
Nos han llegado las imágenes de una explosión ciudadana ante los recortes inhumanos realizados por el gobierno de Milei. El hombre chiste, que armado de una motosierra y desbarrando con discursos locos del todo, ganó las elecciones presidenciales en Argentina.
El país se hallaba sumido en un desconcierto económico víctima de pasados gobiernos ineficaces y corrompidos que, se decía, llevarían a una posible bancarrota a un país tan rico que formó parte de los sueños de millones de europeos cuando las hambrunas nos apretaban a este lado del Atlántico. Habría que hacer historia de cómo es posible despojar a la ciudadanía argentina de tanto como produce el país. Larga historia, triste historia de un cumulo de insensatos delincuentes que detentaron el poder.
Ante el desbarajuste la opción que parte del pueblo tomó fue dar poder a un inane mental, víctima de múltiples traumas (maltrato paterno, bulling en el colegio, burlas de compañeros, exclusión social absoluta) que le han convertido en un demente apayasado en busca de aplausos fáciles, que en vez de buscar solucionar sus taras mentales, optó por disfrazarse de orate. Formado como economista en las escuelas duras que propiciaron tanto dolor y muerte en Chile, la misma Argentina durante la sangrienta dictadura, Guatemala y también la Rusia de Yeltsin de los años noventa. Escuelas que imprimen el mismo procedimiento para el mismo problema, llevando a pura sangre a la población a la más absoluta desesperanza.
Al problema económico se le aplican medidas restrictivas para la población más depauperada. Se ahorra gasto público dejando en vilo a millones de personas que ya estaban precarizadas y que a duras penas sobrevivían gracias a las mínimas ayudas estatales. El superávit conseguido con las restricciones se reparte entre prebostes afines al régimen que multiplican sus logros económicos que luego gastan o invierten en Miami, o Los Ángeles. Crean bolsas de pobreza entre millones de habitantes y una mínima élite de super ricos. La historia vieja. La triste historia experimentada tantas veces con el fracaso social consecuente. Tanto admira el orate Milei al creador de esa escuela, Milton Friedman, que uno de los clones de su perro se llama Milton.
Los pensionistas argentinos, ya vivían en precario. No es que antes de Milei nadaran en prebendas sociales. El tipo de la motosierra solo ha aplicado medidas extremas y criminales a un colectivo vulnerable. Porque es lo fácil.
El movimiento del tipo que clona perros manteniendo conversaciones con ellos por incapacidad de relacionarse con humanos normales, experimenta algo común al resto de países que ensayan los viejos métodos como si fueran nuevos. En los confines del capitalismo se llega al total paroxismo de un sistema criminal que ha hecho crisis hace tiempo y en vez de aplicar diferentes medidas, visto claramente el fracaso de las restrictivas, han huido hacia delante con el proceso de degradación humano que vemos al frente de diversos gobiernos.
El capitalismo, en esencia, trata de generar plusvalía al gestor del capital. Así, definido en grueso -quizá algún economista me insulte por simplista- me disculparán porque pretendo explicar y explicarme. En consecuencia, todo lo que no genere riqueza no sirve. Es el axioma de los sociópatas modernos. Llámense, Ayuso, Milei, Trump, Orban o Putin. Unido a un sistema tradicional, arcaico y cuasi medieval de entender la vida. Nada de lgtbiq+, nada de matrimonio igualitario, nada de feminismo ni atisbos de igualdad de género, nada de disforia de género, nada de diversidad, nada que llegue de fuera, que muestre un ápice de disidencia a las creencias de energúmenos con nula salud mental procedentes de mentes con psicopatías graves.
No son fascistas, son sociópatas acomplejados con múltiples traumas mal resueltos.
