“nosotras, las muchachas jamás teníamos permiso para salir fuera de casa si no era para ir a misa o, algunas veces, para dar un paseo por el campo”.

Cuando llega al mundo Gracia Deledda, en un pueblecito sardo, Nouro, el veintisiete de septiembre de 1871, nada augura el futuro que torció a su gusto y voluntad. Los padres, Francesco Deledda y Francesca Cambosu, eran pequeños propietarios en la localidad perdida de la Cerdeña. La infancia de Gracia no careció de cariño y de buen vivir, pero los padres, de manera especial la madre, eran extremadamente religiosos, de ideas conservadoras e integristas por lo que permitieron que Gracia fuera a la escuela solo hasta los once años en que fue sacada con el fin de aprender las tareas del hogar y ayudar en las labores del campo. Los padres consideraban que una mujer no necesita nada más para su desarrollo intelectual que saber leer, escribir y ser buena ama de casa. Gracia se resignó al abandono escolar con disconformidad porque le gustaba aprender. La joven siguió teniendo gusto por la lectura, incluso a escondidas de los padres, intentaba leer lo que podía con libros que encontraba con mucho esfuerzo, alguno prestado por un profesor que era consciente del ansia de aprender de la niña.

Y podía poco, porque en su aldea no había referentes ni nadie que pudiera guiar su afición por la lectura. La formación literaria de Gracia Deledda, fue una desordenada tarea autodidacta.
Influida por las lectura, pronto comenzó a escribir relatos sencillos que reflejaban la vida de la isla y de su pueblo, describiendo las costumbres sardas y el paisaje con notable maestría.

En Europa, brillaba la novela realista. En la zona de donde procedía Deledda, tenían como referentes a Caducciu y Giovanni Verga, ambos sardos que se fijaron en los escritos que publicaba la joven en un periódico local. Corría el año 1886 y Gracia Deledda contaba solo con quince años.
Poco después, en 1888 consigue colaborar asiduamente en la revista Ultima Moda, donde publica su primera novela Sangre Sardo, de corte veritista, y con descripciones localistas bastante precisas. En 1895 publica la segunda novela, Anime oeste. Con la tercera consigue que se la prologue el prestigioso crítico, Luigi Capuana. Se trata de La vía del mal, con la que consigue cierto prestigio como “escritora regional” según descripción del prologuista. Nada que ver con las geniales obras que conforman los autores franceses o españoles de la época, que poco a poco caminan hacia un naturalismo que Zola llevaría al esplendor. Gracia Deledda no deja de ser una escritora localista, o verista, como era llamada entonces sin mayor trascendencia porque o no conoce a los autores franceses que convulsionan la novela o no la interesan lo suficiente para emular sus formulas literarias.

Poco después, quizá ahogada por el ambiente opresivo de su aldea, se traslada, primero a la capital de Cerdeña donde conoce a su marido, Palmiro Modessani contrayendo matrimonio en 1900. Se habían conocido un año antes, instalándose ambos en Roma donde poco después nacerán sus dos hijos.
Gracia Deledda, sigue escribiendo de forma prolífica, aunque se dedica en exclusiva a cuidar la casa y a su familia sin dejar de producir novelas que van tomando vuelo aunque sin desprenderse de su talante moralizador además de seguir con las descripciones del paisaje y las costumbres sardas.

En 1903 publica Elias Portoliu cuya trascendencia en la vida de Gracia Deledda es muy importante. La consagra como autora y será la obra definitiva que la llevará poco después a lo más alto. Con esta novela, Deledda, influida por Gabriele D´Anunncio consigue superar el regionalismo que lastraba a sus obras anteriores. Con La madre, novela con la que vuelve a triunfar en su país siendo considerada su mejor obra obtiene más reconocimiento.
Sigue publicando hasta que en 1927 consigue el Premio Nobel de forma sorpresiva, porque para una niña nacida en una aldea sarda, sin estudios ni formación ninguna, se trata de un logro importante.

Gracia Deledda, continúa escribiendo de forma regular aun habiendo logrado el máximo galardón. También traduce Eugenia Grandet de Honoré de Balzac. Es la primera escritora italiana en conseguir el Nobel y la segunda del mundo. Hasta que le llega su fin en Roma el quince de agosto de 1936. Dejó dos libros póstumos que fueron publicados poco después de su fallecimiento, Il cedro del Líbano y Cósima, que se considera una autobiografía y testamento vital que comenzó a redactar sabiendo que su final estaba cercano.

Está enterrada en la iglesia parroquial de su pueblo Noumo, honor que recibió por el agradecimiento que produjeron la perfecta descripción de paisajes y costumbres locales.
Hoy, en Italia es recordada y su obra bastante leída, quizá en el resto de Europa no lo sea con la misma fuerza.
María Toca Cañedo©

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