Vengo observando que desde hace unas semanas la vieja cantata de las denuncias falsas torna, como el turrón, por Navidad. Basta que un periodista mediocre con el narcisismo elevado y ganas de medrar a cualquier precio haya sacado un libro, falaz y trolero donde los haya, para que se vuelva con la matraca.

David Jiménez, un grande del periodismo a quien admiro, entrevistaba el otro día en el podcast que realiza, a Torbe; el tipo admitió en su proceso delitos de abuso a menores (según él porque le dan miedo los jueces, porque si le tocaba una jueza feminista…ta ta ta) Un tipo que confiesa en la entrevista que la policía le encontró un disco duro ¡solo! con treinta fotos de imágenes de pederastia. Solo treinta, dice. Como si una no fuera demasiado. Torbe, responde a Jiménez en un tono victimizado afirmando que las denuncias presentadas por todas las chicas eran mentira. Y que la que se demostró que era menor, fue porque le engañó con un DNI falso. Que le quieren mal, por lo visto. Todas. Con lo majo que es él… más bueno que el pan. Claro que la entrevista comienza con una frase que ya define el resto de la conversación: “soy un hedonista, me gusta la comida, la bebida, las mujeres…” Como si el total del mundo femenino fuera algo para ser degustado como una pierna de cordero o un buen Rioja. De ahí en adelante, in crescendo. El buen profesional que es David Jiménez queda un poco malparado en la entrevista porque una supone que, ante las burdas respuestas, ante el desprecio que muestra por las mujeres, un tipo bien informado en feminismo (aunque no lo sea, simplemente bien informado) debió repreguntar con más contundencia.

Otro podcast famoso, el de Alex Fidalgo, entrevistaba al autor del libro, Juan Soto Ivars, que ni tan siquiera se toma la molestia de falsear datos. No los aporta. Argumenta la lumbrera para demostrar su tesis de que existe un ¡30% de denuncias falsas! hace un compendio de los casos que él conoce. De sus amigos. Es decir, de la anécdota saca conclusiones plurales. Tal como pueden ustedes encontrarse en la barra del bar del barrio cuando afirman que “conozco yo a uno que la pécora de la mujer le acusó y era mentira” entre tragos de sol y sombra. Tiempo hace que un periodista muy celebrado en la izquierda con columna fija en Público, me discutió hasta el insulto con el mismo argumento. La anécdota elevada a la cumbre de estadística fehaciente. Y así vamos.

Siempre he afirmado que el machismo es transversal, atraviesa de la misma forma a la izquierda, a la derecha que al centro. Siendo más visible en la izquierda porque en los ámbitos de la derecha queda disimulado por un paternalismo feroz. Sobra nombrar los casos brutales que han salido de las filas de un partido tan eminentemente sensible con el feminismo como el PSOE. Quienes andamos en esas, lo sabemos y lo padecemos.

En todos los casos que les cuento es común y repetido el argumento de “denuncias falsas” victimizando a los “pobres” hombres que se ven con la vida destrozada por una mujer que miente, por policías que las hacen caso, por leyes protectoras y desiguales para ellos, por una judicatura tan, pero tan feminista, que siempre da la razón a la mujer. La misma monserga que no por más repetida resulta cierta, pero con altavoz de los medios y de periodistas cómplices resulta infamante. Y sí, digo periodistas cómplices de la violencia machista.
A la vez que se presentaba el libro del periodistillo en sitios de gran audiencia y hablaba Torbe, justo en esos tres días, cuatro mujeres han sido asesinadas por la violencia que niegan.

La pregunta es ¿Qué dirían ustedes si David Jiménez y Alex Fidalgo hubieran entrevistado a un defensor de ETA mientras, por ejemplo, Ortega Lara o Miguel Ángel estaban secuestrados? ¿Hubieran clamado por la libertad de expresión? Que quede claro que no abogo por negar el derecho a entrevistar a infames siempre con la condición de ser un periodista bien informado, critico y que repregunte con datos y firmeza y no que se haga un entrevista vaselinada y cómplice.

