En Occidente, padecemos cierto sesgo etnocentrista con el que seguimos perimetrando los acontecimientos sociales que sacuden a países del Tercer Mundo aplicando baremos propios lo cual nos lleva a cometer errores fatales. Cuantas veces escuchamos acusaciones sobre el burka que se impone a las mujeres afganas, lanzándonos la diatriba los defensores del sionismo para enlentecer nuestro combate contra el genocidio de sus secuaces. Es como si hubiera que escoger bando y forma sin matices y sin distingos, o progreso y avances sociales según nuestros criterios o descartes furibundos. Desde nuestras páginas, aunque nos erremos a veces, queremos romper con el feo maximalismo por lo que hoy les traemos a las páginas de https://www.lapajareramagazine.com a un país casi olvidado pasado el sofocón del desalojo precipitado que se produjo en 2021. Es común que cuando pasan los estertores de las grades crisis –crisis que suelen afectarnos a los occidentales— se nos olvida que los desmanes siguen en el país abandonado a su suerte, como en antes de las invasiones, incluso con la problemática agudizada.

Hablaremos de Afganistán, pero no es de forma casual, sino porque hemos conocido a una mujer afgana que, a través de su historia personal, nos hicimos una idea –lejana idea—de la gravedad que sigue abatiendo a un país mártir y a una población acosada y mal entendida sin progresión futurible.
Para ello vamos a remontarnos al origen de los problemas que abatieron al país citado, donde parece imposible que una paz duradera se cruce con su historia. La historia de los hombres pero sobre todo la de las mujeres afganas condenadas a un infierno de ocultación, sufrimientos y maltrato del que no existe esperanza de salir en los próximos tiempos.
La historia reciente de Afganistán es un ciclo de conflictos, intervenciones extranjeras y transformaciones radicales que han dejado al país en un estado de crisis humanitaria casi permanente. Para entender cómo se ha llegado a la situación actual, podemos dividir su historia en cinco etapas clave:

1.La Intervención Soviética (1979–1989)
Todo comenzó con la Revolución de Saur en 1978, que instauró un gobierno comunista. Ante la inestabilidad interna y la resistencia de grupos religiosos, la URSS invadió el país en 1979 para sostener a sus aliados ideológicos.
Poco después surge como consecuencia de la invasión, la Resistencia, que parte de los muyahidines, guerrilleros islámicos apoyados por EE. UU. (CIA), Pakistán y Arabia Saudita.
Lo que se deriva de ambas acciones fue que tras una década de guerra brutal —el «Vietnam de la URSS«—, las tropas soviéticas se retiraron en 1989, dejando un país fracturado y un gobierno comunista que colapsaría poco después porque no fue cimentado sobre las capas profundas de la población.

Cierto es que durante el régimen comunista respaldado por la URSS, se promovió una agenda de igualdad de género forzada, especialmente en las ciudades donde la alfabetización de las mujeres fue una prioridad estatal. Durante el periodo “soviético”las mujeres estudiaron integrándose en la sociedad como médicas, ingenieras y profesoras en los diversos estamentos del país-
También se prohibió el matrimonio forzado y se establecieron edades mínimas para casarse. El contraste era grande ya que, aunque en Kabul las mujeres vestían al estilo occidental y asistían a la universidad, en las zonas rurales estas reformas fueron vistas como una afrenta a la tradición y el islam, alimentando la resistencia de los muyahidines.
Analicemos con un poco de atención cómo fue el dominio soviético y por qué caló tan poco en la población.

El «Efecto Dominó» al revés (La Doctrina Brézhnev)
Para la URSS, un país que se volvía socialista no podía dejar de serlo. El régimen afgano (el PDPA) estaba colapsando por guerras internas entre sus facciones (Parcham y Khalq). Las autoridades soviéticas entendían que, si el gobierno comunista caía, la URSS quedando como una potencia débil que no podía proteger a sus satélites –no olvidemos que el periodo era el de Guerra Fría– .
Un factor que Moscú temía que una revolución islámica en Afganistán (similar a la ocurrida en Irán ese mismo año) contagiando a sus propias repúblicas soviéticas de Asia Central (Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán), que eran de mayoría musulmana.

