“Que nadie, ni desde fuera ni desde dentro, abrigue la más mínima esperanza de poder alterar en ningún aspecto el sistema institucional porque, aunque el pueblo no lo toleraría nunca, quedan en último extremo las fuerzas armadas”
Discurso dado por Carrero Blanco en 1968

Carrero Blanco, historia y vida del siamés de Franco.
Nace en Santoña un cuatro de marzo de 1904. Su padre era teniente coronel nacido en A Coruña y destinado en Cantabria, contrajo matrimonio con Ángeles Blanco, hija del alcalde del pueblo. Ángeles, muere tempranamente del fiebres puerperales en su último parto dejando a Luis con solo seis años siendo el mayor de cinco hermanos. El padre torna a casarse de nuevo con una viuda, teniendo el último de los hijos con ella.

Los primeros estudios, Luis Carrero, los desarrolla en el Instituto Manzanedo de Santoña, hasta que a la edad de quince años decide seguir la tradición militar de la familia, inclinándose por la Armada, para lo cual, marcha a Cádiz donde cursará estudios en la Academia de San Fernando. El último de los cursos de la Armada lo dedican, a realizar largo viaje de prácticas que llega hasta Sudamérica.

A su regreso a España, la guerra de África sigue su curso desangrando a los jóvenes que son enviados a luchar contra las cabilas, que se revuelven contra el colonialismo español. Es una guerra absurda cuyo único fin es mantener las posesiones españolas en el continente africano para que los sulfatos, además de otros negocios que surten la bolsa de la monarquía y del corrupto conde de Romanones. Para ello se envía a los jóvenes de familias pobres que no habían podido conseguir las 1500 pesetas cuyo pago exime de ir al frente. Es una cantidad exorbitante en la época que solo los privilegiados pueden pagar. Años atrás se produjo el estallido de la Semana Trágica debido a la leva indiscriminada llevada a cabo en Barcelona, ante la que se levantaron las familias de los quintos. La sublevación fue reprimida por el sanguinario Martínez Anido, ensangrentando las calles de la ciudad. Todo ello no hace más que enfadar a un pueblo tan maltratado como poco atendido por los gobernantes monárquicos.

Las tropas españolas van mal pertrechadas al frente, pasan hambre y sobre todo sed, ya que no se cuida la infraestructura que les surte de lo necesario para el mantenimiento saludable de los soldados. El agua es acarreado por burros que atraviesan los montes rifeños. Son un blanco fácil y distinguible para los rebeldes que no tienen más que disparar a las bestias para evitar la llegada del ansiado agua; de esa forma, eliminando el agua, los soldados españoles morían o se debilitaban tanto que no podían luchar. El escándalo de la carencia de los suministros del ejercito llega hasta la prensa gracias a la aguerrida periodista Carmen de Burgos, que se implicó criticando los desmanes y corrupciones de unos generales que enviaban jóvenes a una muerte segura mientras se desviaban fondos de avituallamiento hacia los bolsillos de los mandos superiores. Tanto era el escándalo que se encarga al general Picasso realizar un informe sobre la corrupción de los altos mandos del ejército. El informe resultó tan escandaloso que fue archivado siendo una de las causas por las que Primo de Rivera dio el golpe de estado temerosa la monarquía de una revuelta popular de conocerse los resultados de las investigaciones de Picasso. Se tardó mucho tiempo en conocer la realidad del informe que demuestra la rapacidad del monarca, del conde de Romanones y de la elite aristocrática española que mantenía negocios mientras los jóvenes del pueblo se dejaban matar en las cabilas.

