Como ocurre con los maltratadores, los dictadores suelen tener características comunes. Vistos desde la distancia de la investigación podríamos pensar que son consecuencia de un troquel.
Hemos estudiado y divulgado con profusión la historia de Hitler, sus antecedentes como cabo de la I Guerra Mundial, sus primeros pasos como político, el ascenso al poder y el infierno desatado por el mismo. Se han analizado los rasgos psicopáticos tanto del Fhürer como de su corte de fieles que conformaron el Tercer Reich. Sin embargo el Duce no ha sido tan estudiado o no ha gozado de tanta divulgación quizá porque no arrastra un historial de crímenes ni un Holocausto como el nazi. Lo que parece que olvidamos es que, si bien Hitler, llevó a cabo la locura criminal hasta el máximo fue Mussolini el primero en adoptar unas formas ideológicas y credo político que inspiraron al alemán.

En los años veinte, cuando el cabo vagaba aún por Munich cabizbajo, o quizá desde la cárcel en uno de los descansos que hacía durante el dictado del Mein Kampf a Rudolf Hess ( que fue el transcriptor hasta es posible que diera forma al ideario confuso y poco elaborado pensamiento de Hitler) envió una carta al Duce solicitando una foto dedicada. No le hizo caso Mussolini descartando el envío porque no consideraba útil regalar su imagen y firma a un desconocido cabo alemán. Sabemos que Hitler, en sus inicios políticos, admiraba a Mussolini, a la vez que sentía envidia del movimiento de Camisas Negras, la formación de batallones que imponían con violencia extrema el ideario del Duce de las que tomó ejemplo de sus formas paramilitares a la hora de formar sus huestes terroristas de Camisas Pardas.

Además, les aseguro que analizar la figura de Mussolini nos va a dar sorpresas porque elabora todo un manual del buen fascista lo que está tornando con tanta fuerza como desinterés mostramos en detectarlo.

Mussolini se cría en una familia venida a menos de la Romania. Su padre es un mujeriego y socialista que gasta más de lo que tiene y anhela la revolución. El pequeño Benito es pendenciero, agresivo en exceso, pelea con abuso de poder porque no le gusta perder y no tiene freno a la hora de mostrar su fuerza. Siendo niño, en una pelea, sacó un cuchillo e hirió al compañero por lo que le expulsaron del colegio donde cursaba estudios. Al crecer desarrolla una apetencia sexual desenfrenada junto a un desprecio absoluto por las mujeres. Las considera servidoras de sus deseos, y poco más. En sus diarios se jacta con frecuencia de haber violado a varias. La fuerza, la pelea y el encono son sus formas de entender el sexo. No concibe que nadie le diga no, le lleven la contrario, ni la más mínima contradicción. Tal es así que a su hija mayor y favorita, Eda (casada con el conde Ciano, su ministro de Exteriores, que luego fusilaría al oponérsele el conde) la llamaba “La potranca Mussolini” porque para él, las mujeres eran potras para monta y cría.

Heredó también el ideario de su padre. En los años de juventud, Mussolini, aboga por la revolución socialista, más por deseo de dirigirla y arrebatar el poder y las posesiones a gente enriquecida que por justicia social. Participa en la I Guerra Mundial, como el cabo austriaco y como a él, la Gran Guerra, le marcará el futuro. El partido y el periódico que dirige, de ideología socialista, son pacifistas oponiéndose a la participación italiana en el conflicto. Mussolini cree que si Italia entra en guerra será momento propicio para un levantamiento de masas. El partido, ante su postura belicista, le expulsa y también le arrebatan el periódico que editaba hasta entonces.

Benito comienza a virar. La militarización y el sentido de orden del ejercito le hacen replantearse el ideario socialista. Entiende que la mejor forma de tener poder es ejercerlo sobre las bases de un pueblo depauperado que ansia el orden. Mussolini escribe y dice en varias ocasiones que: “las masas son como las mujeres, están para violarlas” No sé si la frase les trae algún recuerdo, pero imaginen a un personaje de color naranja expresando algo parecido no hace tanto.

Llegando desde 1919 hasta 1921, Mussolini da el paso al fascismo fundando a los Fasci Italiani di Combattimento (Fasces Italianos de Combate), el embrión del Partido Nacional Fascista, que llegará poco después. En este período, los Camisas Negras (escuadrones paramilitares del movimiento) comienzan a ganar notoriedad por su violencia contra socialistas, anarquistas y comunistas. Los ataques, a menudo impunes, buscan desestabilizar a la oposición y ganar apoyo de terratenientes e industriales. Sus conocimientos militares le han proporcionado la experiencia y opta por captar a veteranos de la guerra que, en muchos casos, mantienen armamento y están bien formados, además de acostumbrados a obedecer.

