Leo “Aprendiz de felicidad”, el libro que recoge los artículos-joya que publicó en la revista Gardenia de 2006 a 2016 con ese deleite que suele provocar la belleza auténtica de una pasión. De familia acomodada, Pera decidió abandonar las intrigas del mundo universitario para aprender a ser jardinera y hortelana en la maravillosa villa italiana que heredó. Podría decirse que le hizo un corte de mangas a la vida que había llevado y quiso y supo disfrutar a tiempo completo de cada instante en contacto con la naturaleza. Renunciar a lo superfluo, quedarse con lo esencial, disfrutar de la onomástica vegetal, emocionarse con las misteriosas alianzas de las plantas, descubrir, anonadada, una inteligencia silente en ellas, los mil tonos de verde, la conciencia de que la maternidad es un cuidado extensivo al mundo que nos rodea. En “Aprendiz de felicidad” descifra el incomparable placer de cavar un hoyo, comienzo mismo de la historia de amor con un jardín hipotético. Se entusiasma con la lluvia, la caída de las hojas, se indigna con los destructores de árboles, investiga la vida ferozmente obstinada de las plantas que logran sobrevivir en las vías del tren, burlándose de la tecnología y su irrespetuosa invasión de lo natural. Pia Pera escribe como una poeta al contemplar la hermosura del mundo, indaga como intelectual en cada proyecto que hermana ecología y arte, se emociona con la idea de transmitir a niños y presos el consuelo que brinda mancharse las manos de tierra, comprender que un árbol tiene piel y existe a su particular manera.
Al leerla una se olvida de la fealdad y la vileza que nos rodea y comprende que hay personas jardín, capaces de envolverte en una felicidad que es canto a la vida tanto como certidumbre: solo hace falta una buena sombra, un albaricoque maduro, una brisa perfumada por las flores, un perro masticando el agua que cae del cielo, para ser tonta y profundamente feliz.
Patricia Esteban Erlés.

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