No obstante lo anterior, había también el deseo de acceder a las «aguas cálidas«: Históricamente, Rusia siempre ha buscado una salida al Océano Índico. Controlar Afganistán ponía a los soviéticos a un paso de Pakistán y del Mar Arábigo, permitiéndoles amenazar las rutas de suministro de petróleo de Occidente en el Golfo Pérsico.
La desconfianza hacia Hafizullah Amin, que era el líder afgano en ese momento, que se trataba de un comunista radical pero impredecible. El KGB sospechaba (probablemente por paranoia pura) que Amin estaba teniendo contactos secretos con la CIA para cambiar de bando, al estilo de lo que había hecho Egipto años antes. De hecho, lo primero que hicieron los soviéticos al invadir fue ejecutar a Amin en su palacio.

Documentos desclasificados sugieren que la decisión no fue unánime, propiciando un error de cálculo en la política soviética . El ala militar dudaba, pero el KGB y los ideólogos del Politburó convencieron al líder Leonid Brézhnev de que sería una «operación relámpago» de pocos meses.
De forma estúpida, dada la Ospolitik que era norma entre las dos potencias no anticiparon que EE. UU. vería esto como la oportunidad perfecta para darles su propio «Vietnam».

Y por último, los soviéticos subestimaron por completo el terreno afgano y la ferocidad de la resistencia religiosa. Al no haber penetrado culturalmente en las capas sociales del interior del país, la modernización, la obligatoriedad de la liberación de las mujeres fue tomada por la población campesina por un agravio a sus tradiciones y costumbres. De ahí a la formación de los muhaidines, amparados por EEUU, fue solo un paso.
La invasión terminó siendo el «clavo en el ataúd» de la Unión Soviética. El costo económico fue astronómico (miles de millones de rublos al año), el costo humano fue de unos 15,000 soldados soviéticos muertos y, lo más grave, el aislamiento internacional destruyó la «Détente» o periodo de distensión con Occidente, acelerando la quiebra del sistema soviético a finales de los 80.https://www.youtube.com/watch?v=hN1y_JIJnDE

2.Guerra Civil y el Ascenso de los Talibanes (1992–1996)
Tras la caída del régimen comunista en 1992, los grupos muyahidines que habían luchado contra los soviéticos (recordemos, ayudados y financiados por Occidente) empezaron a pelear entre sí por el control de Kabul.
Llega el momento de la aparición de los Talibanes. En medio del caos y la corrupción de los señores de la guerra, surge un grupo de estudiantes de las escuelas islámicas (madrasas) en el sur del país. Los llamados Talibanes, integristas religiosos exagerados que propiciaban la vuelta a la tradición medieval del país llevando las enseñanzas coránicas al extremos del fanatismo.
Pronto toman el poder prometiendo orden y justicia bajo una interpretación ultra-rigurosa de la Sharia, conquistaron Kabul en 1996, e instauran el primer Emirato Islámico.

Con la victoria talibán tras la guerra civil, Afganistán se convirtió en uno de los lugares más represivos del mundo para las mujeres. Se impuso el uso obligatorio del burka. Se prohibió a las mujeres salir de casa sin un mahram (escolta masculino de su familia).
Las escuelas para niñas fueron clausuradas prohibiéndose a las mujeres asistir a las mismas. Además de impedir la formación, ni las mujeres ni las niñas, podían ser atendidas por médicos varones, lo que colapsó su acceso a la salud. Se instauraron castigos públicos como azotes o ejecuciones por «crímenes morales» (como el adulterio). Volvieron los matrimonios con niñas y el resto de las vejaciones (que no habían desaparecido del mundo rural)

3. La Intervención de EE. UU. y la OTAN (2001–2021)
Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, EE. UU. acusó a los talibanes con menos razón que ganas, de proteger a Osama bin Laden y Al Qaeda.
Existen registros claros de que los Talibanes no solo «toleraron» a Bin Laden, sino que establecieron una relación de beneficio mutuo proporcionándole santuario y campos de entrenamiento puesto que tras ser expulsado de Sudán en 1996, Bin Laden se instaló en Jalalabad y luego en Kandahar bajo la protección del Mulá Omar. Al-Qaeda operaba en campos como Al-Farouq, donde se entrenaron miles de militantes con el permiso explícito del régimen talibán.

