No podía haber elegido la Editorial Akal un mejor momento para publicar en español esta obra, «El momento gramsciano», publicada originalmente en 2009, pero que ha adquirido con el tiempo un valor que trasciende al de un mero estudio académico sobre Gramsci, por más que también lo sea. En un momento histórico como el contemporáneo, en que se reorganiza no solo la economía sino toda la civilización, en que se reorganiza la misma noción de Estado, hasta ahora neoliberal de forma generalizada, para dar paso a otras formas casi orientales de autoritarismo mezclado con fundamentalismo cultural, esta obra muestra cómo Gramsci fue y es uno de los grandes teóricos del pensamiento social del calibre de Weber o Durkheim, que desarrolló dos ideas esenciales que nos sirven actualmente para pensar nuestro momento: «Estado integral» y «Revolución pasiva», de las que sale como un subproducto, pero no como origen, la de hegemonía, que ha sido tan popular en las políticas populista de las últimas décadas.
El libro está escrito para extraer lo esencial de Gramsci contra otras lecturas como las de Althusser y Perry Anderson, pero su importancia es mucho mayor que la de estas controversias. Para expresarlo muy rápidamente: las dos líneas políticas dominantes en la izquierda en los últimos tiempos han sido o bien la fascinación schmittiana de pensar lo político como conflicto entre amigos /enemigos (que ha asumido como tenía que ser la ultraderecha con más eficacia), o bien la versión negativa de retirarse de lo político concebido como intervención en lo institucional y refugiarse en una presunta «sociedad civil» en la que se encontrarían los intereses verdaderos. Es la fase de pensar la política como movimientos sociales y guerra cultural (que también ahora parece estar en retirada o directamente en derrota).
Gramsci pensó el concepto de Estado integral precisamente como una superación de estas dos formas. El Estado integral fusiona la sociedad política y la sociedad civil en un complejo de intersecciones de instituciones, prácticas, entorno material y formas de organización.. La hegemonía como fuerza cultural solo tiene sentido como una parte del ejercicio de esta nueva forma de poder por consenso cuyo resultado, pensaba, era la asimilación de todas las clases en la burguesía como civilización.
Thomas nos muestra a un Gramsci muy filósofo, centrado alrededor de tres columnas: un historicismo radical, que afecta a la misma idea de historia e historicidad y temporalidad, un inmanentismo radical, que traduciríamos hoy como una forma de materialismo integrado en toda la arquitectura de la vida, y un humanismo radical como proyecto, al modo del Marx de los Manuscritos. Una filosofía de la praxis que integra la teoría y la práctica.
Gramsci ha sido un icono tanto de la izquierda de la izquierda como de la derecha de la derecha. Un Gramsci, sin embargo, mal entendido, como lo fue desde sus primeros momentos, cuando sus propios compañeros de la cárcel dejaron de hablarle y él se retiró a pensar su momento histórico. No tan diferente del nuestro.
Bienvenida esta traducción.
Fernando Broncano

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