No sé si recuerdan ustedes un caso antiguo. Se trata de la historia de José Antonio Rodríguez Vega, apodado el Mataviejas de Santander. Este sujeto fue condenado por violar y asesinar al menos a dieciséis mujeres ancianas en los años ochenta del pasado siglo. Se piensa que bien pudieran ser diez más. El tipo se aprovechaba de la fragilidad de mujeres mayores que vivían solas, a las que ayudaba con la compra, les arreglaba cosas en casa hasta hacerse fiable y cometer la barbarie. El ensañamiento y las torturas a las que las sometía se las ahorro porque no tienen cuento añadir oscuridad a unos hechos dolorosos. Fue juzgado y condenado en 1987.

Anteriormente, a principio de los años setenta, Rodríguez Vega, había sido acusado y condenado por violación, abuso y maltrato por una cuantas mujeres. El tipo conducía una Vespino por el pueblo de Monte, seguía a las víctimas acosándolas y en algunos casos consumando la violación. Eran los años setenta, como digo, cuando los actos de abuso y violación que nos infringían se juzgaban poco y mal. ¿Cómo ibas vestida? ¿le provocaste? ¿qué hacías a esas horas? eran argumentos que hacían desistir a las víctimas de denunciar. Existía una ley que, si la denunciadora perdonaba al denunciado de inmediato se anulaba el delito aunque estuviera condenado porque el estado no actuaba de oficio.

José Antonio Rodríguez Vega, eran un encantador consumado . Cuando la justicia le condenó a quince años por los primeros delitos , porque unas pocas se atrevieron a denunciar, se dedicó desde la cárcel a escribir a las víctimas y a sus familias solicitando su perdón, arrepentido y contrito prometiendo que se trataría y que jamás de los jamases reincidiría.
Algunas de las víctimas picaron el anzuelo (se sorprenderían la cantidad de denuncias que se quitaban de esa forma porque las presiones y amenazas eran en muchos casos contundentes) retiraron la denuncia y el tipo que, luego fue el Mataviejas, salió libre de la cárcel después de una mínima condena… De haber tenido las leyes actuales, es muy posible que las dieciséis o veintiséis viejitas asesinadas por el Mataviejas hubieran vivido un tiempo más y muerto cuando las correspondía.

Si les cuento este caso extremo es para demostrarles la importancia de tratar a la violencia machista con la justa contundencia. Sin punitivismos extremos, por supuesto, pero respetando los condicionantes que estos viles delitos contienen. Hay expertos/as que han estudiado a fondo los sesgos patriarcales que han anidado en las mentes de tipos machistas y agresivos que odian a la mujer por serlo. Hay estudios muy serios que avalan la justicia de unas leyes que protegen a la víctima respetando la declaración de las denuncias a la vez que no anulan de ninguna forma la presunción de inocencia sino que exigen claridad debido al sesgo que dichos delitos tienen. De forma constante se elevan las voces expertas negando que haya más denuncias falsas que en cualquier otro delito, al contrario, afirmando que son menos. Pero a estos carcamales que lloriquean porque se sienten desprotegidos de las brujas que malmeten contra ellos, los datos y las afirmaciones de expertos se los pasan por el forro escrotal.

Estamos en un aire pensando que quizá en las próximas elecciones salga con suficientes votos un partido que niega la violencia machista, y es altamente probable que haga retroceder el Código Civil a los años setenta, cuando fue posible que el Mataviejas saliera impune de sus primeros delitos y matara durante años mujeres indefensas. Es muy posible que los incels que hoy son entrevistados por periodistas o podcasters “independientes” se lamenten entonces de que alguna mujer cercana sufra las consecuencias del retroceso.

¿Existen denuncias falsas? claro, como existen sobre robos, accidentes y demás delitos, pero hacer de la excepción norma, es tan peligros como que se frivolice sobre el terrorismo machista que lleva desde el uno de enero de 2003 hasta el diecisiete de noviembre de 2025, 1333 mujeres asesinadas. A las que podemos añadir los últimos crímenes machistas.
¿De verdad es posible que gente supuestamente seria se preste a frivolizar sobre tamaña lacra?
¿Se hubieran atrevido a negar o justificar la paternidad de la violencia terrorista en tiempos de ETA?
María Toca Cañedo©

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