Cortes de Castilla y León, 20 de julio. El consejero de Cultura promete no dar «un solo euro público» a quienes promuevan «la Leyenda Negra y el autoodio». Boletín Oficial, 9 de octubre: las ayudas al cine, 325.000 euros, excluyen las obras que «impliquen adoctrinamiento ideológico». Sin definición, sin baremo. Lo decidirá la Junta; es decir, el consejero.

José Alberto Díaz Pico, 1968. Derecho, Cuerpo Jurídico Militar desde 1996, asesor jurídico de la Guardia Civil y del contingente español en Afganistán. Desde 2008, funcionario de la Junta: Empleo; coordinador de servicios en la Dirección General de Políticas Culturales de 2013 a 2022; técnico de Deportes de 2024 a 2026. Su currículo oficial en las Cortes no recoge estudios de Historia, Arte, Filología ni gestión cultural. Ni un libro, ni una exposición, ni una palabra pública sobre cultura antes del cargo.

De 2022 a 2024, número dos de Mariano Veganzones, el consejero de Industria de Vox llamado «el azote de los sindicatos». Él, en el despacho: «la mano que mecía la cartera», según una columna del Diario de Valladolid. Una de sus pocas apariciones: Parlamento Europeo, marzo de 2024, para defender el recorte de 20 millones a los sindicatos y no pagar más «la fiesta de los sindicatos». Vox sale del Gobierno; él vuelve a Deportes. Año y medio después, cabeza de lista. El 15 de junio, consejero de Cultura.

El hombre gris de pocas ideas, y grises. Lo gris es también el método. «Se acabó pedir perdón por nuestra historia». El patrimonio, «memoria material de una civilización, cristiana e hispánica», defendida «sin pedir permiso». Los místicos, «arquitectos del alma española». Proteger la cultura, «defender la continuidad de un pueblo». Civilización, alma, pueblo, continuidad: cultura como identidad que custodiar, no como libertad. El enemigo, la «progresía», que habría hecho «sectaria» la cultura de una comunidad gobernada por la derecha desde 1987.

Sus principios no resisten su propia lectura. Neutralidad institucional y orgullo nacional, en la misma frase. Libertad de creación y un veto sin definir. Neutralidad, salvo en el ruedo: novilladas y Copa Chenel, «esenciales para mantener viva la Fiesta de los Toros». El mérito, «criterio de todo apoyo público», y al frente de la Fundación Siglo, dependiente de su Consejería, con 30 millones, Rebeca Arroyo: asesora de Vox desde 2020, procuradora, tesorera y gerente del partido en Valladolid. Trece años en la Gerencia de Salud, ninguno en cultura. Había prometido una cultura «sin tutelas ni comisarios». Y «dar voz, no imponer silencio».

Miércoles 21 de octubre. El consejero toca a la Seminci: «tiene mucho que mejorar en neutralidad ideológica». Le faltan películas sobre «la presencia de España en el mundo». La ciudad conoce el tono. El 22 de octubre de 1935, Acción Católica inauguraba en Valladolid una Semana contra el Cine Inmoral, con sermones y llamadas al boicot, según ha documentado el historiador Enrique Berzal. Nueve meses después, el golpe de Estado. Noventa y un años más tarde, el mismo 22 de octubre, el portavoz de la Junta, Carlos Fernández Carriedo, del PP, no desautoriza al consejero: respetar la libertad es respetar también «el gusto individual de cada persona».

Sábado 24. «Federico», sobre el asesinato de Lorca, cancelada en el Centro Miguel Delibes de la Fundación Siglo por unas «obras inaplazables» sin fecha. La compañía, Proyecto 43-2, lo ha denunciado ante la Fiscalía: «Tenemos información de que en una reunión se habló expresamente de que esta obra no cumplía los criterios de neutralidad ideológica de la Consejería». La Consejería insiste en las obras. Lorca se va a un local privado.

Valladolid, 1550. En el Colegio de San Gregorio, el dominico Bartolomé de las Casas defiende la libertad de los indios frente a Sepúlveda. Después escribe la «Brevísima relación de la destrucción de las Indias», piedra fundacional de la Leyenda Negra. Las Casas no era un progre: era un fraile, y su denuncia nacía del Evangelio. La civilización «cristiana e hispánica» del consejero produjo también a Las Casas. Hoy, una película que le diera la razón necesitaría un certificado de la Consejería: no es autoodio.

Madrid, 1875. Orovio prohíbe enseñar contra el dogma y la monarquía. Giner, Azcárate y Salmerón pierden la cátedra y fundan la Institución Libre de Enseñanza.
Así trabaja un hombre gris con sus ideas reaccionarias y poder sobre la cultura. Empezó sin prohibir: una palabra sin definir, una instrucción sin papel, un silencio en las redes. (En julio, según CCOO, una instrucción verbal dejó mudas las redes de las instituciones culturales «hasta nueva orden»). Con Federico, según la compañía, ha dado el paso siguiente: unas obras sin fecha y una sala vacía. Un consejero de Cultura que mide su gestión por lo que impide no es un gestor: es un censor con despacho. No crea, no programa, no imagina. Filtra, silencia y suprime. Su única obra es la que no se estrena.

Montesquieu: el despotismo vive del miedo. Spinoza: el fin del Estado es la libertad. El consejero gobierna contra los dos. El resultado es una «cultura» de extrema derecha. Una cultura vigilada, que aprende a autocensurarse antes de un guion, una exposición o una obra de teatro. Lo gris no se impone: se contagia. De eso sí sabe. Seguro que está feliz de que le conozcan.
Se acabó pedir perdón por nuestra historia, dice el consejero. Quizá convendría empezar por leerla.
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Juan González Posadas.
Fuentes consultadas:
Enrique Berzal de la Rosa (Hispania Sacra, 1998; Cauriensia, 2022), BOCyL, Junta de Castilla y León, Cortes de Castilla y León (currículo oficial), Público, infoLibre, Efeminista, comunicado de Proyecto 43-2, elDiario.es, El Español, El Debate, Infobae (Europa Press y EFE), Tribuna de Valladolid, El Día de Valladolid, Soria Noticias, The Objective, Burladero, El Correo de Burgos (Ical), Desde Soria, Diario de León, La Gaceta de Salamanca, Diario de Valladolid, El Plural, Mundiario, Periodista Digital.

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