En esa tesitura, Carrero, es enviado al mando de un barco con el fin de proteger a los tercios españoles, cañoneando desde la costa a las tribus rifeñas. El Arcilla, realiza tareas de vigilancia y hostigamiento además de los sucesivos guardacostas, Cañamero y Cánovas del Castillo. En Acazargegur, Carrero está al mando del Arcila, durante 1925, ofreciendo apoyo logístico al ejercito de tierra, además de entrar en fuego de combate apoyando a las tropas de la Legión y de Regulares, cuyo mando ostenta un pequeño coronel de porte poco castrense y voz aflautada. En ese momento se conocen Luis Carrero Blanco y Francisco Franco sin intimar demasiado, tan solo mantienen un trato profesional. Poco después, el santoñés, participa protegiendo a las tropas en el desembarco de Alhucemas. Por todos esos servicios recibe la Cruz Roja del Mérito Naval y la Medalla de África

En 1927, durante una estala en Ceuta, estando al mando del submarino B-2, conoce a la que al año siguiente sería su esposa. Se trata de Carmen Pichot, mujer de gran belleza que le influirá de forma intensa durante toda su vida, además de protagonizar un suceso escabroso que viró la política española… pero no adelantemos.


Al poco de matrimoniar, Carmen comienza a parir hijos tal como mandaban los cánones de la época. Se dio la circunstancia de que el catorce de abril de 1931, Luis Carrero se encuentraba realizando prácticas de inmersión con un submarino en la costa cartagenera, por lo que desconocía las noticias que se desarrollaban en tierra, cruzándose en las aguas de Cartagena con un barco donde iba camino del exilio el rey Alfonso XIII, ante lo cual, Carrero, mandó formar en cubierta izando una bandera tricolor (alguien debió de enterarse del cambio y conseguirla, las fuentes no son claras en este dato) saludando de forma reglamentaria al monarca que huía de España.

El marino, siguió con su carrera durante la república y no se le conocen manifestaciones en contra del nuevo estado. Bien es cierto que Carrero durante toda su vida apenas no mostró conocimientos de política, o interés por lo que suponemos que no fue especialmente hostil al nuevo régimen.

El dieciocho de julio de 1936, la familia Carrero/Pichot vivían en Madrid, cuando se produce el golpe de estado deciden refugiarse en la embajada de México, poco después son acogidos por la de Francia, para después salir hacia San Sebastián donde deja a su familia eligiendo unirse al bando golpista. Las familias de los golpistas son protegidas por la fortuna de Juan March, por si el golpe no sale bien y los militares sublevados son arrestados. El magnate español costeaba los gastos de estancia y manutención en villas además de poner a disposición de cada unidad familiar un millón de pesetas de entonces.

Durante la guerra Carrero no protagoniza combates sangrientos, o de dureza extrema como muchos de los generales africanistas como Queipo de Llano, Yagüe, o Millán Astray. Tal que en sus anteriores servicios en Marruecos, sirvió de apoyo al ejército cañoneando costas y protegiendo buques golpistas de los ataques de la Armada republicana. Poco después de empezada la contienda, pasa a ser comandante del crucero Canarias sucediendo al que el luego fue ministro de Marina, Salvador Moreno Fernández que durante su mandato al frente del Canarias ha cañoneado sin piedad a la gente que huía por la carretera de Almería en lo que luego se llamó la Desbandá.

Finaliza la guerra de España, da comienzo la Segunda Guerra Mundial en la que Franco, entusiasmado por pasearse del brazo del Fhürer, quiere participar de forma activa . Las ganas del que ya entonces era Caudillo de España son espoleadas por su cuñado el exitoso Ramón Serrano Suñer, partidario de los nazis de forma total. A Hitler solo le interesaba de España los minerales que Franco enviaba a Berlín con generosidad para nutrir la industria bélica alemana, además de los contenedores con alimentos que salían de una España hambrienta, para pagar la deuda contraída durante la guerra civil. También es de interés para el Fhürer el estrecho de Gibraltar ya que la situación estratégica del dicho estrecho le permitía controlar a la Armada británica que les combatían en el norte de África. Los ingleses conocedores de las intenciones alemanas y conscientes de la importancia del dominio del estrecho contactaron con su embajador en Madrid y este a su vez con el taimando Juan March, con el fin de sobornar a los generales cercanos a Franco con enormes sumas de dinero que March cobraba y depositaba en un banco de Nueva York a nombre de los generales, quedándose él con un buen pellizco del soborno. Para conocer bien esta historia les recomiendo el libro Sobornos de Ángel Viñas, además de nuestro artículohttps://lapajareramagazine.com/malvados-del-mundo-juan-marcha-ordinas-capitulo-i donde explicamos los pormenores del soborno adjuntando el nombre de los generales implicados. Este informe se pudo realizar al desclasificar el gobierno ingles los documentos que prueban la falta de inocencia de quienes se llamaban patriotas y acababan de ganar una guerra supuestamente en contra de los valores representados por Gran Bretaña. Las cantidades entregadas a los generales eran millonarias por lo que los beneficiarios se prestaron a desaconsejar con firmeza a Franco una colaboración activa en la guerra en favor del Eje.

