Carrero Blanco, sombra y complice del dictador (Capítulo II)

Antes de todo ello, en 1942, un notable e inteligente falangista de los primeros tiempos, amigo del Ausente, arquitecto de parte del entramado fascista del partido , recién  llegado de la División Azul a la que se fue a pesar de su precaria salud y endeble cuerpo, iluminado por el anticomunismo y por los destellos que llegaban desde Berlín, se posicionó con una carta pública frente al dictador, decepcionado por la inacción del régimen ante los problemas de la población. Hablamos de Dionisio Ridruejo, que luego evolucionaría hacia posturas socialdemócratas, siempre honesto y con la certeza de los errores cometidos durante la juventud. Su actitud gallarda, arriesgando mucho al enviar la carta a Franco y la contumaz honradez durante el resto de su vida le hacen merecedor de respeto y admiración.

Imaginamos la furia del pequeño tirano del Pardo frente a las luminarias falangistas que le miraban de frente y cuestionaban la deidad que se comenzó a construir durante la guerra cuando la muerte le hizo el favor de llevarse a Sanjurjo y a Mola quedando como kapo de la manada de africanistas.  Muchos años después debió de sentir la misma amargura ante la rebelión de parte de la iglesia de base, que él creía adepta de forma absoluta,  posicionándose muchos curas obreros a favor de un pueblo depauperado, caminando a paso ligero  hacia un marxismo militante. Carrero estaba cerca del dictador siempre para recoger la soledad del  pequeño Caudillo, ofrecer la  consistencia de un régimen sin más norte que la represión de toda idea contraria con una fidelidad perruna que jamás cuestionaba nada pero ponía orden en las agendas, aconsejaba con voz queda la dirección a tomar y con la prudencia  que ofrece  la mediocridad suficiente para jamás competir con el de la voz aflautada. O compitiendo solo precisamente en mediocridad, en inanidad.

Luis Carrero Blanco fue, sin duda, la figura más constante y determinante a la sombra de Francisco Franco. Más que un  ministro, se convirtió en el arquitecto institucional del régimen, el guardián de sus esencias y el hombre destinado a dar continuidad al franquismo cuando el dictador falleciera. Estaba predestinado a acompañarle durante su vida y a sucederle después.

A partir de 1941 Carrero se convirtió en la sombra de Franco. Nada se hizo sin su aquiescencia. Ninguno de los crímenes del fascismo español quedó fuera de la jurisdicción de don Luis Carrero Blanco. No le fue ajena la terrible represión de postguerra con las fosas y los paredones chorreando sangre inocente. Tampoco la especulación infame que concedía prebendas y condominios a los que mantenían afinidad con los crímenes, silenciando y alentando la mano dura, los estraperlos que se hacían a plena luz y condenaban al pueblo a un hambre atroz porque los alimentos servían para especular siendo vendidos a los ricos a precios abusivos, desposeyendo a la mayoría de la población que sucumbía  con un racionamiento escaso hasta el ridículo, mientras el  silencio amparado por el terror que salía del Pardo era la trinchera que se levantaba para mantener al pueblo subsumido.

Franco firmó todas y cada una de las sentencias de muerte que dictaban los falsos tribunales de España. Justo lo hacía en la sobremesa, justo  con el café se le acercaba un ayudante con la ingente cantidad de  documentos donde él estampaba su firma decidiendo la muerte o las condenas  de cientos de miles de seres humanos. Franco no movía un papel sin la aquiescencia de Carrero, por tanto las fosas, los muros, los gritos ahogados en los cuarteles y comisarías de España además del miedo atroz y  las persecuciones a disidentes del régimen fueron obra de ambos. Franco y Carrero, indivisibles en la represión de los demócratas, liberales, socialistas, comunistas, republicanos, anarquistas, sindicalistas, protestantes, masones, judíos…y quien pasara lo suficientemente cerca del horror impuesto por una banda criminal que ganó una guerra gracias al apoyo nazi fascista.

