Hace tiempo, escuchando las noticias de la invasión de Ucrania por las tropas rusas, intenté hacerme a la idea de cómo sería una huida, qué sentimientos impulsan al abandono de lo conocido, rincones, libros, recuerdos que nos anclan a un lugar, a costumbres que cuesta arrancar y que al hacerlo se nos debe desgajar una parte importante de la propia esencia porque cuando dejamos nuestros lugares algo impreciso pero íntimo se pierde para siempre. Durante un rato hice el ejercicio de intentar pensar en qué tomaría para salir corriendo, que prioridades existen cuando hay prisa porque la vida peligra y se debe elegir…Ese texto, con más o menos suerte, ha tenido largo recorrido porque entre las que no hemos huido nunca y jamás tuvimos que vernos en tesitura de escapar bajo las bombas y el crimen que supone una guerra, pareció certero. Al escuchar la historia de Roya Musawi, también de otras personas que se encontraron en la misma tesitura, me he sentido ridícula por el intento fútil de imaginar lo que no se vive.
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Escuchando a Roya Musawi, sentí pudor por atreverme a imaginar lo que es una huida, lo que supone un exilio forzado por una invasión fulgurante que tiñe de peligro cualquier dilación porque sus palabras me trasmitían el dolor y la ausencia sin la ampulosidad de la imaginación. La realidad es cruda, pensé, no se adorna más que con el frío que produce estar sola frente a los sucesos que rotan la vida.
Vamos a contar quién es Roya Musawi, mujer, periodista, afgana y refugiada en Santander, procedente de Kabul, desde 2021
Nacida en 1995, Roya cuenta su historia en paralelo con las diferentes escaramuzas civiles de su país. Quizá Afganistán sea el peor país para nacer mujer, con permiso de Palestina que allí el peligro de existir es común a ambos géneros. Roya, nace cuando los muyahidines luchan por el control del país. Al poco, en 1996 toman el poder los Talibanes, en su primera época. La infancia de esta mujer se desarrolla mientras los barbudos segregan el mundo conocido entre personas libres, hombres y mujeres encarceladas en prisiones de tela y fanatismo.

Las torres gemelas caen y nos cambian el mundo conocido. Poco después los norteamericanos, en represalia loca, invaden el país. Roya, dentro del triste destino de las mujeres afganas, es una privilegiada. Su padre es un hombre cultivado que ha trabajado en Irán como librero, y sabe que las mujeres tienen cabida en otros puntos del planeta y quiere eso para su hija, por lo que tuerce el destino de su hija enfrentándose a la inercia del país. Quiere que estudie, que elija vida, que sienta la libertad sin las apreturas que ponen en Afganistán a las niñas. Roya, recuerda con dulzura, las clases clandestinas que le imparte un profesor bajo la sombra amorosa de un árbol siempre atentas a la llegada de extraños para sustituir los libros de texto por el Corán, unico consentido y en el que toda una generación aprendió a leer. El texto coránico es mejor visto que un libro de aritmética, geografía o literatura para la infamia fanática que gobierna el país. El viejo temor a la cultura que impregna siempre a los fanáticos, a cualquier fanático y que a los barbudos les hace sospechar de cualquier niña que sepa algo más que preceptos coránicos.

Nos cuesta entender el riesgo que supone para unas niñas y para las familias que lo consienten, estudiar, querer aprender. Cuesta entender lo que es una realidad para millones de mujeres. Pero, como digo, la familia de Roya, no se dejó llevar por el miedo y a pesar de los talibanes, la impulsaron a estudiar y a cultivarse.
El recuerdo de los bombardeos americanos siguen a las bucólicas reuniones de estudio. La casa de la familia se encuentra cerca del aeropuerto donde los talibanes se refugiaron ante la invasión yanqui. La familia en muchas ocasiones tiene que correr a refugiarse de los “liberadores”occidentales que poco después toman el poder llegando, con ellos, un cierto alivio a la población que no comulga con los talibanes.

Roya recuerda, como un hito en su vida, ver aparecer la imagen de una mujer en la televisión o ver carteles con fotografías de artistas pegados en las calles porque hasta ese momento, ni una mujer asomaba fuera de los barrotes de tela impuestos por el poder talibán. La perplejidad les sorprendió pensando que el cambio era definitivo. Para entonces sentía la vocación periodística de forma clara. “Jugaba a entrevistar, a escribir crónicas de las cosas que pasaban”
Los americanos prometen la libertad de prensa, elecciones libres, derechos para las mujeres, como antes lo prometieron los soviéticos…

En un capítulo anterior se explicó las sucesivas invasiones y sus consecuencias que supusieron meros arreglos cosméticos que no calaron en la población campesina mayoritaria en Afganistán. La modernidad no convence más que a quienes la anhelaban, como la familia Musawi. Roya, durante ese periodo, asiste a la escuela primaria, luego a la Universidad. Parece que todo va a ir bien, pero solo es un espectro de las realidades intocables de una sociedad marcadamente medieval.
El padre de Roya, ha lucido barba siempre…nos cuenta con emoción, Roya, como en esa época, se afeitó mostrando la cara limpia por primera vez en su vida. Cientos de hombres hacen cola ante las barberías para afeitarse y cortarse el cabello. Gestos que vistos desde fuera, pueden parecer pequeños o banales, solo quien ha vivido bajo la losa de prejuicios absurdos conoce el verdadero sentido de los pequeños gestos.