Lo que no era inconveniente para que Carrero se entusiasmara con lo que suponía el régimen nazi y fascista, tal como manifiesta en el siguiente discurso:
“Porque el Eje lucha hoy contra todo lo que es el fondo anti-España”. Esa “anti-España”, para Carrero, la representaban las democracias occidentales y la URSS: “Ha llegado a constituirse por una acción personal de Roosevelt, al servicio de las logias y de los judíos, es realmente el frente del poder judaico, donde alzan sus banderas todo el complejo de democracias, masonería, liberalismo, plutocracia y comunismo, que han sido las armas clásicas de que el Judaísmo se ha valido para provocar una situación de catástrofe que pudiera cristalizar en el derrumbamiento de la Civilización Cristiana”.
Como se observa en las palabras anteriores, Carrero Blanco, compartía con los nazis la fobia hacia los judíos, mostrando el claro antisemitismo hasta el final de su vida, uniéndolo al odio contra masones, rojos y demócratas. Les dejo un párrafo de su libro (sí, escribió libros también con seudónimo) que fue publicado en 1941 con el título España y el mar en el que realizaba una auténtica oda antisemita:

“España, paladín de la Fe de Cristo, está otra vez en pie contra el verdadero enemigo: el Judaísmo. Se trata de una fase más de la lucha que secularmente sacude al Mundo. Porque el Mundo, aunque no lo parezca, aunque en apariencia sus contiendas tengan su origen en causas muy distintas, vive una constante guerra de tipo esencialmente religioso. Es la lucha del Cristianismo contra el Judaísmo. Guerra a muerte, como tiene que ser la lucha del Bien contra el Mal, de la verdad contra la mentira, de la luz contra la oscuridad”.
Podemos comprobar que no andaba precisamente exento de fanatismo el luego almirante…
Los seudónimos utilizados por Carrero Blanco para dar luz a sus ideas fueron: Arriba. En Radio Nacional de España usaba el de Hispanus, también el de Ginés de Buitrago, Juan Español siendo el más célebre de todos, Juan de la Cosa, haciendo honor a su paisano de Santoña. Bajo esas falsas identidades arremetió contra las naciones democráticas, los judíos e incluso cuestionó las condenas impuestas en Núremberg a los líderes nazis, tachándolas de “crimen” y de “venganza”(1)

También extendía su desprecio al sufragio universal, y por ende a las mujeres, dejando estas perlas en uno de sus discursos:
“Utopía es, y enorme, el suponer que todos los hombres (y hasta las mujeres) de una nación están capacitados para exponer su opinión, en sufragio universal, sobre cómo debe gobernarse su país”.
Eran muchas las voces que buscaban la neutralidad de España en el conflicto mundial, en contra estaba el citado superministro Serrano que hizo de su afinidad personal al nazismo cuestión de Estado y la postura dubitativa de Franco al que le apetecía mostrarse en pandilla con los dos tiranos que pretendían dominar el mundo creando una sociedad fascista, donde la raza fuera el cedazo por el que pasarían muy pocos.