Vamos a desglosar cuales fueron los hitos políticos que perpetuaron la represión brutal de los primeros años de postguerra y que fueron consumados por el tándem Franco/Carrero.

La represión realizada  desde el BOE.

Carrero coordinaba la maquinaria jurídica que daba cobertura legal a la persecución política. Bajo su supervisión e influencia directa se aplicaron y mantuvieron leyes punitivas brutales, como la Ley de Responsabilidades Políticas (1939) y la Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo (1940).

Se formó el Tribunal Especial (TERMC) en donde  Carrero Blanco tuvo un control operativo muy estrecho en especial sobre el citado Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo. A través de este organismo se incautaron bienes, se depuraron a miles de funcionarios y se dictaron penas de prisión y trabajos forzados a cualquiera que tuviera el más mínimo pasado republicano, liberal o sindicalista.

Desde su despacho en el Pardo controlaba el pulso de la información represiva. Centralizaba los informes de la Dirección General de Seguridad además de conocer al detalle las listas de ejecuciones,  encarcelamientos y el exilio interior. Para Carrero, la eliminación de la disidencia no era un exceso de guerra, sino una necesidad higiénica y quirúrgica indispensable para salvar a España.

Cada golpe, cada violación, cada asesinato del régimen llevaba la firma explicita de Franco y la implícita de Carrero.  Formaron una pareja bien avenida que se retroalimentaba mientras en Carrero la fidelidad era perruna con una complicidad ideológica con el criminal del Pardo que permitía al dictador tomar decisiones amparado en el criterio del otro.

Durante el tiempo de postguerra, Carrero siguió ascendiendo en el escalafón de la Armada, sin más mérito que navegar por las turbulencias del Pardo. En 1945, se le asciende a capitán de navío. Llegados al  dieciocho de julio de 1951, Franco le nombra ministro de Presidencia, dando consistencia oficial a su puesto de segundo de a  bordo de la dictadura española. El veintisiete de febrero de 1957 es ascendido a contralmirante, en 1963 a vicealmirante y el veinticuatro de febrero de 1966, llega el cargo de almirante; justo al año siguiente, el veintidós de septiembre de 1967 se le nombra vicepresidente del Gobierno, ministro Subsecretario de la Presidencia del Gobierno.

Pasaron muchas cosas durante este largo periodo en que el ya Almirante don Luis Carrero Blanco (con esa rimbombancia se le nombraba entonces) en el gobierno y en el estado español, que apenas conocía dichos vaivenes porque ya se ocupaban de bridar a la prensa lo suficiente para que todo fueran loas y cantos a la listura y logros de la dictadura. El nacional catolicismo se implantó en España forjando una represión absoluta sobre la moral y las costumbres, al tiempo que se desmembraban los avances legislativos de la II República, sobre todo los que atañían a las mujeres. El Patronato de Protección a la Mujer, la Sección Femenina se ocuparon de nosotras. El Frente de Juventudes, la OJE, y la Formación Espíritu Nacional fueron la atadura que ahogó a la sociedad. Mientras, en los aledaños del poder de la dictadura, la moral era laxa, las fiestas y el despilfarro  con estraperlistas y criminales de guerra monitorizando la política española, era la norma. Esas sí que fueron las dos Españas de las que tanto se habló. Y en el poder, justo al lado del dictador criminal, siempre estuvo él. Don Luis Carrero Blanco.

Terminada la guerra mundial, España durante un escaso periodo de tiempo, fue una nación apestada. Expulsada de organismos internacionales, sin embajadores más que de dictaduras…y de Argentina, donde el peculiar Juan Domingo Perón y Eva Duarte, ampararon y alimentaron al hambriento pueblo español. También el país argentino sirvió como refugio a nazis de toda laya, que Clarita Staufër y Otto Skorceny enviaban a los países del Cono Sur donde ampararon a las ratas huidas de Núremberg cobijando y dejando que formaran vidas acomodadas sin pagar nunca por el exterminio.

