Este libro que les traigo cuenta una historia de grandeza épica y bastante desconocida. No dudo que de haberse producido en USA tendríamos superproducción al canto, es todo eso pero Mauro de Mikel Gerendiain es mucho más. Esa historia, es nada menos que el lienzo donde se encuadra Mauro que se conforma dentro de la huida que llevaron a cabo casi 800 presos del penal Ekaiza, en Pamplona. Corría en año 1938, en mayo para ser exactas, cuando ocurrió la acción que enmarca el libro de Gerendiain, por cierto, la historia me ha generado curiosidad por lo que ampliaré información en breve.

Se nos ocurre pensar que, en ese tiempo, Pamplona era zona derechizada donde las hubiera, por lo que huir de un penal era algo utópico ya que toda la zona y casi todo el país, no era más que una cárcel aplomada de miedos, desesperación y alguna cobardía. Huir era no solo arriesgado sino un tanto inútil, pero es lo que tiene la desesperanza, a veces hace héroes a su pesar. Pero esto no es el libro del que hablo. O no es solo lo que cuenta. La realidad es que Mauro, es un mosaico de la condición humana más profunda porque en las nublosas situaciones en que viven un puñado de hombres, maltratados, hambrientos, con la convulsa compañía de los chinches que les impiden dormir y descansar, quizá sea la forma en que las almas se muestran tal cual son, con la espesura de horror o el beneficio de la solidaridad que surge de forma espontanea y decora la vida con una sonrisa.

Gente que abre las puertas del penal en donde residen casi tres mil presos pero la mayoría no se atreve a salir. De nada sirven los gritos que dan los organizadores de “sois libres, solo tenéis que correr hacia la frontera. Francia no puede estar lejos…” Solo ochocientos cruzan el Rubicón de la libertad, se espantan algunos de los que abren las mazmorras. Algunos salen, olfatean el mundo que hay detrás de los muros pedregosos de San Cristobal y tornan adentro. Luego los infames que guardan el presidio, se pavonearán de ellos “que cobardes son los hijos de Pasionaria”

Los que salen bien saben que eligieron la muerte en vez de las cadenas, el hambre, los piojos y la humillación…
Leyendo las páginas de Mauro se nos endurece el semblante porque es duro reconocer que tu gente, los que habitan cerca detestan la épica o les domaron a fuerza de miedo y dolor que la olvidaron en pos de una supervivencia oscura y dolosa. Y más duro aún es que nunca sabremos si nosotras en el lugar hubiéramos corrido hacia afuera o el terror nos hubiera anquilosado la voluntad permaneciendo en las mazmorras. El desasosiego cunde cuando ignoras en que parte de la puerta nos colocaríamos para forzar los goznes.

Se trataba de huir por zona hostil, por pueblos pobres, escarmentados por años de guerra, represión y sometidos a la voluntad del alcalde o del cabo de la guardia civil. Los huidos eran casi ochocientos, ya dije, pero la épica de la huida la escribió cada uno a base de correr, de saltar barrancas y de comer yerbas, caracoles y gusanos del campo. El autor, no cuenta la huida, refiere el alma de unos cuantos, huidos y perseguidores estando ahí, a mi entender, donde se encuentra el talento literario de esta obra magnífica. Al empequeñecer el foco con que alumbra la historia Gerendiain nos describe personajes que viven, respiran, sudan y cagan…caga mucho uno de ellos, unos huyendo y otros persiguiendo. Y en ese puzzle encontramos la verdad que no cuentan los libros de historia ni los ensayos. La verdad de una humanidad tan imperfecta como doliente, tan esclava como libre, tan cobarde como en sublime heroísmo que se encuentra en los sitios más inverosímiles.

Cada uno de ellos no es que sea arquetipo de nada, pero vibra, siente y obra de forma tan humana que lo sentimos cerca, oliendo su miedo, sintiendo el retortijón de tripas, o el dolor abusivo que produce el tiro en la rodilla que el sádico dispara para verlos sufrir. Son pinceladas que da un maestro trazando una historia a través de una gente que vive en el límite.
Las gentes del pueblo son neutras, atemperan el miedo con un servilismo que les ahoga, pero les permite sobrevivir. Que bien se define en esta novela el ambiente exento de épica, sin apenas solidaridad ni esas grandes palabras que conducen a la gente a la lucha hasta despeñarse por la fatalidad.

Es más, observamos con desconsuelo, que existe la complicidad con el verdugo, incluso más allá de lo que el miedo y la prudencia aconsejan. Entendemos que son reacciones humanas, tanto de mal absoluto como el de Tomasito (me quedaron ganas de conocer más y cómo llegó a ser como era ¿precuela?) que quizá hoy sería líder de algún partido de moda, o youtuber famoso. Tengamos en cuenta que los hijosdeputa triunfan, incluso algunos llegan a presidir los USA. Habíamos escuchado que la malvada conciencia de saber matar es difícil la primera vez, pero luego se convierte en pan comido, como afirma el taimado.

Mauro no es historia épica de esas que encandilan a fieles adeptos. Es mucho más, es historia viva, con gente que patea los montes en busca de Francia, ósea, de la libertad, o persigue a los huidos para confirmar que las cadenas que pone la causa son reales y conducen al triunfo.
Es la historia de un drama que expuso a la gente ante el terrible paroxismo de la historia. Lo que se cuenta en Mauro, podría llevar a escribir un ensayo de quinientas páginas, pero un buen escritor que hace literatura lo resuelve moviendo emociones como fichas de un dominó gigante. Y en eso se maneja fetén Mikel Gerendiain, que espero se anime a seguir escribiendo porque tiene talla y calibre de convertirse en un grande.
No se pierdan este libro.
María Toca Cañedo©

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