Carrero Blanco fue consultado escribiendo un nombrado informe a favor de la neutralidad (2). No es que el marino desarrollara una elaborada teoría política o una proclama sofisticada en favor de la paz. Al contrario, todo el staff que rodeaba al dictador español provenía de la guerra colonial en el Norte de África, donde compitieron con los nativos en crueldad, sadismo y afán guerrero pero sin mayor mérito estratégico. Los rifeños luchaban por su supervivencia, por su tierra y los militares españoles por robarles lo suyo. Por tanto carecían de valores de paz, humanidad ni teorías políticas sofisticadas. Lo que Carrero desglosó en los puntos que hizo llegar a Franco, eran simples precisiones de una realidad cruda. España tenía un ejército casi inexistente, después de la guerra. La deuda contraída con Italia y Alemania se llevaba los mejores cultivos, los minerales preciados, por lo que el pueblo, salvo la minoría que rodeaba el poder fagocitando favores, prebendas y chanchullos varios, moría de hambre. Esto no es una frase, era algo literal. Se imputan alrededor de 250.000 muertes al hambre durante los años cuarenta y parte de los cincuenta. ¿Qué ejercito podía prestar Franco al Eje? ¿Qué posibilidades tenía una España depauperada y con deudas enormes de propiciar una industria bélica que propiciara la participación de nuestro país con cierta equidad?

Pragmatismo un tanto garbancero es lo que aportó Luis Carrero Blanco en dicho informe aunque sopesa de forma pragmática las escasas ventajas y los múltiples problemas que supondrían para España participar en la guerra mundial. Al leer el informe se ve que las deficiencias mentales del dictador fueron deslumbradas por el sentido común de Carrero que no se dejó deslumbrar por los oropeles del triunfo seguro del Tercer Reich. Y esto define bien al personaje. Nada brillante ni osado ocurre en su vida política, quizá sea dicho informe el culmen de la misma, el resto de su tiempo dentro del staff político de la dictadura consistió en ser la sombra que mecía la mano del dictador. Carrero no era más que un personaje gris, con escasa inteligencia y nula brillantez salvo para sus tareas dentro de la Armada , sumiso hasta la humillación ante quien consideraba su jefe directo (Franco) y presto a servir sin critica. Todo lo cual le hizo acreedor del aprecio instantáneo del Caudillo.

Llegado el triunfo de los Aliados, la consigna es obviar la ideología nazi que les impregnaba. Y no es que Carrero ni el mismo Franco, hubieran evolucionado en las ideas políticas de los primeros tiempos de apoyo, convencidos y en comunión con el ideario nazi, como demuestra el amparo que el régimen tuvo con los nazis huidos de las cazas que se realizaban para llevarlos a Nüremberg. El propio Carrero amparo de forma especial a los siguientes: Alfred Menzell, Joaquim von Knobloch y Kurt Meyer.

El consejero de Franco justificó así, ante el ministro de Asuntos Exteriores, la necesidad de salvar a uno de ellos: “Su inclusión en la lista debe ser un error de funcionarios y creo que procede en justicia rectificarlo, máxime cuando se trata de una persona que combatió por nosotros en nuestra guerra”. Carrero mantuvo buenas relaciones, durante décadas, con estos y otros nazis afincados en España como el celebre y asentado en España (Standartenführer (Coronel de las Waffen-SS).Otto Skorzeny.

A partir de ese momento, comenzó una nueva vida para ambos, Franco le llamó al Pardo, formando hasta su muerte un tándem indivisible que trascendió a los variados gobiernos, a los colores de dichos gobiernos –quien diga que el franquismo fue monolítico y ordenado no tiene idea de las puñaladas, traiciones, conspiraciones y odios larvados que se dieron entre las diversas facciones del régimen—
Por un lado estaban los falangistas que imponían las esencias fascistas del fundador, el mitificado por el propio Franco, José Antonio. Estos recibieron la primera puñalada cuando, en movimiento simplificativo, el dictador unificó los diferentes partidos fascistas creando Falange Española y de las Jons. Por otro lado, había monárquicos que apoyaban la vuelta a la monarquía; cierto es que no eran muchos porque no soplaban vientos favorables a un Borbón tan desastroso que ni tan siquiera apreciaban quienes le defendían. La iglesia, en cambio, fue un poder emergente que dio al vacuo Franco cierta consistencia ideológica. Los carlistas eran otra fuerza de cierta importancia ya que lucharon en la guerra y aspiraban a su parte del poder.

