Eso de levantarte con la tensión de si sí o si no, después de una prueba médica a medianoche da para mucho. Verán. Ni café, oigan, porque no había tiempo. Las citas de la Sanidad Pública para pruebas de Resonancia son como son y regresé a casa el domingo (ya lunes) de madrugada.

Atolondrada mientras me acicalo para asistir a la tertulia de Arco FM, escucho el discurso del presidente. El dictador que convoca elecciones, pero no voten por correo que es mal. Dicen los/as expertas en dictaduras porque se criaron al amparo de un abuelo que la alimentó a biberón. Ya saben, el Fraga ese que fundó el partido pero antes fue mano derecha del Caudillo, el de la España una y trina y que de haberle insultado en la tele les hubiera preparado un consejo de guerra fetén para, a continuación, pasar a engrosar el salpicón sangriento de un muro de cementerio y luego a engordar la fosa común, que para eso están. Para llenarlas de rojos.

Total que, con un cacao caliente, ducha rápida y eyeliner torcido sigo escuchando el discurso a ver si sí o si no. Pues fue que sí. Elecciones el veintinueve de noviembre. Menos mal, me digo, porque una anda agotada de tanto requiebro “convoque elecciones, dictador, Pedro Sánchez hijodeputa” Y ya estaría. Espero.

Que se callen, por dios, me digo. Que hagan campaña, ganen si cuadra y gobiernen igual de bien para los suyos (ricos en general, fondos buitres, banca, consorcios financieros) mientras se llenan los bolsillos, como siempre han hecho en nuestra gélida España que respira de milagro y sufre mal de derechura patria. Que ganen y nos encharquen el país de fondos buitre, que expolien las pocas viviendas vivibles que quedan en las ciudades, incauten todo lo que huela a cultura y lo trasformen en bienes de consumo. Que ganen y recorten tanto la sanidad pública que tengamos que hacernos amputaciones en vez de tratarnos como es debido. Que ganen y recorten derechos, o no los recorten, pero los dejen sin fondos para que abortar sea caro, solo para ricas como siempre porque ellas son católicas y luego se confiesan. Los gais se seguirán casando porque dentro del armario, por muy ultra que seas, se está incomodo y no cunde. Del divorcio otro tanto, que es chulo cambiar de moza de vez en cuando y algunas se ponen tontas con eso del casorio.

Total, que la moral de la derecha siempre fue tan laxa como hipócrita, eso lo sabe dios por tanto lo perdona. No eliminarán leyes, solo las dejarán sin presupuesto que viene a ser lo mismo pero se nota menos.
Turismo, turismo a cascoporro. Nada de vivienda para vivir. Nada de hogares cómodos y dignos. Vivienda precaria y con duración limitada. Y si no estás contenta, emigra, que aquí hay que hacer dinero a todo tren.
Ah, y de los inmigrantes ¿qué? Pues que sí porque al fin son sumisos y se pliegan a trabajar mil horas y no conocen la existencia de sindicatos. Para eso tenemos a los grupos evangélicos que les convencen de que dios está en todas partes y cuanto más sufran más y mejor cielo tendrán. Pero sin regularización, que eso destruye la patria. Extranjeros ilegales y currantes. De esos muchos. Al que chiste, a la frontera y sin miramiento. Que siguen las concertinas puestas en el puerto santanderino gritando que aquí se ama a la patria.

A la patria del dinero, queremos decir.
Y no voten por correo, dice la tarada de Madrid. Ratifica Abascal. Feijoo no contradice a ninguno de los dos, porque no puede y eso que fue durante años director de Correos. O se hizo trampa cuando mandaba él o sabe que la Quironesa miente cual bellaca. Lo segundo es más certero, pero ni una voz porque le cuentan que anda mosqueada por lo del ático y afila puñal y aprieta soga. En Génova se huele el miedo que llega desde Sol.

Para entonces ya estoy en la radio. Y se habla de ello, confieso que con pocas ganas porque hay cosas más urgentes. Recrimino sin acritud a Sócrates por esa nota principal del Diario Montañés del domingo. Noticia prioritaria un premio de lotería, no la manifestación masiva que nos sacó a las calles tronando “Fuera fascistas de nuestras calles” y clamando por la vivienda digna. El pobre chico calla, no es su culpa, solo es asalariado de una prensa suavona al poder, nula critica y mediatizada con quien manda. El poder de verdad, el que manda de verdad. Los de Vocento, ya saben. Ana me responde que no hay censura, claro, le digo, ya sabéis qué decir y qué callar para poder cobrar y pagar hipoteca, alquiler o chabolo donde echar cabezadas nocturnas. Censura implícita, se llama.
Asiente.