A cambio de refugio, Bin Laden proporcionó millones de dólares al tesoro talibán y creó la «Brigada 055», unidad de combatientes extranjeros (árabes en su mayoría) que luchó junto a los talibanes contra la Alianza del Norte (la oposición interna afgana).
Tras los atentados a las embajadas de EE. UU. en África (1998), el Consejo de Seguridad de la ONU emitió la Resolución 1267 exigiendo la entrega de Bin Laden. Los Talibanes se negaron sistemáticamente, argumentando que era un «huésped» y que no había pruebas suficientes bajo la ley islámica.
Este es el punto que suele alimentar la teoría del «pretexto» dado para la invasión. Documentos desclasificados y testimonios (como los del exministro de exteriores talibán, Wakil Ahmad Muttawakil) indican que antes y poco después del 11 de septiembre, los Talibanes sugirieron juzgar a Bin Laden en un tribunal islámico situado en un tercer país o mantenerlo bajo vigilancia estricta. El gobierno de George W. Bush rechazó estas ofertas, exigiendo la entrega directa e incondicional. Para EE. UU, las propuestas talibanas eran maniobras dilatorias, mientras que, para los Talibanes, entregar a un «héroe de la yihad» sin un juicio bajo sus términos era políticamente suicida(1).

En pocas semanas, una coalición liderada por EE. UU. derrocó a los Talibanes. Se inició un proceso de ¿democratización? (la República Islámica) con elecciones, una nueva constitución lo que supuso un avance en los derechos de las mujeres y la educación. La Constitución de 2004 establecía la igualdad de derechos. Se crearon cuotas para mujeres en el Parlamento y se fundó el Ministerio de Asuntos de la Mujer. Millones de niñas regresaron a la escuela formándose masivamente y llegadas a 2021, las mujeres ocupaban puestos en la política, el periodismo, la justicia y las fuerzas de seguridad.

El problema, al igual que ocurrió con la invasión soviética, estas reformas no calaron en la masiva población campesina que siguió anclada en el Medievo. EEUU no hizo nada por entablar verdaderas reformas culturales y sociales que convencieran a la población. Todo quedó como un mero maquillaje que edulcoraba la sociedad de las capitales.
Los talibanes nunca desaparecieron; se reagruparon en las montañas y en Pakistán, iniciando una guerra de guerrillas que duraría 20 años y desgastaría la voluntad política de Occidente.

https://www.rtve.es/play/videos/telediario-1/afganistan-tres-anos-regreso-poder-talibanes/16219338/
4.El Regreso al Poder (Agosto de 2021)
Tras el Acuerdo de Doha (firmado por la administración Trump y continuado por Biden), EE. UU. aceleró su retirada. En mayo de 2021, los talibanes lanzaron una ofensiva masiva. En agosto, las ciudades cayeron una tras otra y el 15 de agosto de 2021 entraron en Kabul sin resistencia, mientras el presidente Ashraf Ghani huía del país.
El mundo fue testigo de una huida desesperada de los ejércitos occidentales mostrándonos escenas desesperadas en el aeropuerto de Kabul, marcando con ello, el fin de dos décadas de presencia internacional.

