José María Figaredo Álvarez-Sala, diputado y secretario general de Vox, lleva días insistiendo en que a los inmigrantes de Ceuta hay que “cazarlos uno a uno y devolverlos”. Se le ofrecieron alternativas en directo, identificarlos, detenerlos, localizarlos, y las rechazó todas. No es un desliz aislado: ya en 2015 escribió que los refugiados sirios traían “enfermedades” consigo.

Tampoco es la primera vez que usa ese lenguaje. Días antes había resumido su posición sobre los más de 70.000 migrantes llegados a Ceuta en una sola frase: “Son invasores. Hay que cazarlos y devolverlos a todos a Marruecos”. Reclamó además desplegar al Ejército y prescindir de las garantías legales que él considera papeleo innecesario: identificar a cada persona, proteger a los menores, estudiar las solicitudes de asilo, evitar las expulsiones colectivas. Y ha descrito la crisis migratoria como el inicio del declive de Europa, sin dejar demasiado margen de interpretación sobre lo que quiere decir con eso.

Conviene recordar, además, de dónde viene el apellido y de qué familia procede. No es un topónimo cualquiera: se adoptó a comienzos del siglo XX, sustituyendo al demasiado común Fernández, para fundirse con la mina que la familia explotaba en el valle del Turón, en Mieres. Su abuelo, José María Figaredo Sela, dueño de aquellas minas, fue retenido por los propios trabajadores en un castillete durante el conflicto de 1978, cuando la empresa dejó de pagarles. Por la rama materna es, además, sobrino de Rodrigo Rato, condenado por corrupción, cuyo propio padre pisó la cárcel en 1967 por sacar dinero a Suiza, antes de que Franco lo indultara.

Ninguno de estos datos vuelve a nadie cazador por herencia. Pero sí trazan una continuidad que el diputado prefiere no mencionar: una familia a la que sus propios mineros tuvieron que retener para que pagara lo que debía produce ahora, dos generaciones después, a quien exige perseguir “uno a uno” a los que llegan sin nada, prescindiendo de cualquier garantía que pudiera protegerlos. Antes eran los mineros quienes se plantaban ante el patrón. Ahora son los inmigrantes quienes se cazan. El apellido es el mismo; solo ha cambiado quién está abajo.
Juan González Posadas.

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