Unamos la amalgama del sentido medieval de la sociedad con el utilitarismo capitalista y en la batidora humana nos salen los mentecatos que gobiernan los desdichados países. El problema, lo vemos con claridad los que no profesamos esa rancia religión, es que la epidemia de insensatez se extiende. Esta vez no vienen uniformados con paso de oca, o con tanques conducidos por milicos encabronados. Que va. Llegan con traje, embotados en tecnología y manejando criptomonedas a la vez que chupitos de lejía para curar el COVID e infusiones de malvavisco para el cáncer. Llegan conduciendo un Tesla, llamándose bro entre ellos, negando el cambio climático además de insultando mucho a los/as científicos/as porque no soportan la verdad. O sí, ellos saben que existe cambio climático, que los polos se están disolviendo, que los ríos se desbordan y el clima anda loco. Lo saben, porque es evidente. Si lo niegan es porque pretenden aprovechar los coletazos del sistema para enriquecerse y luego pirarse ¿A dónde? se preguntarán ustedes. Son tan necios que creen que sus millones, sus riquezas ostentosas les salvarán del éxodo de una tierra que están apurando hasta la muerte. Son tan cretinos que creen que el dinero y el poder les conducirá a una Arcadia feliz. Y se prestan a la rebatiña.
Y mientras tanto el “se iban a morir igual” que nos decía la Cuasimodo que manda en Madrid. Y “siempre están con las mismas mierdas” O la frase de la ministra de Seguridad argentina, Patricia Bullrich , ante el disparo en la cabeza del periodista Pablo Grillo mientras hacía su trabajo, fotografiar a las bestias reprimiendo a viejos “Son criminales”– dijo la zafia Bullrich de los pensionistas detenidos- y Grillo es un kichnerista”
Como si tener una ideología diferente fuera justificante para mamporrear a ancianos y disparar a fotógrafos. Como si solo fuera respetable ser capitalista liberticida (la próxima vez que lea que llaman a Milei libertario, maldigo con vela negra al que lo diga) como ellos. Luego añadió la Bullrich: “estamos ganando” ante la oleada de heridos/as, contusionadas y la gravedad de Grillo que se debate entre la vida y la muerte.
Nos preguntamos ¿de dónde salieron estas personas tan malvadas?
Para esta gente, los/as pensionistas, como los/as enfermas, o discapacitados (idiotas, mermados les llamó el gobierno argentino) son improductivos por lo que cuanto antes abandonen la vida, mejor. No producen y son un gasto al erario. Poco importa que durante años y años hayan cotizado trabajando para que los Milei, Ullrich, Ayuso y similar, estudiaran y vivieran del erario público (ese Abascal que jamás cotizó) Poco importa que los hoy apaleados vivieron una dictadura, vieron a sus hijos desaparecer y corrieron de una policía que asesinaba en la ESMA. Poco importa que las madres de Plaza de Mayo se ciñeran sus pañuelos blancos en muda lucha para encontrar a sus hijos. Ahora sobran porque no son productivos y la malvada maquina capitalista debe producir de forma constante. Es una picadora que trasiega carne humana devolviendo dólares.
Los improductivos, fuera porque total “Se iban a morir igual” que más da que lo hagan rabiando, sin paliativos, sin oxigeno o de hambre tirados en cualquier esquina de Argentina, o de Madrid…
El 68% de los pensionistas argentinos cobran la pensión mínima, que asciende de 279.121 a 349.121 pesos (de 270$ a 304 $) cuando la cantidad prevista de supervivencia para una familia normal es de 971$ según información aportada por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC)
Les han dejado sin acceso a cobertura total de medicamentos y en un mes les vence la moratoria jubilatoria, que acoge a los que no han cotizado los suficientes años, y ya dijo Milei que no iba a prorrogarla.
En Argentina había en 2024 un total de 7,8 millones de jubilados según la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) de los cuales, 1,7 millones reciben una pensión no contributiva, 3,8 millones, la citada moratoria jubilatoria. Durante los diez meses del mandato de Milei las pensiones han perdido un cuarto de su poder adquisitivo debido a la enorme inflación que aqueja al país. El gobierno intentó paliar la precariedad con unos bonos irrisorios que se tragó la inflación de 117, 80 % y que los han convertido en papel mojado.
