¿ Señor Rutte tiene dignidad?

Lo observamos de continuo, incluso hasta es posible que me  afecte más de lo que creo (dios me lo evite…) me refiero a  lo frecuente que se observa la clamorosa claudicación de ciertos principios que creímos inamovibles.

Es cierto que la vida está difícil, que la vivienda es cara y cuesta llegar a una decente, que los productos básicos andan por las nubes y que hay oficios que se mal pagan de forma escandalosa. Como el periodismo, por ejemplo. Que sí, que se entiende cierta conversión en plumilla falaz que se arrastra  por los aledaños del poder. Quien dice el poder dice la oposición que se prevé en breve poder. O por aledaños del IBEX o del empresario local, que no hace falta ser muy exquisitos para travestirse.

Se comprende en parte porque durante la vida laboral se traga un poco. Horarios excesivos y mal pagados. Alguna bronca inmerecida. Cara sonriente cuando lo que apetece es enviar a tomar por el orto al cliente/paciente/usuario/jefe. Todas padecemos o padecimos los estragos de debernos a la cuerda de presas que supone el trabajo remunerado. Somos una sociedad capitalista y las resmas de mierda que nos toca tragar son variopintas.

Asumido.

No es eso de lo que hoy escribo.

Me refiero a la sumisión por cargo, a  subsumirse hasta los aledaños de la cloaca para no molestar al poder (cualquier poder) A callar la injusticia  para que no nos señalen como conflictivas, problemáticas con las que no se cuenta a la hora de repartir prebendas o premios de consolación.

Porque lo que se da es eso, premios de consolación que alientan la sumisión plegando la cabeza y la rodilla ante niveles de corrupción inaguantables, ante injusticias notorias o ante traiciones a la verdad. Ese plegado de vela ante los principios que se enarbolaron con petulante exhibición durante años,  llegando hasta el menosprecio de quien no estuviera a la altura para ser el príncipe del izquierdismo radical. Las supremas defensoras del pueblo oprimido. La conciencia social más radical del pueblo trabajador. Todo esto se diluye al encontrarnos ante resmas de poder, que ni lo son o no lo son tanto.

Tengo para mi que la autocensura es mayor que la realidad temida. Esa mano periodística que omite “cierta” información sobre alguien influyente, político/a, empresario/a o simplemente persona “importante” en la comunidad. La o el escritor que  omite tramos de literatura «molesta»  porque no quiere contar la historia que le bulle en los adentros sobre algo que conoce bien y que representaría la escoria en la sociedad del presente (ese Chirbes que jamás claudicó y por ello se le vio con pocos oropeles). O el gestor que no lleva al acto cultural, artístico, teatral o del tipo que sea, a la voz crítica, a la persona que no tiene por costumbre aceptar doma, plegándose, en cambio, a la mediocridad del subalterno o del que se supedita a lo que sea.

Esa larga escalera por la que suben personas complacientes que en tiempos quizá fueran valientes y criticas con la sociedad opresora y que han acabado llevando el bolso y  cumpliendo los caprichos de la autoridad competente. Llevando la contraria a su génesis profunda  de diez años atrás,  convirtiéndose justo en lo que se detestaba durante  un vulgar transformismo moral que nos avergüenza contemplar.

Hay ejemplos populares que conocemos bien. ¿Ustedes saben que Lucía Etxebarría fue progresista incluso publicó un libro no hace mucho  criticando la corrupción de la derecha española,  contando con detalle los entresijos de  Urdangarín y del Emérito? ¿Saben que fue no hace tanto una joven enfant terrible que  alardeaba de bisexualidad y de promiscuidad absoluta? Que no era ni mínimamente feminista, aunque sí fue perseguidora de todo varón que la sonriera con amabilidad.

¿Ustedes recuerdan aquel periodista aguerrido que nos contaba las guerras y sucumbía al dolor de las víctimas con ojillos llorosos detrás de gafitas de pasta? Convertido hoy en escritor de firma y flor, azote de cualquier  atisbo de wokismo.

Sí,  Pérez Reverte, el mismo.

En tiempos, les aseguro porque  algún artículo leí de Juan Soto Ivars, tenía cierto tufillo progresista y critico en un periodismo, que no era de altura, pero tenía un pase y que ahora se ha convertido en coreógrafo del pastiche más infame de la ultraderecha hispánica publicando bulos, negando la violencia machista y acusando a las mujeres de destrozar a las «victimitas» masculinas.

Entre gente de cierta edad recordamos con dolor a aquél guapo sevillano puño en alto vestido con chaqueta de pana obrera que nos miraba con el descaro moruno de unos ojos muy negros y una boca golosa. A veces, incluso solicitaba la autodeterminación de los pueblos de España y cantaba entera la Internacional sin equivocarse ni en una estrofa. Luego llegó Willy Brant y la CIA y se jodió Triana. Dolor puro.

Como se nos destartalaron intelectuales varios. Vargas Llosa,  entre los más nombrados.