Durante el periodo en que Serrano mantuvo el poder infinito como ideólogo, cuñado, amigo de nazis y mente organizadora del gobierno, los falangistas mandaban en las filas del Pardo, incluso seguían creyendo en la “revolución pendiente” prometida por José Antonio en uno de sus afanes retóricos, tan falsos como el amor que decía tener al pueblo, desde su torre de marqués, abogado de la aristocracia y mimado por la burguesía.

Durante los primeros años de la postguerra y los primeros también de la Segunda Guerra Mundial, la luminosidad del cuñado falangista del Caudillo, amigo de José Antonio (fue padrino de su boda con la hermana de Carmen Polo) que visitó numerosas veces Alemania estrechando lazos en los aledaños del Hitler y todo el poder nazi. Fue el tiempo en que los falangistas tenían un poder omnímodo en el régimen ya que toda la mediocridad que adornaba a Franco se contrapesaba con la brillantez intelectual de Ramón Serrano Suñer, cuya prestancia física (Jamón Serrano, le apodaban en Madrid, conocidas sus conquistas entre la aristocracia aunque seguía engendrando hijos en su esposa Zita Polo como si temiera que el mundo finiquitase) además de un carisma personal deslumbrador que acentuaba con sus perfectos trajes de falangista de pro. Lo que ocurre es que la guerra mundial se escoró hacia los aliados. Es cuando Serrano va perdiendo sitio, porque Franco, pragmático como pocos, se da cuenta de que no es la persona que deben ver los aliados cuando ganen la guerra. Además, el conquistador Serrano se sale del tiesto de formalidad aparente que la misantropía impuesta por los Franco en el Pardo con aventuras erótico-festivas que dieron lugar al escandaloso embarazo de la marquesa de Llanzol. A todo ello le sumamos los celos que doña Carmen sentía por el brillo del cuñado frente a la oscura figura rechoncha y ridícula de su marido. Se cuenta la anécdota de que la niña Carmencita, en una ocasión preguntó a su padre por qué mandaba tanto el tío Ramón a lo que a la señora del Pardo, conocida por su amor a joyas ajenas, montó en cólera y decidió convencer en la alcoba a su Paco de que mejor se deshiciera del infiel Serrano ya que su brillo suponía la opacidad del Caudillo de las España.

Cae del gobierno Serrano llevándose consigo el influjo falangista que ya andaba en declive después del enfrentamiento casi numantino de Manuel Hedilla al decreto de unificación (año 1937). Domado Hedilla por estancia en la cárcel y por subsistencia, fueron los sucesos ocurridos en la iglesia de Begoña el detonante del descredito falangista. Franco, al enterarse de dichos sucesos montó en cólera decidiendo tener bridados a los falangista desmontando una a una las esperanzas del populismo fascista de los adeptos joseantonianos.

