Nacido en Fráncfort, 1967. Infancia en la Sudáfrica y Namibia del apartheid: su padre, en una mina de uranio con mano de obra negra semiesclava, ayudaba en secreto al programa nuclear del régimen. Colegio solo para blancos en Swakopmund, donde aún se oía “Heil Hitler”. De adulto, en Stanford, defendió el apartheid. Tres pasaportes: Alemania, EE.UU. y Nueva Zelanda, este último ligado a un escándalo por comprar tierras allí como refugio ante un colapso global. Casado desde 2017 con Matt Danzeisen.

Cofundador de PayPal: le arrebató el control a Elon Musk con un golpe de sala de juntas mientras este estaba de luna de miel. Primer inversor de Facebook. De la “mafia PayPal” salieron también LinkedIn, Tesla y SpaceX; Thiel es además fundador o inversor en Airbnb, Stripe, Neuralink y OpenAI. En 2007, Gawker lo reveló como gay sin consentimiento; pasó nueve años planeando venganza hasta financiar en la sombra la demanda de Hulk Hogan, que quebró a la revista en 2016.

2009: “ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”, culpando al sufragio femenino y al Estado del bienestar. Ante las críticas, “aclaró” que sería “absurdo” quitarles el voto a las mujeres, pero remató: “tengo pocas esperanzas de que votar mejore las cosas”. Financia a Curtis Yarvin, que quiere sustituir la democracia por un CEO sin elecciones y lo llama “plenamente iluminado”; su aliado Marc Andreessen publicó en 2023 el “Manifiesto Tecno-Optimista”, que varios críticos llaman directamente tecnofascista. Fichó, presentó a Trump y financió con 15 millones a JD Vance, hoy vicepresidente de EE.UU. Al menos cinco personas de su círculo —Vance, Sacks, Musk, Barbaccia y Kratsios— ocupan cargos clave en la Administración estadounidense.

Palantir: fundada en 2003 con capital de la CIA. Participó en la operación contra Bin Laden. Alimenta ataques con dron casi sin intervención humana. Desarrolló para el ICE la plataforma ImmigrationOS, que cruza domicilios entregados para sanidad pública con bases migratorias. Gestiona los datos del NHS británico (330 millones de libras) y tiene contratos de Defensa con Alemania, Francia e Italia. Un diputado francés la acusó en la Asamblea Nacional de “tecnofascismo”; en Alemania, una petición ciudadana pidió frenar su uso policial citando a Thiel, y el Chaos Computer Club alertó del riesgo. Francia, Alemania y España intentan ahora reducir su dependencia. En 2016, el Departamento de Trabajo de EE.UU. la demandó por discriminar a candidatos asiáticos. En enero de 2026, tras morir un enfermero a manos del ICE, la empresa borró los mensajes internos de empleados que cuestionaban esa relación. Poco antes, su cuenta oficial en X publicó un manifiesto de 22 puntos, nacionalista y militarizado, que avergonzó a su propia plantilla. Amnistía Internacional había alertado en 2020; MSCI le da 2 sobre 10 en libertades civiles.

Su obsesión real es teológica: cree que la humanidad está atrapada entre el Armagedón y el Anticristo, un gobierno mundial que exigiría nuestros derechos a cambio de salvarnos; para él, regular la IA es ya “un heraldo” de ese Anticristo. En marzo de 2026 dio conferencias privadas sobre esto en Roma, tan incómodas que dos universidades católicas negaron cualquier vínculo. En mayo, el papa León XIV publicó su primera encíclica advirtiendo contra el “tecnofascismo”. En julio, en el Aspen Ideas Festival, Thiel respondió acusándolo de “trabajar para los comunistas chinos”, ante risas del público. En 2025 dudó, en una entrevista al New York Times, sobre si prefería que la especie humana sobreviviera. Es, además, cofundador de la empresa cuya inteligencia ayudó a justificar la guerra contra Irán, de la que es accionista y beneficiario directo.
El mismo hombre construye, desde hace veinte años, el ojo con el que hoy vigila, financia y rediseña la política de medio planeta.
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Juan González Posada.
Fuentes:
El Orden Mundial, La Nación, eldiario.es, Wikipedia (inglés), El Grand Continent, Vatican News, Fortune, Euronews, Xataka, NBC News, Antimafiadosmil.

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