común de encuentro de creyentes y no creyentes concernidos por las amenazas y usos de la inteligencia artificial.
Yo me formé personal y políticamente en los alrededores de esta doctrina social. Mis profesores y luego amigos fueron curas obreros pertenecientes a la HOAC y otros movimientos afines. Ellos, a quienes sigo admirando por su valentía y compromiso (por sus condiciones de vida austeras, trabajando manualmente y compartiendo su piso y salario y por su abierta opsición al franquismo y su disposición al diálogo con todos los partidos resistentes), me enseñaron a la vez la responsabilidad histórica que nos obliga a todos, pero también las debilidades de la doctrina social de la Iglesia. De fines loables, sin embargo, ha sido incapaz de diagnosticar la causa de la injusticia en un régimen económico intrínsecamente injusto como el capitalismo. Fue también incapaz de entender lo que de reivindicaciones justas tenían las nuevas demandas del feminismo y otros movimientos sociales. En los años sesenta y setenta una parte de la Iglesia acogió a la resistencia antifranquista en sus espacios, en conventos y parroquias y ofreció tiempos y lugares sin preguntar la adscripción. Cuántas veces en un fin de semana unos supuestos ejercicios espirituales en un convento se dividían por pisos con Comisiones Obreras, la ORT y otros partidos. Fue un momento en que los cristianos de base, cristianos por el socialismo y tantos movimientos en Latinoamérica llevaron a la práctica la teología de la liberación.


Juan Pablo II hizo girar el rumbo radicalmente y persiguió y castigó a toda esa línea. La Iglesia Católica ha pagado un precio alto por ello, desbordada por su derecha por los evangelismos radicales, neoconservadores. Marx explicó bien en el 18 Brumario de Luis Bonaparte qué ocurre cuando persigues a tu izquierda y eres desbordado por tu derecha.


No sabemos el alcance que tendrá aún esta encíclica. Ojalá abra un nuevo tiempo en este clima asfixiante de guerra cultural y persecución neofascista. No es necesario compartir todas las creencias ni todos los marcos. Son mucho más graves las amenazas a la humanidad que las diferencias teóricas. En algún momento, Juan XXIII reconoció que el capitalismo era intrínsecamente perverso y ocasionalmente valioso y el socialismo intrínsecamente valioso y ocasionalmente perverso. Ojalá esta encíclica contribuya a que parte de la Iglesia se sume a la resistencia global a la marea negra. Como dice Haraway, ahora necesitamos hacer croché y tejer redes. Ya discutiremos después.

Fernando Broncano

Nota de edicción: Por si quieren leer la encíclica del Papa León XIV Magnificat Humanitas , les dejamos el enlace del pdf donde se la descargan sin problema http://Magnificat Humanitas

Sobre Fernando Broncano 22 artículos
Profesor de humanidades (cultura y tecnología) en Universidad Carlos III de Madrid Estudió en Universidad de Salamanca Filosofía.

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