Durante una celebración religiosa en la iglesia de Begoña el joven falangista Juan José Domínguez Muñoz lanzó una granada contra los carlistas presentes. Quien también se encontraba en el acto era el ministro del Ejército, general Varela. Hasta ahí se podía llegar, debieron pensar los gerifaltes que habían ganado una guerra al comunismo internacional, a masones y a judíos perversos, para que ahora se atentara contra la paz nacional por parte de los mugrosos falangistas que si bien sirvieron en un primer momento para dar consistencia ideológica y para limpiar de rojos la península llenado de asesinados las fosas de España, ahora se habían convertido en lastre y molestia.
Continuará…
María Toca Cañedo
(1) Fragmento de «Juan de la Cosa» (Luis Carrero Blanco)
«Se ha querido dar una sensación de justicia al mundo con el proceso de Núremberg, pero Núremberg no ha sido más que una farsa y una monstruosidad jurídica. El primer principio del Derecho es que no hay delito ni puede haber pena sin una ley previa que lo determine (nullum crimen, nulla poena sine lege). En Núremberg, los vencedores han dictado leyes ex post facto para juzgar a los vencidos según sus conveniencias políticas.
Pero la hipocresía alcanza su grado máximo cuando en el banco de los jueces y de los acusadores se asientan los representantes de la Rusia soviética. ¿Con qué autoridad moral puede juzgar el comunismo a nadie por crímenes contra la humanidad, cuando el régimen de Moscú ha basado su existencia en el terror, en las checas y en la aniquilación de millones de seres humanos? Los mismos que ordenaron la matanza de miles de oficiales polacos en el bosque de Katyn pretenden hoy firmar sentencias en nombre de la civilización cristiana y del Derecho internacional.
Núremberg no se ha hecho para castigar el crimen, sino para castigar la derrota. Si las armas hubieran dado la victoria a las potencias del Eje, en el banco de los acusados estarían hoy sentados Truman, Churchill y Stalin, y se les juzgaría por el bombardeo de Dresde o por la destrucción atómica de Hiroshima con los mismos argumentos que hoy se emplean contra los generales alemanes.»
Obsérvese la desvergüenza ante el argumento utilizado de la creación de leyes a posteriori, sin darse por aludido lo realizado durante la postguerra donde se juzgaba con leyes creadas ad hoc de justicia inversa.
(2)No hemos conseguido el informe en su totalidad. Pasamos un resumen y un análisis del mismo:
El problema de la economía y el abastecimiento europeo
En los primeros puntos del informe, Carrero Blanco analiza cómo el conflicto ha cambiado y la asfixia económica que sufriría el continente (y España) si quedara totalmente aislado del comercio americano:
«Al alargarse la guerra, y dada la actitud de solidaridad de los EE. UU. respecto a Inglaterra, el problema militar del Eje queda, en cierto modo, en un segundo plano respecto a la importancia del problema económico de Europa entera. Se hace necesario, indudablemente, que Europa pueda vivir prescindiendo de los recursos de ambas Américas, todo el tiempo que sea necesario hasta la terminación de la guerra y para ello es indispensable proceder a una profunda reorganización económica del viejo mundo…»

El Canal de Suez como condición indispensable (Puntos 7 y 8)
Este fragmento es el núcleo de la argumentación para justificar por qué España no podía dar el paso de entrar en el conflicto en ese momento:
- – «Parece desprenderse de éstas que, por una razón casi de imposibilidad material, España no intervenga en la lucha en tanto que el canal de Suez esté en poder de los ingleses.»
- – «Ahora bien, el día que el canal de Suez sea ocupado por las potencias del Eje, la situación cambiará completamente de aspecto…»
Las consecuencias de una intervención prematura (Puntos 11 y 13)
Carrero Blanco detalla con crudeza lo que le ocurriría a la geografía y las posesiones españolas si el país se declarase beligerante frente a la superioridad naval británica:
- – «La situación, en tal caso, sería, en su aspecto general, la siguiente:
- a) Nuestras comunicaciones marítimas por el Atlántico quedarían absolutamente cortadas e incomunicadas las Canarias y Guinea con la Península.»
«[…] España quedaría con su litoral cantábrico-galaico y del golfo de Vizcaya en vanguardia del dispositivo europeo, y con Canarias y Guinea fuera del mismo y sin enlace posible con la metrópoli.»
- – «Nuestro litoral del Atlántico quedará expuesto a los ataques…»

La vulnerabilidad de la Armada (Fragmento sobre la defensa de Canarias)
En el cuerpo del informe se analiza el peligro de enviar barcos españoles a defender el archipiélago canario sin apoyo de artillería de costa pesada, calificándolo de misión suicida:
«Destinar fuerzas ligeras y en escasísimo número como las nuestras para rechazar un ataque de acorazados, es destinarlas a ser destruidas sin rendir lo más mínimo a la defensa o a la ridícula actitud, que no se soportaría fácilmente, de permanecer en puerto siendo blanco de las iras de la gente que por lo general no entiende de las cosas de mar…»
El impacto en los recursos vitales (Punto 16)
El informe también advertía del colapso de sectores alimentarios estratégicos debido al bloqueo marítimo:
- – «La pesca, aspecto sumamente importante para nosotros, quedaría notablemente perjudicada y limitada, aun con riesgos, a las proximidades de la costa; pues sin poder naval no puede protegerse la explotación de las riquezas del mar…»

Deja un comentario