Y ya tenemos las escuadras formadas y Benito Mussolini convertido en jefe supremo, en Duce. La ideología es escueta (en todos los dictadores lo es) patria, bandera y pasado. La grandeza de la patria, Italia, con su bandera que enhebra los sentimientos más bajos del ser humano convierten en estandarte emocional a la gente normal. El pasado imperial de la antigua Roma le impulsa para convencer a los suyos de que la quimera de una Gran Italia es posible…Les sigue sonando eso de: “seamos grandes de nuevo”

En la Italia de la época hay huelgas, precariedad, inestabilidad social. Aunque no ha perdido la guerra como Alemania, no ha sacado nada de la sangría y el pueblo anda revuelto, por lo que ya tenemos en el desorden ciudadano la coartada perfecta para asaltar al poder.

Los Camisas Negras apalean sin piedad a comunistas, socialistas, sindicalistas y a todo opositor político que se les enfrente. Les hacen tomar aceite de ricino -que exportarán dicha practica a España– para humillarlos. Una vez que el ricino y los golpes hacen efecto, sacan fotos de la víctima, les cuelgan carteles y exhiben la acción. Practican un terrorismo urbano intentando favorecer al empresariado, sustituyendo a los huelguistas en los puestos de trabajo, con lo que consiguen las simpatías del poder económico. Poco después , Mussolini, se atrae al Vaticano con prebendas y promesas, con lo que la masa de católicos se convierten en partidarios del fascio.

Adoptan como símbolo el “fascio romano” una especie de arma del imperio, de la que adoptan la denominación de fascistas, considerándose inventores del término. También exportado a España, junto a la parafernalia estética que los batallones de criminales utilizaron para aterrorizan a la población. Y el culto al líder. Mussolini, el que fue niño abusón que no soporta una negativa, que violaba a las mujeres que se le resistían, se convierte en líder supremo del movimiento fascista italiano y con arengas hilarantes desde la distancia histórica consigue la adoración y sumisión del pueblo.

Ha formado la base desde la que construir el fascismo al completo. Gente que le adora y le considera poco menos que un dios, que no se equivoca y puede hacer lo que quiera…Volvemos a sentir la punzada del presente ¿no se les hace familiar la fórmula?

Mussolini quiere el poder total porque es profundamente antidemocrático. Detesta las elecciones, el Parlamento le parece una perdida de tiempo, lo que desea ante todo es cumplir y que se cumpla su voluntad. Pronto decide asaltar al poder con una marcha de farol.
En Octubre de 1922 se produce la Marcha sobre Roma. Aunque a menudo se presenta como un acto de fuerza, fue en gran medida una demostración de poder político. Poder político falso como moneda de madera ya que ni eran tantos ni tenían nada para combatir.

Sigamos cronológicamente dicha marcha que le conduce hasta Roma. El 24 de octubre, Mussolini pronuncia un discurso en Nápoles, amenazando con marchar sobre la capital si no se le entrega el poder. El 27 de octubre, miles de Camisas Negras comienzan a moverse hacia Roma desde distintos puntos de la peninsula. El 28 de octubre, el rey Víctor Manuel III se niega a firmar el decreto de estado de sitio para detener a los fascistas, a pesar de la petición del primer ministro. En lugar de ello, le ofrece a Mussolini el puesto de primer ministro por lo que allana la toma del poder. Una simple salida del ejercito hubiera parado a los 300.000 Camisas Negras que portaba las pocas armas que guardaban de la guerra, porras y largas colas de bacalao con las que golpeaban a opositores. Una minucia ante un ejercito bien formado.

Para el 30 de octubre en que Mussolini llega a Roma en tren y asume oficialmente el cargo ya es tarde. Sus seguidores ya estaban en las afueras porque él no «marchó» con ellos no fuera a exponerse demasiado, sino que llega a la capital para ser nombrado por el rey. La forja de un Duce se había realizado y la bella Italia cayó en las manos enloquecidas de un tirano que hacía posturas de galán barato, violaba a mujeres y vociferaba como un mono loco.

La violencia de sus Camisas Negras se extiende amparadas por el poder; atentan contra sedes de partidos, políticos de izquierda, noqueando a opositores. El poder económico y la derecha italiana caen en los brazos mussolinianos como fruta madura.

