Las mujeres nacemos y vivimos en un sistema social cuya estructura impuesta nos coloca automáticamente en una posición de subordinación.
Y esto que expreso no es una idea personal ni una creencia.
Mira el mundo, abandona las gafas de hombre blanco con poder y lo observarás.
Con todo esto, me resulta muy importante observar también cómo nos vamos construyendo nosotras para existir y tener una vida visible y vivible.
Y me doy cuenta de la posición y conocimiento de muchas compañeras y mujeres en un sitio de visibilidad constante de todos sus asuntos, hasta los más nimios.
Un gran mírame como lugar desde donde existir.
Refrenar nuestro afán de importancia personal, de contar absolutamente todo lo que vivimos, en todos espacios, no significa reprimirlos siempre.
Tiene que ver, quizá, con un posicionamiento nuevo y consciente.
¿Para estar en el mundo tengo que contar siempre de mí? ¿Tengo que narrar todo lo que hago? ¿Tengo que opinar siempre, responder a una amiga que la canción que te envía no te gusta, que el podcast que recomiendas es antiguo o poco feminista? ¿Hay que expresar siempre lo que una piensa, lo que una es?
¿Es necesario en todo momento esperar refuerzo de aquello que hago, de todas mis fotos, opiniones, deseos?
¿Están los y las demás siempre a mi disposición para validar mis partes internas y reforzarlas constantemente?
¿Qué hacemos con quien requiere una validación inmensa y voraz?
Somos seres humanos significativos y a la vez también una minucia con mucha importancia personal en esta enorme galaxia.
Nuestro estar no puede reducirse a fotos nuestras, de nuestras criaturas y sus logros, de nuestra familia, de nuestras actividades o viajes, de todo aquello que nos interesa, en un permanente trabajo de validación externa.
No puede ser tan pobre y dependiente.
Estamos muy acostumbrados y acostumbradas a ser quienes somos ciegamente; estamos también (sociedad capitalista e individualista mediante) habituadas a no poner ningún límite al ego feroz.
¿Soy especial?
Dime que sí.
Dime que sí.
Dime que sí.
Pues mira, tan especial eres como cualquier otra persona que habita este espacio común, podríamos responder.
Quizá hemos leído libros diferentes y vivido hechos distintos, pero no eres mejor, hermana.
Y esto, para mí, es salud.
La humildad de la humanidad compartida sin ocultarte y sin creerte alguien excepcional.
Buen día, otro día.
Por si sirve.
María Sabroso.

Bueno, yo creo que a los hombres nos ha costado mucho alcanzar este estado de plenitud, no vamos a dejar que nos arrebaten tan fácilmente nuestro bien merecidos privilegios. El Patriarcado unido jamás será vencido. Federación EspaÑola de Patriarcas (F.E.P.). Un saludo.