Del siempre apasionante Paul Krugman, su evaluación acerca de qué pueden hacer los demócratas ahora que controlan las dos cámaras del Congreso:
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El pueblo estadounidense acaba de asestar una contundente reprimenda a Donald Trump. Si tuviéramos un sistema parlamentario, los camiones de mudanzas ya estarían en la Casa Blanca. Sin embargo, tal y como están las cosas, un Trump cada vez más desquiciado y debilitado seguirá controlando la política exterior, la seguridad nacional y muchas de las operaciones internas del Gobierno federal durante dos años más. Además, como se encargó de destacar en Truth Social a medida que se iban conociendo los resultados, conservará la capacidad de vetar leyes. Y los demócratas, a pesar de sus enormes mayorías en ambas cámaras del Congreso, no tendrán votos suficientes para anular sus vetos.

Entonces, ¿qué pueden hacer los demócratas con sus nuevas mayorías?
Una respuesta importante es que ahora estarán al frente de las comisiones, lo que les da la capacidad de llevar a cabo investigaciones y audiencias respaldadas por la facultad de citar a comparecer. Esto es más relevante para la banda de Trump de lo que lo sería para una administración normal. Cualquiera que esté al tanto sabe que Trump y sus compinches han estado robando miles de millones, pero es probable que muchos estadounidenses no comprendan el alcance total de la corrupción. Conseguir la capacidad de sacar a la luz esta corrupción es fundamental para reconstruir la fe de los estadounidenses en la integridad del Gobierno, así como para exigir responsabilidades a Trump y a sus vándalos. Además, sabiendo que sus días están contados, la banda de Trump tiene todos los motivos para lanzarse a una oleada de saqueos a gran escala.

Y los demócratas lo saben. El martes por la noche, el diputado Robert García —probable presidente de la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes— lanzó un mensaje contundente a todos los vinculados a Trump: «Buscad un abogado».
En vísperas de las elecciones de mitad de mandato, cuando los analistas electorales anticipaban una «ola azul» pero no este impresionante tsunami, pensé que el control de esos martillos sería la principal recompensa. Sin embargo, la magnitud gigantesca de la victoria demostró que los estadounidenses quieren un cambio fundamental, una ruptura decisiva con el trumpismo. No obstante, con Trump aún ejerciendo su derecho de veto, ¿qué deberían hacer en los dos años que le quedan de mandato?

Creo saber la respuesta a esa pregunta: aprobar leyes muy populares que beneficien claramente a los estadounidenses de a pie y no a los oligarcas, sabiendo perfectamente que Trump vetará dichas leyes. Rotundamente, los demócratas no deberían intentar llegar a acuerdos con Trump, un hombre que nunca ha aceptado un acuerdo que no haya intentado romper posteriormente.
Los demócratas deberían elaborar un amplio paquete legislativo para abordar los problemas que acosan a los estadounidenses de a pie. Cuando Trump vete un proyecto de ley, deberían intentar anular ese veto, obligando a todos y cada uno de los republicanos a elegir entre apoyar la obstrucción de Trump —dejando claro que son tan culpables como él— o armarse de valor y aportar los votos adicionales necesarios para dicha anulación.
Y, dada la imagen tan tóxica que Trump ha adquirido ante la opinión pública estadounidense, es incluso posible que algunos republicanos rompan con él para aprobar algunas leyes positivas.

¿Qué tipo de leyes tengo en mente? No deberían rehuir planes realmente ambiciosos, como «Medicare para todos», aunque por ahora no tengan ninguna posibilidad de convertirse en ley: los demócratas deben dejar claro que abogan por un cambio real. Pero también deberían proponer iniciativas más modestas, como la posibilidad de adherirse a Medicare para los estadounidenses menores de 65 años. Y deberían presentar una ley que restablezca de inmediato los subsidios de la Ley de Asistencia Asequible que Trump y sus aliados eliminaron, lo que provocó un aumento vertiginoso de las primas de los seguros médicos y una caída en picado de las afiliaciones.
En materia de política exterior, deberían aprobar una ley que refuerce las sanciones a Rusia y restablezca la ayuda a Ucrania. Es posible que incluso un número significativo de republicanos se una a ellos para anular el veto de Trump. Hay que tener en cuenta que solo el 3 % de la población estadounidense simpatiza más con Rusia que con Ucrania; solo el 4 % de los republicanos simpatiza con Rusia. Y creo que muchos republicanos del Congreso se avergüenzan en privado de ver a Trump ponerse tan abiertamente del lado de Vladímir Putin.

Otros ejemplos evidentes son:
· Negarse a gastar más miles de millones de dólares en una guerra fallida contra Irán
· Poner fin a los aranceles de Trump
· Políticas para proteger a los estadounidenses frente a los peligros de la inteligencia artificial y la hegemonía de los centros de datos
· Reformar la política fiscal para que deje de beneficiar a los ricos y de facilitar la evasión fiscal de las empresas
· Poner fin a los abusos del ICE
· Poner fin a las políticas de inmigración autodestructivas
· Reconstituir la Oficina de Protección Financiera del Consumidor y dotarla de poderes de ejecución
· Imposición de un impuesto sobre los beneficios extraordinarios a las empresas petroleras
· Políticas que favorezcan las energías verdes rentables, como los parques solares y eólicos
· Legislación que elimine la posibilidad de que los políticos y sus familiares se beneficien económicamente de sus cargos

En todas estas cuestiones y en muchas más, los demócratas deberían obligar a Trump a ejercer su derecho de veto, dejando claro al país que él es la razón por la que los estadounidenses sufren bajo políticas destructivas que benefician a los oligarcas, a Trump y a sus compinches.
Toda esta legislación demócrata debería estar bien elaborada y ser objetivamente positiva. Además, puede servir de base para el arsenal de políticas con las que los demócratas luchen en las elecciones de 2028, tanto para la presidencia como para el Congreso.

Sí, hoy los demócratas están eufóricos por los resultados del martes. Pero también debemos tener claro que aún tendrán que hacer frente a la obstrucción republicana durante los próximos dos años, así como a una mayoría hostil en el Tribunal Supremo. Así que celebremos, pero tengamos también claro que esto es, citando a Churchill, ni el final, ni siquiera el principio del final, sino quizás el final del principio de la lucha por recuperar este país.
Y ahora, algo completamente diferente: la bolsa no es la economía y, históricamente, no nos dice casi nada sobre hacia dónde se dirige la economía. Aun así, teniendo en cuenta la frecuencia con la que Trump ha advertido de que los demócratas destruirían la economía si llegaran al poder, resulta al menos interesante que, al día siguiente de su aplastante victoria en las elecciones de mitad de legislatura, los precios del petróleo se desplomaran —probablemente porque los inversores creen que la magnitud de la derrota de Trump hace menos probable una nueva guerra con Irán— y el Dow subiera 1 500 puntos.
Paul Krugman, traducido por Fernando Broncano.

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