La cumbre de la violencia extrema la cumple con el asesinato del opositor Giacomo Matteotti, que fue uno de los crímenes más notorios de las Camisas Negras. El diputado socialista, Matteotti, había denunciado las irregularidades y la violencia fascista en las elecciones de 1924 por lo que fue secuestrado y asesinado poco después por las huestes del Duce. Él negó toda conexión con el crimen ante el escándalo formado al encontrar el cadáver de Matteotti, pero todo el mundo supo que el fascismo había eliminado al opositor y se generó el suficiente temor para no presentar oposición al tirano.

Como resumen tenemos al líder endiosado, la patria asumida como bien total, a la que hay que sacrificar vidas, familia o bienestar. El pasado glorioso es recuperable, para ello se invade Abisinia, que es bombardeada con gases mostaza provocando un genocidio dramático .Participa en la Guerra de España con medios amplios. Desde 1934 ha financiado al partido hermano, Falange, entregando al líder José Antonio Primo de Rivera, 4000 libras esterlinas al mes (de entonces). Si la Legión Condor ha bombardeado muchas ciudades españolas, entre ella Santander, Bilbao y Guernica, él se ensaña con Barcelona durante tres días en que martiriza a la población con la técnica de “Martillo diluido” que no es más que bombardeos con lapsos de dos horas lo que produce terror y ansiedad en la población. Cierto es que la participación del ejercito italiano en la guerra española demuestra a las claras que ni estaban preparados ni tenían comparación con la disciplina alemana. La pérdida de Guadalajara fue un duro golpe al orgullo del Duce que se ocupo de ocultarlo al pueblo italiano porque para entonces los medios de propaganda estaban en sus manos, bien financiados.

Benito Mussolini clama que el viejo imperio romano comienza de nuevo. La propaganda ha expulsado a los críticos de los medios de comunicación que se doblegan al dictamen del Duce (volvemos a recordar el trato y la censura del tipo naranja y de los aprendices de otros lugares, a los periodistas y a la prensa) Sus voceros extienden la buena nueva: «Italia para los italianos», «Italia será grande de nuevo».

Para rematar la devoción de un pueblo que le sigue como corderos (recuerdan lo de mujer y las masas…) Mussolini sufre varios atentados. Todos fallan menos uno que les va a sorprender y van a entender el motivo del paralelismo del artículo.

Una pobre enferma psiquiátrica irlandesa, Violet Gibson, que dice haber recibido la orden divina de matar al Duce, dispara el 7 de abril de 1926 cuando Mussolini se para ante ella por ¿casualidad? El disparo le da en la cara saliendo de un evento en Roma, hiriéndolo levemente en la nariz. El Duce, entre aspavientos, pide un pañuelo para limpiarse la sangre delante de la turba que brama enfurecida y sigue andando luciendo el pañuelos ensangrentado. “No ha sido nada”, aduce simulando un valor impostado.

Durante días luce un amplio vendaje sobre la nariz violentada que se erige como símbolo del “sufrimiento del Duce por su pueblo” y la maldad de sus enemigos izquierdosos, zurdos, bolivarianos (¡ups, en que estaré pensando yo) Que son los mismos enemigos del pueblo italiano porque él y solo él, encarna a ese pueblo.

Mussolini anula el Parlamento, las leyes que comprometen las formas democráticas. Encarcela a toda la oposición de izquierda, elimina los sindicatos para convertirse en adalid del sector empresarial. No hay posibilidad de manifestarse, protestar, escribir ni pensar libremente. Instaura la dictadura.

Para entonces ya se ha hecho muy amigo de Hitler, y había ayudado a ganar la guerra de España consigue otro amigo, Franco y el resto de la historia creo que la conocemos bien.
Italia como Alemania y España sufrieron las terribles consecuencias del fascismo que laminó a millones de personas del que costó muchos años recuperarse.
Hagan cuenta y comparen con gente que anda por la actualidad.
Luego me cuentan.
María Toca Cañedo©

Menos mal que lo colgaron, con la cabeza boca abajo.
Donde colgarán al naranjo, luego sus seguidores se esconderán y dirán que ellos eran democráticos.
Pero por encima de todo deseo ardientemente que juzguen a los sionistas.
Esperemos verlo, Irene, un Núremberg de esos sionistas criminales
Acertada reflexión. Da miedo el porvenir.
¿Romania? Ese territorio, ¿está en dónde?
Italia noroeste