Hay elecciones. La oposición habla. Que se acaba el desiderátum, recitan como un mantra. Que malo el Perro, convoca elecciones cuando le conviene a él, dicen…María José Sáenz de Buruaga (si la presidenta de Cantabria que nadie conoce y bien que hacen) afila su mirada de gata por encima del promontorio nasal que la adorna y repite la misma arenga. Ha recibido hace un ratín el argumentario de Génova y le sigue a rajatabla.
Buena sierva.
Se acabará la plaga comunista. Se acabará el ciclo del chavismo…Pero no voten por correo que no vale.

Hago un poco de cotorreo con los compas de la radio y salgo pitando para el Ágora. Me espera la compensación a los sinsabores de la mañana. Elsa Osaba. Ustedes posiblemente no la conozcan –les prometo que seguiré hablando de ella—Me espera en la puerta porque a pesar de correr llego tarde. Quiere ver nuestro nido de Memoria y se lo muestro con orgullo. Luego nos sentamos en el saloncito del Ágora, rodeadas de plantas mientras una solanada nos acalora y comenzamos a hablar.
Elsa Osama, es hija, nieta y sobrina de asesinados por la represión fascista. La abuela –me cuenta– sale de, Leciñena, un pueblito de Aragón, en camisón y descalza. Llega a Barcelona mientras caen bombas. Años después a uno de sus tíos le matan los perros de Mauthausen porque protestó y los señores nazis azuzaron a la manada para acabar con él. El abuelo es gaseado en Gusen. Otro tío en Hartheim sirvió para experimentar a los galenos nazis. Asesinado también.

Años después, su padre es machacado en la amable Francia porque la familia Osaba es de las indomables, de las que luchan por la libertad cueste lo que cueste. Y a Elsa, de hablar suave con un mínimo arrastre reminiscente de su francés de niña, le pesa la saga y quiere resarcirla. Habla de represiones. Y de traiciones. Y de lucha, de mucha lucha. Formó parte de la Querella Argentina, de Amical. Es mosca cojonera que suele intervenir cuando escucha discursos conciliadores y buenistas que la ponen enferma. No hay que claudicar, asentimos las dos. Como la entiendo. Enseguida nos identificamos ambas como moscas cojoneras y poco amigas del poder. Y eso une. Mi admirada Elsa tiene que irse y no me queda mucho tiempo para escucharla.

A Elsa, le habló del Ágora, Manuel Blanco Chivite, que estará dentro de unos días con nosotras. Manolo presenta un libro del que también les hablaré y que leo a trozos porque es tan amarga su lectura como nuestra historia. ¡Qué bien escribe! y que dolor hay entre las hojas de los magníficos relatos. No ganará premios literarios porque para hablar de la guerra, de memoria hay que realizar mucho subterfugio para que no huela, para que la sangre, el sudor, la rabia se diluya entre ripios e imágenes bellas. Y a Manolo como a Elsa, no le van los subterfugios.

No ofendamos demasiado nos dicen las autoridades ad hoc de la Memoria.
El día continua, pero el ensalmo de la voz de Elsa Osaba me cura del griterio de unas elecciones que llegarán en noviembre y para Navidad, si los hados electorales no lo remedian, tendremos gobierno ultra en Moncloa.
Llevo a Elsa a tomar el tren. Nos despedimos deprisa y quedamos para más. Más conversación, querida Elsa, más cosas que me tienes que contar. Más calma y más lucha como la tuya, mujer indomable que has llegado a mi vida y espero que no salgas.

Tengo que descansar. Tengo que respirar, pero no puedo porque esta realidad obscena en la que nos movemos me arremolina a cada rato y no me deja pausar.
Intenten pensar qué todo pasa, que si ganan ellos volvemos a las calles, a levantar barricadas para defender los derechos y avanzar. Intentemos pensar que tenemos relevo en esa gente bonita que pernocta bajo quechuas y representa la dignidad de una España enmoñigada y macerada por un capitalismo cutre en franca descomposición.
Y respiremos porque queda camino.
María Toca Cañedo©

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