Por no hablar de la caída en el infierno de un tótem de la izquierda mundial como ha sido Noam Chomsky  fotografiado en el avión de Epstein y amigado con los secuaces del criminal pederasta, disfrutando del privilegio de ser amigo del demonio más perverso de los últimos años ¿ Cómo se puede  compartir jet, hotel, casoplón y piscina con el pederasta estadounidense  mientras sonaban los arpegios de integridad del socialismo libertario propugnado por el científico del lenguaje?

Más casos.

¿Cómo es posible los cuestionamientos de Michael Foucault, sobre el influjo del poder en las mentes mientras él lo ejercía sobre jovencitos para llevarlos a su alcoba mientras pontificaba?

Que conste que esto no es una crítica puritana a la evolución lógica del pensamiento cuando se comprueba que ciertas ideas se contradicen con la realidad. Entendemos el cambio operado en la opción política de Bernard HenryLévy, André Glucksmann, Alain Finkielkraut, después de la lectura de El archipiélago Gulag de Solzhenitsyn, que nos trastornó a muchas entendiendo que la URSS nunca fue el paraíso prometido y sí un infierno probable. Que los señores filósofos del mayo francés se pasaran de frenada no implica  cierta lógica evolutiva  ante una realidad incuestionable. Como no solo entendemos, sino que admiramos, la transformación de Jorge Semprún, tan lucidamente critico con toda incoherencia política y social.

También tuvo cierta lógica la evolución hacia posturas liberales después de los apoyos mostrados hacia el régimen cubano por Jorge Edwards, Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner entre otros. No era fácil resistir la fidelidad a Castro viendo de cerca lo que el castrismo hizo sobre compañeros intelectuales. Claro que siempre nos queda pensar que se puede (y se debe) abjurar del tirano manteniendo el ideario y no torcerse 180 grados posicionándose a favor del orden capitalista cinco minutos después de hacer loas al marxismo leninismo. Estos virajes nos hacen pensar que quizá solo se anduvo fascinado por el halo revolucionario tan de moda en su momento, más que por una racionalización ideológica bien meditada.

Bajemos el listón y lleguemos a lo cercano. Saber de lo que es capaz la pluma periodística capaz de tanto mientras nos deprime leer crónicas complacientes con el/la alcaldesa, presidenta de Comunidad, empresario de éxito, o directivos del IBEX, provoca una tristeza incomparable. Ver a activistas con los que se compartió barricada venderse tan, pero tan barato que  se nos produce más que pena, vergüenza. Algunos, al travestismo indigno, lo llaman madurar. Yo lo llamo sinvergonzonería y quintacolumnismo porque cuando se fue de verdad, cuando la defensa de derechos, de ideario es real se evoluciona asumiendo y confesando la  transición hacia posturas conciliadoras y/o  moderadas. Cuando no se fue de verdad, lo que se es ahora es la realidad. Lo pasado, vil postureo.

Existe una amplia diferencia entre la vileza del travestismo político y la evolución por convencimiento.

Por eso, contemplando las tristes imágenes que nos acerca la realidad cada poco, nos desalienta y nos lleva a hacernos preguntas. Nos conduce a  preguntar a quien se trasforma en súbdito complaciente de un poder cada vez más cruel y tiránico y por tanto le pedimos que nos cuente: ¿merece la pena? ¿Es tanto el agasajo recibido que compensa la abjuración de los principios? En la mente de todas está la digna pregunta que el periodista  danés, lanzó al humillado subalterno Mark Rutte en la última cumbre de la OTAN:

 –¿Señor, está ahí sentado escuchando como Trump quiere arrebatar Groenlandia, como insulta a una aliada como es España sin decir nada. Señor Rutte, tiene usted dignidad?

Confieso que me gustaría hacer esa pregunta a bastantes personas y que el periodista danés  se ha convertido en un referente de periodismo porque esa pregunta es un acto de valor que pocos, muy pocos realizarían.

Hoy estamos bien seguras de que el puñito levantado de  Felipe González, Alfonso Guerra y muchos de los encumbrados en su época, no era más que una falsa pose frente al fotógrafo pretendiendo adelantar a quienes de verdad se la jugaron por la libertad.  Tenemos el convencimiento que lo de antes era mentira, y lo de ahora es pura e indigna miseria moral. Sabemos las artimañas del poder para comprar voluntades, solo que hay ejemplos de que la venta fue escandalosa y sin disimulo.

Y como ellos, bastantes más. Existe en todos los ámbitos y nos consta que cuando una torre de nuestra trinchera cae en las garras de la voluntad del poder, todas lo sufrimos, porque esto no es una batalla individual sino que conforma una cadena de derrotas que nos dejan sin argumento y la masa que contempla la falta de coherencia pierde referentes y se entrega al lado oscuro. Por eso es delito de traición la falta de coherencia política que observamos en diferentes lugares y en demasiadas personas.   Algunas cercanas. Y las conocemos.

Y dan pena y asco. Mucho asco.

María Toca Cañedo©

 

Sobre Maria Toca 1934 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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