Marcelino

 

Ignoro si el tiempo o la vida que avanza en comodidades, nos ha ablandado. Lo que observo al realizar investigaciones sobre los hechos históricos del pasado siglo, es que han existido personas indomables. Gente que ha sido vapuleada por el aire del siglo XX, que fue cruel y duro como pocos, atravesando sus años como juncos que  pudieron doblarse pero siguieron impertérritos adelante.

Uno de ellos es Marcelino. Marcelino Camacho, esa figura enfundada en jerséis de cuello cisne que comenzó tejiéndole, para evitar el frío carcelario su compañera de vida, Josefina,  conformando una imagen que, a las que tenemos cierta edad, se nos quedó en la retina junto a su porte de obrero digno, de sindicalista legendario.

Y no hablo de su figura política e ideológica de la que podemos discutir más o menos, según nos dé a las que leemos el artículo al aire de las creencias personales. Hablo de una vida, de un seguimiento tozudo de la realidad que le doblaron varias -muchas veces- pero jamás  pudieron  con él.

No quisiera que este escrito se convirtiera en panegírico -miedo me da- porque no es la intención, aunque  siento que es -confieso- modelo ejemplarizante para tanto tiquismiquis que a las primeras de cambio (perder elecciones, divergencias con compañeros, desánimos comunes) su fortaleza y determinación  se diluyen como el azúcar en agua.

Hoy hablo de Marcelino pero hay más. Simón Sánchez Montero, Federica Montseny, Matilde de la Torre, Ramón Rubial (que vida y que ejemplo, no me imagino la vergüenza que sentiría el viejo luchador ante los descalabrados hijos socialistas que han brotado al calor del poder) incluso algunos cercanos como Hilario, mi querido comunista laredano, fiel y duro como el pedernal, además del  teórico brillante de mente crítica y aguda , Nicolás Sartorius.

Hoy nos toca Marcelino, pero podría ser otro.

Marcelino, nació el 21 de enero de 1918 en La Rasa (Soria), en una familia de ferroviaria, con lo que eso supone de  tradición izquierdista, socialista para más señas, porque la  trayectoria ferroviaria entregó mucho material al socialismo. Con un padre amalgamado por la conciencia de clase, amor por la lectura que supo trasmitir al hijo, además de  los valores de una izquierda sin concesiones.

 

La economía del hogar era de subsistencia, quizá eso marcara al hombre y al sindicalista alejándole de los brillos de oropeles y lujos. Jamás perdió Marcelino el orgullo de pertenencia a la clase obrera y el sentimiento de que la vida es camino de perennes luchas en pos de un fin: el socialismo, el sindicalismo, el bien común. Como a los santos que venera la iglesia, los hombres y las mujeres imbuidos de socialismo o más tarde, comunismo, la fe les daba la fuerza hercúlea de las convicciones profundas por lo que ni una duda asomó en la frente del hombre que hablamos  en el camino de la consecución de un mundo mejor.

La madre muere pronto, los hijos, niños todavía, la lloran con el dolor del abandono. Pronto el padre encuentra acomodo con una mujer que sabe cuidar de la prole, sin alharacas porque el tiempo es hostil y no sobra. Son pobres, sin más.

A Marcelino le da clase en el pueblo un cura del que tiene buenos recuerdos. Incluso fue monaguillo en misas que ni sentía ni le enfurecían porque fue templado desde siempre. A los once años de Marcelino,  el viejo cura  le dice que ya no puede enseñarle más porque sus conocimientos se han terminado. La opción es acceder al seminario, manida forma de quienes desean salir de la pobreza secular y tienen alguna capacidad intelectual. A Marcelino no le sirve,  aunque el cura profesor se la ofrece como opción de seguir estudios ya que le ve amante de la lectura y mente muy despierta. Su padre, el ferroviario socialista, le ha enseñado que no hay más dios que el bien común, la lucha de clases y al morir solo dejamos el recuerdo de la obra bien hecha, de la lucha enconada contra la opresión. Por tanto, el joven Marcelino,  descarta la salida del seminario para formarse.

Durante los años republicanos vive la efervescencia, donde como tantos, imagina que las cosas van a mejor, aun con retrocesos, pero considerando que haber roto el dique monárquico les supone el salto hacia el futuro. El dos de febrero 1935 se afilia a un partido reciente, donde destaca una mujer de plomo, venida desde Gallarta, casada con minero y madre de hijos hambrientos, algunos de ellos muertos. La fuente de inspiración comunista que fue Pasionaria, imaginamos que influyó en el joven para afiliarse. Eso y el bienio negro que el socialismo no sabe enfrentar con la debida fuerza.  Marcelino se afilia al PCE y poco después también  a la UGT, sindicato de clase que junto a la CNT mantienen la lucha abierta frente a los gobiernos derechistas que han revertido los avances de los primeros años republicanos. El viejo guardagujas de Osma- La Rasa, le lleva ventaja como sindicalista antiguo del mismo sindicato y le muestra el camino.