Hubo un movimiento internacional que cambió todo el desprecio de Occidente sobre España, aunque la Guerra Fría había saltado a la historia mucho antes, conformando cierta condescendencia hacia la dictadura española porque el enemigo a batir por las fuerzas occidentales, derrotados los nazis y Japón, era la penetración comunista que intuían los mandatarios acabaría con la felicidad capitalista.

La invasión del paralelo 38 ocurrió la madrugada del 25 de junio de 1950. Fue el acto que detonó oficialmente la guerra de Corea, transformando las tensiones de la Guerra Fría en un conflicto armado brutal.

Aquel domingo, el Ejército Popular de Corea del Norte cruzó la línea fronteriza imaginaria que dividía la península e inició el ataque relámpago masivo contra Corea del Sur  que cambió al mundo. El peligro de los diablos rojos se había materializado y eso propició que los ojos de Occidente se despejaran de los escrúpulos ante el tirano y la corte que habitaba en el Pardo. Lo que iba a ser una división temporal para desarmar a las tropas japonesas se consolidó en 1948 con la creación de dos estados hostiles e irreconciliables: la comunista República Popular Democrática de Corea (liderada por Kim Il-sung) en el norte, y la capitalista República de Corea (liderada por Syngman Rhee) en el sur. Ambos líderes obsesionados con unificar el país bajo su propio control.

La invasión pilló por sorpresa a los Estados Unidos del presidente Harry S. Truman. Creyendo que el ataque era una maniobra de Stalin para expandir el comunismo global, Washington actuó con rapidez. Aprovechando que la URSS estaba boicoteando el Consejo de Seguridad de la ONU (y por tanto no podía ejercer su derecho a veto), Estados Unidos logró que la ONU aprobara una resolución para enviar una fuerza multinacional en auxilio de Corea del Sur.

La guerra que comenzó esa madrugada del paralelo 38 duraría tres años, costaría la vida de cerca de tres millones de personas y terminaría en 1953 exactamente donde empezó: con la península dividida en torno al mismo paralelo, una frontera que hoy sigue siendo una de las zonas más militarizadas del planeta.

La mirada de las potencias, asustadas ante la posibilidad de extensión comunista, se tornó hacia la península ibérica en donde había dos dictadores igual de sanguinarios, amigos de los nazis pero útiles en el combate contra el enemigo comunista. Comenzaron a llegar embajadores a España. Se abrieron embajadas recíprocamente. Se llegó a la ONU y el colofón lo puso el aterrizaje del  «Air Force One« (Fuerza Aérea Uno) en terreno patrio. La visita fue durante los días 21 y 22 de diciembre de 1959. A bordo de la aeronave viajaba el general Dwight D. Eisenhower, quien se convirtió en el primer presidente estadounidense de la historia en visitar España. Su avión aterrizó en la base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid), una de las bases que se habían construido en suelo español tras los pactos militares firmados entre ambos países en 1953  siendo el precio que Franco pagó con territorio español  por la aceptación de Occidente. Poco después de la llegada Ike y Franco recorrían entre aclamaciones populares las calles de Madrid. La satisfacción de los partidarios de la tiranía iba pareja con el dolor que sufrió el exilio al comprobar que jamás se expulsaría a Franco del país.

Se había acabado el aislacionismo de España. Se terminaba a la vez las esperanzas de cientos de miles de exiliados del exterior e interior que aun contaban que se hiciera  la presión suficiente por parte de las potencias democráticas con el fin de expulsar de la patria   al amigo de Hitler y Mussolini. Las lágrimas amargas que vertieron muchos exiliados como los de escondidos o tapados del interior se mezclaron con la explosión de alegría que campaba por los afines franquistas. He escuchado algunas veces de boca de hijo/as o nietas la terrible decepción sufrida por el exilio ante la capitulación de las potencias occidentales ante el régimen de Franco.

Continuará…

María Toca Cañedo.

Sobre Maria Toca 1938 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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