Los pensionistas argentinos llevaban saliendo todos los miércoles a la calle desde hace años, porque la situación de deterioro social viene de lejos, en los últimos tiempos se ha disparado debido a los golpes recibidos por el gobierno de Milei que los deja a la total intemperie. El miércoles, doce de marzo, la represión llegó al paroxismo debido a que las fuerzas policiales desplegadas masivamente por el tipo que grita poseído: “¡Viva la libertad, carajo!” Desde antes de las 16,30 horas en que se concentran, se veían fuerzas de orden pertrechadas rodeando las zonas de manifestación como son la Avenida de Rivadavia e Hipólito Irigoyen, en pleno centro de Buenos Aires. Cargaron con furia, con gases lacrimógenos, golpes, botes de humo y durante un tiempo se vio por la Avenida Bartolomé Mitre un camión chorreando agua a los manifestantes a golpes de manguerazo. Cierto que esta vez los pensionistas no andaban solos en sus protestas. Se les habían unido hinchas futboleros, como la afición del Chacaritos que fue en masa a apoyar a los bravos jubilados. Quizá eso fue asustó a las huestes de Patricia Bullrich, la malota entre machotes, mandando cargar a discreción.
120 detenidos, 45 heridos, Pablo Grillo el fotoperiodista, como decimos, se debate entre la vida y la muerte, según nos informan compañeros bonaerenses. Le dispararon cuando andaba agachado con la cámara haciendo su trabajo, en plena frente. Porque como buenos tiranos, saben que el periodismo es la voz de los sin voz y tiran a dar. Hay videos mostrando a un policía tirando a una viejita de 87 años, golpeándose esta en la acera y quedando conmocionada.
Las imágenes que nos llegaron sobrecogen y nos indican bien a las claras lo que venimos diciendo. Que sobran. No son jóvenes atados a un trabajo durante más de doce horas sin chistar y sin sindicarse porque es lo que hay. No son embrutecidos productores que piensan que sus males los provocan emigrantes huyendo de guerras o hambrunas.
Los viejitos de la Avenida Rivadavia se batieron el cobre contra Videla y sus tanques por lo que saben luchar y no les amilanan los matones de la Ullrich. Y no producen tal como quiere el criminal capitalismo.
El último miércoles, día veinte de marzo, había apostados en los aledaños de la zona de manifestación alrededor de 2000 policías. Se pedía documentación en estaciones de autobús, tren, por la calle. Desde los altavoces se amedrentaba a la gente que, a pesar de todo, se concurría en una nueva manifestación. No cuentan, los orates, que los viejos/as argentinas se batieron con Videla y sus sicarios. No cuentan que llegan a la vejez con los riñones mechados de golpes y la rebeldía engarzada en la piel. No cuentan con que un país que generó a las Madres de Plaza de Mayo, no se dobla ante un orate por muy violento que sea.
Deberían estar muertos, piensan los sociópatas, en cambio están ahí, molestando al bro Milei que anda echando cuentas de las criptomonedas que se llevó de comisión por engañar a los tontosbros que siguen sus mamonadas en redes de forma religiosa . Los viejitos de la Avenida Hipólito Yrigoyen no tienen miedo y ninguna gana de morirse porque saben que a esta canalla hay que derrotarla de nuevo o nos ahogarán.
El caso es que los cretinos 2.0 andan escurribandados queriendo eliminar a las resmas de la sociedad a golpe de porrazo o culatazo. Claro que ya se dice que cuando el tirano sale a la calle a dar golpizas es cuando sabe que anda en derrota.
Lo que no saben es que no hay nada más productivo que un/a jubilada encabronada ante los imbéciles.
María Toca Cañedo©
Maria, como siempre, acertada en tu analisis. Esperemos que algun dia los pobres de la tierra, hartos de sufrir, decidan que ahora les toca sufrir a los prepotentes. Viva los jubilados i sus reaños, por siemprem con ellos
Gracias, Salvador. Soñemos a ver si…
Se puede decir más alto, pero no más claro. Gracias, María por expresar tan bien lo que pensamos muchos.