En su primera cita con quien sería su esposa, Ayala Nimrodi, Itamar Ben-Gvir la llevó a la tumba de Baruch Goldstein, el colono que en 1994 mató a tiros a 29 musulmanes en oración en la Tumba de los Patriarcas de Hebrón. Tuvo también un retrato de Goldstein en su salón; lo descolgó en 2019, no por convicción sino para entrar en la lista de Naftali Bennett en 2020. Ni así lo aceptó Bennett. Dijo entonces que ya no veía a Goldstein como un héroe, y cambió el cántico de sus seguidores de “muerte a los árabes” a “muerte a los terroristas”.

Hijo de un empleado de gasolinera y de una inmigrante judía kurda, exmilitante del Irgún; menor de dos hermanos, de familia laica, radicalizado a los 14 años en la Primera Intifada. Vive en Kiryat Arba, asentamiento sobre tierra palestina ocupada. Hoy es ministro de Seguridad Nacional de Israel, con mando sobre Policía y prisiones. El Ejército se negó a reclutarlo a los 18: “¿darle un arma a alguien así?”, dijo un alto cargo de Defensa a The New Yorker. Estudió Derecho; el Colegio de Abogados le bloqueó el examen por sus antecedentes, y tras resolverlo ejerció defendiendo a otros extremistas judíos. Acusado 46 veces, condenado en 8. En 2007 fue por incitación al racismo y apoyo a Kach, organización terrorista de la que fue coordinador juvenil. En 1995, con 19 años, mostró en TV un adorno robado del coche de Isaac Rabin, entonces primer ministro de Israel y artífice de los acuerdos de paz de Oslo con los palestinos, y advirtió: “también llegaremos a él”. Semanas después lo asesinaron; Ben-Gvir ayudó a convertir a su asesino en héroe.

Los episodios violentos siguen. En 2021 se enzarzó a golpes con Ayman Odeh, líder árabe-israelí, en un hospital. Ese año fue investigado por apuntar con una pistola a guardias árabes por una disputa de aparcamiento. Y al montar una oficina en Sheij Yarrah para apoyar el desalojo de familias palestinas, un académico dijo que “echó gasolina al fuego” que desató la guerra de 2021 con Hamás.

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Netanyahu se negó a fotografiarse con él en 2022; lo tragó para formar gobierno. Olmert lo llama “más peligroso que un Irán nuclear”. Tras el 7 de octubre pidió sitio en el gabinete de guerra: se lo negaron. Ya en 2021, el propio comisionado de Policía lo acusó de avivar la violencia entre judíos y árabes. En 2023 le dijo a un periodista árabe-israelí que preguntaba por las restricciones a los palestinos: “lo siento, Mohammad, pero esa es la realidad”. Otros periodistas israelíes dijeron que era reconocer el apartheid en directo.

Como ministro relajó las armas civiles y endureció la vigilancia sobre la izquierda mientras la aflojaba con los colonos. Dimitió en enero de 2025 contra el alto el fuego, pidiendo cortar toda ayuda a Gaza; volvió en marzo. Celebró la ley de pena de muerte para palestinos. En agosto de 2026 dijo en un podcast: “deberían llevarse a cabo asesinatos selectivos, entre 30 y 40 cada noche… hay personas que no merecen vivir… ni siquiera son personas”. Merz lo condenó; la frase se ha usado como prueba en la causa de Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia por genocidio.

Graba y publica él mismo sus visitas a las cárceles. A una detenida que dice llevar tres días sin ducharse ni tratamiento médico y afirma que “nos están torturando”, le contesta sonriendo: “se acabaron los campamentos de verano”. Días después: “soy el responsable directo, y estoy complacido con estas condiciones”. La Sociedad de Prisioneros Palestinos lo acusa de pisotear cabezas de detenidos en una redada. Médicos por los Derechos Humanos Israel documenta al menos 104 muertes bajo custodia desde 2023.
No llegó a la política a pesar de su pasado. Llegó con él intacto, y lo ha soltado pieza a pieza, solo cuando alguien lo obligaba.
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Juan Gonzalez Posadas.
Fuentes consultadas:
Britannica, The New Yorker (vía Sin Embargo), Times of Israel, Middle East Eye, Reuters (vía Yahoo News), Al Jazeera, GlobalSecurity.org, ViveUSA, Mundo Abierto, Naiz, eldiario.es, Público, TRT Español, Wikipedia (inglés), Sputnik Mundo, NPR, ABC Color, Jewish Virtual Library, IMEU.

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