5.La Actualidad (2021–2026)
Hoy, Afganistán vuelve a ser un Emirato Islámico. Aunque la guerra a gran escala ha terminado, el país enfrenta desafíos extremos derivadas de las restricciones sociales impuestas por los Talibanes que han prohibido la educación secundaria y universitaria para las mujeres mientras la presencia femenina en la vida pública es casi nula.
Tras la llegada de los talibanes, gran parte de la ayuda internacional se detuvo y los fondos del banco central fueron congelados, hundiendo a la población en la pobreza y el hambre por lo que la crisis económica es feroz derivándose, con ello, grandes privaciones para la población.

Aunque los Talibanes controlan el territorio se enfrentan a la amenaza interna del Estado Islámico del Jorasán (ISIS-K), que realiza atentados frecuentes contra civiles y minorías.
Hay que hacer constar que a pesar de tener el control total, el gobierno talibán no ha sido reconocido formalmente por la gran mayoría de la comunidad internacional, lo que mantiene al país en un aislamiento diplomático y financiero severo.

A pesar de las promesas iniciales de moderación para obtener reconocimiento internacional, los talibanes han instaurado un sistema que la ONU define como «apartheid de género».
| Ámbito | Restricción Actual |
| Educación | Prohibida la educación secundaria (más de 12 años) y universitaria. |
| Trabajo | Prohibido trabajar en ONGs y la mayoría de sectores públicos (salvo salud y algunos sectores de educación primaria). |
| Movilidad | No pueden viajar largas distancias sin un acompañante masculino. |
| Vestimenta | Uso obligatorio de hiyab riguroso que cubra el cuerpo y, preferiblemente, el rostro. |
| Espacios Públicos | Tienen prohibido el acceso a parques, gimnasios y salones de belleza (estos últimos clausurados en 2023). |

La situación en 2026
Actualmente, las mujeres afganas enfrentan una crisis de salud mental sin precedentes debido al aislamiento. Muchas continúan resistiendo a través de escuelas clandestinas y redes de apoyo digitales, pero el marco legal del Emirato ha borrado, de manera oficial, su existencia en la vida civil y política del país.
Como observamos en la somera y reducida historia, las potencias extrajeras, fundamentalmente la antigua URSS y EEUU, han confabulado olas de agresión entre derrotas y victorias talibanes. Ambas potencias intentaron un maquillaje de la sociedad afgana sin mayor penetración en el tejido social profundo. Los intereses estratégicos y poco confesables de la entonces gran potencia.

La historia de Afganistán parece un cementerio de imperios donde las superpotencias cometen, con asombrosa precisión, los mismos errores de cálculo. Aunque las motivaciones iniciales de EE. UU. fueron distintas a las de la URSS, el resultado final —un retiro apresurado y el regreso del enemigo al que querían eliminar— guarda paralelismos trágicos.
Analizamos por qué la intervención de EE. UU. (2001-2021) también terminó en desastre, tras convertirse en la guerra más larga de su historia:
- La «Misión Imposible»: Del antiterrorismo a la construcción de una nación
- UU. entró en 2001 con un objetivo claro: destruir a Al Qaeda y capturar a Bin Laden. Sin embargo, una vez derrocados los talibanes, la misión se transformó en algo mucho más ambicioso y ambiguo: construir una democracia moderna en un país con estructuras tribales milenarias.
Fue uno de los más grades errores cometidos por la gran potencia americana que intentaron imponer un gobierno centralizado en Kabul en un país que históricamente siempre ha rechazado el control central fuerte debida a la configuración tradicional de sus organizaciones sociales.

A todo ello se añade la distracción iraquí. En 2003, EE. UU. invade Irak, desviando recursos, tropas y atención de Afganistán justo cuando los talibanes empezaban a reorganizarse.
EEUU. inyectó billones de dólares en Afganistán, se trataba de dinero fácil y abundante rodando por un país poco acostumbrado. Irónicamente, este exceso de dinero fue veneno para el proyecto democrático creándose una cleptocracia abusiva que permitió el enriquecimiento de gran parte de los señores de la guerra y políticos corruptos.
Uno de los ejemplos de corrupción más común estaba dentro del ejército afgano que aunque bien equipado, sobre el papel era mucho más numeroso de lo que era en realidad (los famosos «soldados fantasma«, nombres que existían solo para cobrar el sueldo). Al abandonar EE. UU. el país, esa estructura hueca se desmoronó en días.