El golpe y la siguiente guerra le cogen en Soria, donde, con un grupo de ferroviarios, caminan hasta la Sierra de Guadarrama, boicoteando las vías del tren para evitar el avance golpista integrándose  como miliciano. Marcelino, como comunista,  cree en la resistencia que proclaman Negrín y el gobierno apoyado por el PCE, por lo que cuando llega la traición de Casado al gobierno de negrinista,  es encarcelado con el resto de compañeros comunistas que pasan a sustituir a los falangistas y derechistas en las cárceles republicanas. Esa corta estancia inaugura las muchas que seguirán, porque Marcelino nunca fue capaz de llevar la cuenta de las veces que fue encarcelado…cuando años después le preguntaban por sus encarcelamientos solía responder: “muchos, quizá catorce o quince…claro que me escapé también muchas veces”

Así lo hizo esa primera vez. Escapó del primer encarcelamiento de los traidores al gobierno legal republicano, vagó por el país de forma clandestina, porque ya andaban los nuevos amos de España entrando con sus fuerzas a dirigir el país y nublando las esperanzas de la gente. A Marcelino, le delatan,  es apresado pero esta vez  torna a la cárcel bajo el régimen dictatorial de Franco. Es la segunda estancia carcelaria y será dura, muy dura. Y larga.

Los adalides de la dictadura han creado un Patronato siniestro, lo llaman de Redención de Penas por el Trabajo, eufemismo que esconde un turbio engranaje de trabajo esclavo que el régimen aprovechó para engordar las arcas de la Hacienda, reconstruir el país sin coste y domar doblando hasta la humillación a los/as presos. A Marcelino lo llevan a Reus, integrado  en el Batallón Disciplinario número 94, que está encargado de la reconstrucción de carreteras. Poco después es trasladado a Guipuzcoa con doscientos presos más con el fin de reconstruir las carreteras que la guerra ha destruido. Es joven pero  no demasiado fuerte; el hambre, los piojos, el frio en invierno y el calor del verano lo debilitan hasta el límite de lo humano. Su cuerpo se resquebraja, no su mente que las humillaciones, vejaciones, adoctrinamiento fascista no consiguen romper.

El primer destino que le toca se dedica a cubrir las bajas y las muertes de otros penados, que como él, soportan jornadas extenuantes de doce o catorce horas, con tres sardinas de lata, un mínimo chusco de pan negro y agua caliente teñida de algo sucio. Para todo el día, mínimo sustento que mantiene con vida a los humanos, según estudios bien probados por la Gestapo que escudriñaron las calorías justas de subsistencia. Con esa alimentación un preso  normal se mantiene ocho o nueve meses, luego…da lo mismo. Hay repuesto, es la primera postguerra y los presos políticos sobran.

En los batallones de trabajo no hay higiene, solo tienen  la ropa que visten y unas aguerridas alpargatas que agujereadas no sirven más que para molestar. El cuerpo no demasiado fuerte del joven Marcelino se resquebraja  y contrae unas fiebres tifoideas que le mantienen cuarenta y dos días entre la vida y la muerte…Incluso es considerado difunto apilándolo en el depósito  hacinado de cadáveres hasta que un compañero que ve un mínimo movimiento lo rescata de la muerte.

Salva la vida a duras penas; es trasladado al Batallón 93 para reconstruir Peñaranda de Bracamonte. Marcelino está tan débil que con el esfuerzo del trabajo se le produce una hernia inguinal. No importa, para el régimen los reclusos son menos, mucho menos que animales de tiro. Le trasladan a Toledo para construir la Academia de Infantería del ejército que les ha derrotado, donde el esfuerzo de los hombres que han pedido la guerra da forma a las lujosas dependencias de los triunfadores.

Marcelino vuelve a quebrarse. Contrae las fiebres de Malta que le mantienen cuarenta y siete días con temperatura muy alta. Da lo mismo, a los guardianes de la nueva España, no les importa que haya un trabajador con cuarenta de fiebre. Hay que seguir trabajando.

Su batallón, poco después y sin haberse repuesto del todo, reengancha trasladándose al Protectorado de Marruecos, con el fin de construir fortificaciones porque Franco,  a esas alturas de la Segunda Guerra Mundial, no confía ya en el triunfo del Eje y teme que los Aliados invadan África. Le toca estar en el campamento Cuesta Colorada, donde vuelve a quebrarse la salud, esta vez son fiebres palúdicas.

