Sentido común: Luciano Floridi apela a la experiencia reciente de la historia de la economía y tecnología para mostrar el carácter de burbuja financiera y cultural que está teniendo la llamada «inteligencia artificial». Cuando aparecen tecnologías «disruptivas«, es decir, aquellas que se introducen en los intersticios de todo el sistema productivo, de circulación e incluso el cultural y la vida cotidiana, suelen ir acompañadas en sus primeros tiempos por descomunales campañas apocalípticas cuya función es atraer el capital riesgo, pues en los primeros momentos nunca suelen ser rentables, más allá de la «burbuja«. Esos movimientos ficcionales suelen crear escenarios deterministas de cambios radicales que, más tarde, terminan en poco, pues los estados, las instituciones, el mismo mercado, se ocupan de regular el funcionamiento en formas más o menos sostenibles. He vivido como filósofo varias de estas burbujas y doy fe de que es así. La burbuja .com de los noventa, que iba acompañada de todo un aparato propagandístico sobre lo virtual. Recuerdo mi escepticismo con aquellos propagandistas desaforados. Luego vino la burbuja de la tecnología blockchain y las criptomonedas (recuerdo un debate con una, ahora conocida, periodista sobre el fin del dinero, y otros apocalipsis varios). Como muestra bien Trump y familia, ahora las criptomonedas son un instrumento financiero más del capitalismo extractivo, pero bien regulado, nada del mundo anárquico anunciado. Una tercera burbuja, la de metaverso: tengo por ahí un montón de textos en intervenciones y proyectos varios mostrando escepticismo sobre el mundo virtual que prometía y la doble existencia. Sostenía entonces, como veo bien ahora, que ni existía ni existirá el entorno técnico necesario para desarrollar aquel proyecto loco. Me uno pues a Floridi en «Esto no es inteligencia» en su prospectiva sobre la superinteligencia y otros mitos. Son muchas las fuerzas culturales, políticas y económicas que ya están regulando la burbuja. Necesitamos unos años de transformación de algunas estructuras culturales, económicas y políticas. Como tantas veces. todo este aparato apocalíptico pasará como otros tantos. Mientras, eso sí, la dinámica del capitalismo va por sus fueros. Eso es menos controlable, claro. Pero lo dejamos para otro día.

PD: Por cierto, desde una perspectiva menos apocalíptica Ucrania ha mostrado en la práctica la vulnerabilidad de los entornos técnicos sobre los que se apoya la llamada «inteligencia artificial«. Unos cuantos drones sobre los centros de datos de Yandex han dejado a Rusia malherida en el uso del ciberespacio, tanto en sus usos cotidianos como las tarjetas o el comercio online como en los usos menos santos como son los bots para influir en las elecciones que ahora recorren parte del mundo.
Fernando Broncano.

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