Los norteamericanos cometieron el mismo error soviético. La total desconexión y desconocimiento con el mundo rural. Al igual que los soviéticos, EE. UU. logró transformar Kabul en un simulacro de ciudad moderna, con internet, mujeres en la universidad y libertad de prensa. Pero el mundo rural (donde vive la mayoría de los afganos impermeables a los cambios) no vio esos beneficios.
Como ocurría con los soviéticos, para muchos campesinos, la presencia de EE. UU. solo significaba ataques nocturnos, drones y bombardeos accidentales. Mientras tanto los talibanes supieron explotar este resentimiento, presentándose no como terroristas, sino como «libertadores» frente a un ocupante extranjero «infiel«.
Otro factor que EE. UU. nunca pudo resolver fue el santuario de Pakistán. Mientras los talibanes tuvieran refugio en las zonas tribales de Pakistán (un supuesto aliado de EE. UU.), era imposible derrotarlos militarmente. La insurgencia simplemente cruzaba la frontera para descansar, rearmarse y volver a atacar.

Comparativa: URSS vs. EE. UU.
| Factor | URSS (1979-1989) | EE. UU. (2001-2021) |
| Motivación | Preservar un régimen satélite. | Venganza por el 11-S y seguridad global. |
| Opositor | Muyahidines (apoyados por EE. UU.). | Talibanes (apoyados por Pakistán). |
| Salida | Retirada humillante; el gobierno cayó en 3 años. | Retirada caótica; el gobierno cayó en 11 días. |
| Legado | Colapso de la URSS poco después. | Crisis de credibilidad y retorno al punto de partida. |

Lo que nos lleva a resumir los sucesivos fracasos en los intentos de “socializar” y “democratizar” al país afgano ha sido en ambas potencias debido a la incapacidad de asumir que es imposible realizar reformas sociales importantes y duraderas sin afrontar, primero un estudio exhaustivo de la zona respetando los tiempos y la idiosincrasia del pueblo, y luego aplicando una política cultural y educativa en todas las capas de la población, no solo en las visibles ciudades, sino, sobre todo en un país campesino, permeando la sociedad profunda con parámetros comprensibles que conformen los avances democráticos y sociales sin parecer invasivos.
Claro que, como hemos analizado, en ambas potencias, los verdaderos deseos no eran conseguir una ciudadanía afgana democrática e igualitaria sino medir sus propios intereses intentando dominar cada uno hacia su lado.

El resultado que se deriva de las sucesivas invasiones además de convertir al país afgano en mosaico de intereses internacionales, es una sociedad quebrada, dolorosamente reprimida por el régimen talibán que hace de todo el país un enorme penal o campo de concentración donde las mujeres apenas pueden respirar libremente.
El desastre propiciado por EE. UU. se resume en una frase que solían decir a los soldados yanquis los combatientes talibanes: «Ustedes tienen los relojes, pero nosotros tenemos el tiempo».
Tras 20 años, 2.3 billones de dólares gastados y miles de vidas perdidas, EE. UU. terminó negociando con los mismos talibanes que había expulsado en 2001, dejándoles el país prácticamente en bandeja de plata arruinado, comido por la enorme corrupción derivada de la gran entrada de dinero fácil que fue repartido por los EEUU mientras el pueblo padece las mismas miserias y represiones que en los periodos más oscuros de su historia.
Continuará.
María Toca Cañedo©
- Documentación en los campos que acreditan la estancia y complicidad de Bin Laden en Afganistán: Se recuperaron manuales de entrenamiento, planes de ataque y grabaciones de video que vinculaban directamente la infraestructura de Al-Qaeda con el territorio controlado por los Tora Bora: La batalla en este complejo de cuevas en diciembre de 2001 confirmó que Bin Laden estaba efectivamente escondido en el este de Afganistán antes de cruzar a Pakistán.

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