El paludismo, como el tifus exantemático, o la tuberculosis, son endémicas en la población penal esclava. Insistimos, el hambre, la terrible falta de higiene que les obliga a defecar en zanjas que abren y cierran cuando se llenan, sin agua para lavarse ellos ni lavar la ropa, infestados de piojos –tanto que, en la prisión de Tabacalera, en Santander, los presos dejaban una prenda en el suelo para ver como la movían las manadas de piojos que habitaban en ella–son proclives a enfermedades erradicadas de la vida normal.

Hemos llegado a 1942, Marcelino ha soportado dos episodios de fiebres palúdicas. Como tratamiento le llevan  a Tetuán donde, en el dispensario, a los presos les dan dos pastillas de quinina para  tornar de inmediato a los montes en los que trabajan. Constatamos que, de los penados en África, sobrevivieron tan solo un 50%. Marcelino está entre los afortunados. Tiene la suerte de su parte, el resto anda virado.

Los dispensarios sanitarios de los campos de trabajo son como el resto, penosos en personal y en materiales. El testigo Miguel Rodríguez, cuenta que el aspecto de la enfermería del Destacamento Garganta de los Montes, donde más de quinientos hombres construyen un tramo del ferrocarril entre Madrid y Burgos, contiene  cuatro cajas desvencijadas, dos mesas de noche, tres sillas, un botiquín con yodo, aspirinas, gasas y un poco de alcohol”*

Marcelino trabaja de penado en Tetúan, se escapa de nuevo y  le cogen. También estará en la magna construcción del Pantano del Ebro, donde los accidentes suponen un siete por cien de la plantilla, además de tener a un veinticinco por cien de enfermos graves.

Con todo, lo peor es el desgaste psicológico que la propaganda franquista realiza sobre los penados. Muchos, o algunos,  se resisten, otros decaen con tristes delaciones para obtener la simpatía de los guardianes, o cantan con furor de novicio las canciones patrioteras de los vencedores, también algunos comulgan con pía constancia por ver si el corazón de los fascistas se ablanda cambiándose de bando en busca de un acomodo doloroso y difícil.

Frente a la bajada de brazos hay otra respuesta. La organización que se teje en cada uno de los Destacamentos, de las cárceles, es notable. Se forman células de información que traen noticias a los presos, solidaridad que consigue confraternizar con los que nada tienen formando una comunidad que salvará vidas y confrontará el horror con la fuerza de la humanidad bien soldada.

Les paso el texto en que Ramòn Rubial  se preguntaba..:

“¿Para qué crear una organización? Tiene un motivo y un fundamento moral muy profundo. Hay que trasladarse al momento en que la gente llega a prisión, indultados de pena de muerte, con una familia detrás sin ningún ingreso, con decepciones de compañeros que prometieron, con una derrota sobre las espaldas…Encontrarse dentro del penal con una voz que alentaba, que les cubría una necesidad perentoria en la cárcel, que les proporcionaba una tarjeta donde poder escribir, que les daba cigarrillos durante el periodo de observación, que les pasaba un pan porque no podían comprarlo en el economato…Todas esas cosas animaban de tal manera que solo se pueden medir cuando se está encerrado en un celda. Y las hacíamos, valiéndonos de compañeros, los “”llaveros””, que se colaban en las celdas”

Se trataba de supervivencia y la militancia izquierdista sabe que solo con los valores incrustados por la ideología

–solidaridad, reparto equitativo, respeto mutuo y mucho compañerismo– se puede resistir ante un enemigo tan fuerte como despiadado.

Las redes de información y de resistencia son el puente que une a los/as presos con la vida. Hemos conocido testimonios de la cárcel de mujeres de Ventas, que nos emocionaron hasta la lágrima, porque se crearon lazos de solidaridad  que ayudaban a la resistencia entre ellas que salvó muchas vidas.

En los Destacamentos ocurre lo mismo. Eso y la fe firme, la conciencia de pertenencia que da la ideología es, repito, el puente que une a la desesperación con la vida. En la calle, en libertad se pude (y se debe) dudar, cuestionar, autoexcluirse. Ante la situación carcelaria, la fe en el futuro socialista salva la vida. Marcelino y tantos lo saben…quizá se entienda por ello las intransigencias o las militancias graníticas del futuro.

De no ser por esas redes hubieran muerto muchos más de hambre. Se crean agrupaciones en las que los paquetes que llegan de fuera –los privilegiados a los que la familia puede enviar comida o ropa–  haciendo bolsa común. Nada es de nadie, todo se reparte equitativamente entre la población carcelaria. Tabaco, pan, embutido…En la comuna todos comen lo mismo, el “responsable” hace la bolsa y el reparto equitativo.