La familia Musawi es chií, sección minoritaria y por tanto, perseguidos por la mayoría sunnita afgana. Nos cuenta, que fue encarcelado dos veces durante el tiempo de gobierno talibán. Por tanto, no es extraño que el momento de afeitado fuera un símbolo de liberación.
Los buenos tiempos, o la esperanza es breve, dura dos años más o menos en donde parece que todo puede cambiar y el mundo de represión y miedo quedarse rezagado en el olvido. No es así, pronto los talibanes conforman luchas en forma de atentados, de presiones en pueblos donde cercenan cualquier atisbo de libertad.

Como ha ocurrido con los soviéticos, la cultura política democrática no llega a las bases profundas del pueblo. Roya, nos dice cuenta que el noventa por ciento de la población afgana es analfabeta. Su madre no sabe leer ni escribir en su idioma, refugiada desde 2021 en Alemania, aprendió a hacerlo en el idioma alemán. Es imposible que un pueblo cambie desde arriba, sin profundizar culturalmente en las capas sociales del pueblo. De esa forma, tal como ocurrió bajo dominación soviética, las reformas son mera cosmética condenadas a morir de inanición.
Roya, acabados sus estudios colabora con diferentes medios de prensa, incluso internacional. Desarrolla su trabajo de forma satisfactoria…sin casarse, cosa inverosímil en un país que considera que el único destino de las mujeres es formar una familia.
–Teniendo catorce años, un pariente propone que su hijo se case conmigo. Mi padre, al enterarse monta en cólera y les prohíbe Un año estuvieron enfadados por ello. Jamás consintió un matrimonio prematuro. Hoy tengo treinta y un años…se me pasó el arroz hace mucho—dice entre risas– Ningún afgano querría casarse conmigo por ser mayo y por ser periodista, estoy fuera del circuito matrimonial, afortunadamente. Fue gracias a la determinación de mi padre el que pudiera salvarme.
— ¿Por qué tu padre tenía esa mentalidad tan avanzada?
— Había trabajado en Irán durante años en una librería, estudió y se formó, convivió con gente modernizada. Vio otra forma de vivir y quiso que nosotras fuéramos libres. Fue por su conocimiento, por su contacto con la cultura y con otras formas de vida. Es gracias a él que soy como soy.

–¿Cómo se produce la caída de Kabul y tu exilio?
— No lo creíamos posible, sabíamos que había lucha, que los talibanes avanzaban pero no pensábamos que fuera tan rápido todo. Yo trabajaba normal…conocíamos que los talibanes ganaban terreno pero no pensábamos que Kabul cayera como cayó y que las tropas americanas huyeran como lo hicieron. Todo pasó en horas. Fue todo tan rápido que no tuvimos tiempo para pensar. Subimos al avión que nos sacaba de Kabul llevando solo la ropa puesta. Ni una prenda interior pudimos coger, solo los documentos. Sentada en ese avión pensé ¿qué voy a hacer a partir de ahora? No conozco nada de España, no sé el idioma, no tengo nada…cuando digo nada es nada, solo tenía claro que había que huir, porque de quedarme, siendo periodista, mujer, habiendo estudiado…me esperaba una muerte segura.

— ¿Por qué te refugias en España?
–Solicité varios países como refugio, España, Canadá, Alemania. Respondió el gobierno español el primero; cuando me avisó la embajada salí corriendo para el aeropuerto donde el ejercito español tenía un avión, me subieron a bordo con toda rapidez. No había tiempo para nada, los talibanes ya estaban entrando en Kabul y era cuestión de vida o muerte. Yo subí al avión del ejército español; mi familia fue acogida por Llegué aquí sola, sin nada, sin saber ni una palabra del idioma.

— No puedo imaginar que se siente en esos momentos ¿cómo fue la burocracia para declararte refugiada.
— La burocracia siempre es pesada, y más sin conocer el idioma. Nos recogieron en albergues donde estuvimos los primeros días mientras se gestionaban los permisos. Era todo muy confuso y complicado, imagínate, pero me decía a mi misma: esto es una etapa, en la vida habrá muchas etapas, nada es definitivo, esto de ahora solo es una etapa.
–¿Qué situación tienes en estos momentos?
–Estoy próxima a la regularización, quiero convalidar mis estudios, hacer un master, seguir formándome y trabajar en este país. Amo mi profesión de periodista, aunque haga otras cosas para sobrevivir, mi pretensión es formar parte de la prensa y vivir tranquila.
Me quedó preguntarle si soñaba con su país, o con volver en algún momento. Pensé que sería doloroso recordarle que quizá algún día podría pasear por las avenidas de Kabul o de cualquier otra ciudad o pueblo de su país, como periodista, como mujer totalmente libre.

De momento Roya Musawi sigue transitando etapas de vida por las que se enriquece y nos aporta la visión de un mundo que puede parecer lejano, pero no lo es tanto. Voces se erigen como adelanto de tiempos oscuros en donde, de un plumazo, podemos perder los derechos duramente conseguidos. Como en Kabul, en 2021, los fanáticos ganan terreno sin pausa.
Soñemos fuerte para que Afganistán o cualquier otro país de nuestro mundo las guerras y las criminales ideologías que socavan la libertad y la vida sean algún día un mal recuerdo.
Mientras tanto, Roya Musawi, que bien que te tenemos con nosotras. Un honor y un placer.
María Toca Cañedo©
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