Los Miserables

 

No crean que voy a realizar un desglose sobre el maravilloso libro de Víctor Hugo, aunque de ello va. El tema que tocaré hoy es algo más prosaico. Hablaré de unos miserables de línea blanca,  tal que  marca Hacendado; que no quiero yo decir con lo de marca blanca que sean poco o menos miserables, sino que su catadura raya en lo más bajo del espectro humano. No son grandes miserables al estilo mafioso sino miserables de arrastrarse por el suelo sin fondo ni red.

En el escalafón semanal patrio de miserables  podríamos destacar a la diputada que se pretende noble, Cayetana Álvarez de Toledo, solicitando la historia clínica del presidente, obviando desde  la tribuna del pueblo que en España la historia clínica es un dato de salud especialmente protegido por la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de Derechos Digitales (LOPDGDD) , que ni siquiera un diputado puede acceder a los datos médicos privados de otro ciudadano (incluido el Presidente) sin su consentimiento expreso. Por tanto, cualquier solicitud de este tipo en el Congreso sería inadmitida de inmediato por la Mesa de la Cámara por ser ilegal, cosa que la resabida miserable Cayetana parece desconocer.

Podríamos entender que si se observara una conducta errática, paranoide, desmesurada, logorreica, ofensiva en exceso (no, no estoy describiendo a Isabel Díaz Ayuso, aunque podría) se podría solicitar un análisis perceptivo psiquiátrico. Ocurre que esa bala de bulos que son los medios subvencionadas por la CM en su vocero más antiguo, Jiménez Losantos, soltó la boutade de que Sánchez padecía una afección cardiaca. Y la miserable, en vez de compasión alcanzó a escupir en el Parlamento la pregunta sin explicar, aunque fuera así ¿qué pasa? Quizá no conozca la estraperlista de la palabra, señora Álvarez a personas que viven con una afección de ese tipo y desarrollan una vida normal. Como los/as diabéticos, o las bronquíticas, o las alérgicas. Llevar esa pregunta tan malvada como capciosa al Parlamento supone penalizar a un colectivo que puede padecer cualquier afección  cardiaca y se sienta aludida sin excusa.

Miserable, ya digo.

Claro que, para miserable, compite a corta distancia con un jefe de oposición que, primero, considera “cortina de humo” la desclasificación de documentos para luego correr, al estar bien expurgados, a solicitar que vuelva el defraudador Juan Carlos Borbón, sin darse cuenta de que Sanxenxo queda bajo jurisdicción española, y eso que el señorito Feijoo conoce bien la zona ya que tiene amigos muy cercanos en el pueblo. Amigos con yates, hoteles que blanquean dineros muy negros y empresas fantasmales que cubren el espacio dudoso de la legalidad. El ciudadano Borbón puede residir en España cuando le pete, respetando las costumbres españolas, cosa que los mismos miserables, le piden a cualquier inmigrante. Que se sepa para residir en España es perceptivo: no trasgredir leyes, no eludir los impuestos, no evadir dinero español, y empadronarse debidamente. Como el morito que apuntan con bala semántica los amiguitos de Feijoo posicionados en una ultraderecha desacomplejada que no teme pedir orca y expulsión para todo aquél que falte a las leyes españolas o no se adapte bien. Delincuentes, andan llamando en pueblos como Castro o Cartes, a niños que ni se les ocurre delinquir, pero ellos intuyen que entre jovencitos de catorce o quince años recién llegados de huidas terribles, se esconden temibles delincuentes e inadaptados.

No, ellos no son el problema. El problema de extranjeros peligrosos anda en Marbella, en la Milla de Oro madrileña y zonas similares donde anidan millonarios que han traficado y trafican con armas, drogas o trata, vistiendo a sus mujeres con velos infinitos y las mantienen solapadas en casa. Vestidas de Dior o de Chanel debajo de los velos, pero desasistidas de derechos.

Para los miserables esas mujeres veladas no importan. Pertenecen a ricos y no contabilizan entre los peligrosos. Como cuando hacen migas y defienden al miserable mayor del mundo presente, el ¿presunto? amigo del pederasta Epstein que va abriendo conflictos, bombardeando países y secuestrando presidentes en lunáticas escapadas, curiosamente siempre en zonas ahítas de ansiado petróleo.

Sí, les hablo del gran miserable del que aprenden los miserables españoles, Trump y sus acólitos fanáticos y empoderados miembros del Ku Klux Klan 2.0.

Como también me gustaría otorgar el título de miserable a todas las personas que han insultado con frases machistas, sectarias y enfermizas a una ministra que dimite de los cargos de partido, pero sigue cumpliendo con su labor al frente de un ministerio que ha otorgado las pocas glorias al supuestamente mejor gobierno de la izquierda de la historia.   Miserables los sectarios que insultan y con ello creen defender su coto privado, sin ver las lagunas de incoherencia manifestada por los guruses de la izquierda verdadera que ven fatal salir en la Sexta y celebran hacerlo en Moviestar. O como otros que bien conozco que critican todo, pero aceptan cargos heredados de suegro pudiente, amigándose con alcaldesa pepera porque subvenciona gustosa. Miserables.

Miserables quienes no aceptan opiniones diversas, criticas, divergencias, regalando insultos e inmersiones en la privacidad de la gente común que vivimos y crecemos en la sociedad.

Miserables los que ven caer cada semana a dos o tres mujeres mientras escriben libros o realizan aquelarres insulsos en contra de las leyes que intentan proteger a las mujeres de las bestias. Miserables que no ven como se nos veja, insulta, agrede, manipula, golpea, viola y mata…y se nos graba para compartir la intimidad femenina entre manadas de miserables enfermos de una plaga llamada misoginia.

Miserables los/as que no defienden derechos usurpados (sanidad, educación, cultura, memoria, vivienda…) en una Cantabria desahuciada por un gobierno popular tan indecente como inepto, en cambio, salen a aullar contra los jóvenes que llegan al refugio tanto de Cartes como de Castro. Miserables que portan pancartas contra los niños mientras alegan que no son racistas, que no son xenófobos.

Lo mismo tienen razón y solo son gilipollas. Miserables y gilipollas.

Como ven está reñida la turba de miserables. Y eso que dejo a los criminales del sionismo porque no encuentro acomodo en la palabra miserable para calificar a semejantes genocidas.

Tiempo de miserables porque han perdido los filtros que diluían sus peores excentricidades entre la contención y un pudor liviano. Se muestran en todo el esplendor que les otorga un alma miserable  regodeándose en ello.

Espero que este periodo de miserabilidad acabe más pronto que tarde y la historia futura guarde una cloaca muy grande para echar a todos ellos cubriendo de olvido sus nombres.

Mientras tanto paciencia y sortearemos a los miserables como podamos, pero sin bajar la guardia ni un momento.

María Toca Cañedo©

 

 

Sobre Maria Toca 1891 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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