¿Qué catástrofe tiene que ocurrir para que una mujer comprenda que su voto puede volverse contra ella y contra todas las demás?

Las mujeres no hemos podido votar en este país hasta antes de ayer, y antes de ayer fue 1933. Después llegó la dictadura con su corsé de sumisión legal, su moral nacionalcatólica y su modelo de ciudadana convertida en ganado; y volver a levantar la cabeza costó sangre, sudor y décadas. El divorcio, el matrimonio igualitario, la ampliación de derechos sexuales y reproductivos o las leyes de igualdad no cayeron del cielo, fueron la conquista de una lucha incansable que ni siquiera se detuvo con la muerte de Franco.

Y voy a ser profundamente tendenciosa. Pienso en las mujeres que llevan toda la vida votando al PP. Mujeres divorciadas, lesbianas, pensionistas, trabajadoras, madres que necesitan una sanidad pública digna y una educación para sus hijos que no dependa del saldo de la libreta familiar. Mujeres que se escandalizan ante discursos racistas, homófobos o machistas, pero que siguen avalando con su papeleta a un partido dispuesto a pactar con quienes los alimentan.

La contradicción no se disuelve por llamarse a una misma «centrista». Todos sabemos perfectamente qué es el PP, sabemos qué es V0x y sabemos de sobra lo que buscan. Llevan años proponiendo derogar leyes de igualdad, dinamitar la legislación contra la violencia machista y recortar derechos conquistados. El PP necesita sus votos para gobernar, y no somos ingenuos, quien pacta con el monstruo, asume que tiene colmillos. Y la experiencia de cada pacto autonómico demuestra que el Partido Popular nunca elige ponerles freno.
Las mujeres que votan al PP bajo el cómodo paraguas del centro, ¿creen de verdad que el precio de esa factura lo van a pagar otros? ¿De verdad piensan que ellas van a salir indemnes?
Por más vueltas que le dé, se me hace bola entender que una pensionista vote a quienes desmantelan el sistema público del que sobrevive, que una trabajadora respalde a quienes precarizan su red de seguridad, o que una mujer divorciada entregue poder a quienes reivindican un modelo de familia donde la autonomía femenina es un estorbo. Y me cuesta asimilar que alguien defienda un patrimonio de mierda con más fervor que los derechos elementales que le permiten vivir tranquilo o curarse de un cáncer.

Sé de sobra que no todas las votantes del PP comparten el catecismo de V0x, pero lo que ya no trago es que no se hayan parado a pensar qué están dispuestas a tolerar a cambio de su inercia política. Es tan viejo como el mundo, las mujeres con pasta podrán pagar sanidad privada, comprar cuidados cuando el Estado falle y huir si sus derechos se van al garete, pero las demás dependemos de la pensión, de la pública, del hospital del barrio y de unas leyes que nos protejan de la discriminación y la violencia. Y no todas las mujeres que votan al PP tienen apellidos compuestos… Su voto no nos castiga a todas por igual; su voto nos hunde a las que no tenemos red de seguridad.

Desde nuestras abuelas hasta hoy, cada generación ha heredado una libertad que otra tuvo que arrancar dejándose los nudillos. Y hoy esas libertades están en la diana de una derecha dispuesta a entregar el timón a la ultraderecha con tal de pillar un sillón y presupuesto.
¿Cuántas mujeres volverán a votar al PP convencidas de que esta tormenta no va con ellas ni con sus hijas? ¿Cuántas se aferrarán a la etiqueta del centro para no mirar de frente el destrozo que provoca su papeleta? ¿Cuántas necesitarán perderlo todo para entender que sus derechos también estaban sobre la mesa?
¿Qué están dispuestas a entregar exactamente a cambio de seguir votando por costumbre?

SPAIN-PARISH CHURCH EDUCATION: MADRID, 1947.- Women are taught how to sew at a dressmaking workshop, sponsored by San Miguel parish church at the General Ricardos street. EFE/fs.
Amigas, vuestro PP de hace quince años lleva ya demasiado tiempo bailándole el agua a una derecha rancia, cateta y violenta que no va a dudar en arrastrarnos a la miseria a todos, pero de manera muy especial, a todas.

Votar hoy al PP ya no tiene nada que ver con la política de antaño; este nuevo PP viene de la mano de un charrán, pero viene montado a caballo, con una escopeta de caza en una mano, una motosierra en la otra y la crueldad más descarnada por bandera. ©️
Singlutenia.

Deja un comentario