A fuerza de que la necesidad potencie la unión se reorganizan los partidos. El Psoe  consiguió una potente estructura en el Penal del Puerto de Santamaría, aunque es el PCE quien lleva la delantera organizativa…En los patios se organizan células y brigadas. Cada patio tiene un delegado coordinados todos  por uno general. Más de la mitad de los presos están organizados, según refiere Miguel Cadavieco, militante socialista.

Gracias a la tarea consignada de labrarse militancia no se deshace del todo la moral de esa izquierda derrotada y esclavizada. Y Marcelino anda en ello, aprendiendo a conciliar intereses, personalidades y negociaciones.

Sigamos con la vida de Camacho. Dijimos que consigue escapar de la esclavitud franquista pero la policía del Marruecos francés, fiel al régimen de Vichy, le detiene y le exilia en  Orán, Argelia. Hasta 1957 se dedica a trabajar en la Marina francesa. Durante el exilio conoce a su compañera de vida, la mujer que teje su suerte a la vez que los jerséis que le abrigaron en las cárceles franquistas. Se trata de Josefina  Samper, exiliada en Orán, junto a muchos españoles que han huido a esa zona después de la guerra. Se  casan el  22 de diciembre de 1948.

En 1957 regresa la familia a España, ya que es indultado de la pena pendiente por la dictadura. Entra a trabajar en  Perkins Hipania. Legendaria empresa donde, como en todas, no existe más posibilidad de sindicación que el Vertical, sucedáneo que la dictadura ha creado para atar a los/as trabajadores.

La guerra fría había  desmantelado mucho antes  la posibilidad de una presión internacional para descabalgar al amigo del Eje, Franco. Stalin ha firmado con las potencias vencedoras  la división de Europa y España no toca moverla de como está. La guerrilla que se había mantenida viva y esperanzada durante la II Guerra Mundial, recibe ordenes expresas desde la dirección de PCE en Francia, de disolverse. Carrillo y Pasionaria ejercen el puño de hierro contra los disidentes, aunque sean de tanto prestigio como Jesús Monzón (pronto revisaremos su historia porque pocos merecen tanto reconocimiento) Los pocos recalcitrantes que quedan por los montes cántabros son exterminados por la Guardia Civil y las traiciones del fuego amigo. Las ordenes son que al régimen no se le puede derrotar a las bravas por lo que la opción es infiltrarle.

Marcelino Camacho es elegido en la Perkins Hispania, delegado de los trabajadores, es decir, enlace sindical del Vertical. En otros puntos de España ocurre que los jóvenes militantes comunistas hacen la misma jugada. Infiltrarse, es la consigna. Quizá la experiencia carcelaria, lo aprendido en los duros tiempos de postguerra los ha enseñado como socavar el poder topeando las estructuras. Nacen las CCOO, con la lentitud de un ente bien organizado; se forman asambleas que movilizan a los trabajadores**. El régimen los detecta al momento, los chivatos son también una red importante. Marcelino es detenido por su activismo sindicalista en 1967. Durante nueve años permanece en Carabanchel, donde Josefina le lleva viandas y los jerséis tejidos con paciencia para que soporte el frío carcelario que atenaza una salud no muy boyante.

Durante un año le trasladan a Soria. Marcelino hace una huelga de hambre que dura diez días. Al salir, lanza la frase que hará historia y que hemos repetido muchas en algún momento: “ni nos domaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar” Quedó para la historia, como el jersey de cuello cisne y su tesón.

En 1973 vuelve a ser detenido. Se trata del Proceso 1001. La mala suerte hace que el juicio se celebre al tiempo que Carrero Blanco saltó por los aires. La rabia del tribunal se hace sentir sobre las sentencias que las defensas intentan esquivar sin mucha suerte.

Vuelta a la cárcel. Hasta que es indultado gracias a la Ley de Amnistía, que hemos criticado mucho, yo entre tantas. En una ocasión un buen comunista me dio su versión que hoy trasmito: “había cientos de militantes en la cárcel. Las estaban pasando putas, María, había que sacarlos. Y luego estaba el movimiento cuartelario. Cada semana, te lo aseguro, porque teníamos informantes que eran comunistas haciendo la mili, había un complot. Los cuartos de banderas del ejercito español era terreno minado por la ultraderecha. Había que parar todo eso. Por ello tragamos mucho más de lo preciso. Había que sacar a nuestra gente y parar a los milicos ¿entiendes por qué tragamos?”

Lo entendí, aunque me cueste mucho justificarlo, pero entendí.

Marcelino salió; las CCOO se conformaron como un gran sindicato de clase, poco después fue elegido diputado, dirigió el sindicato y el resto es historia más reciente y con menos visos de heroicidad. Fue elegido por mayoría absoluta cuatro veces como coordinador general del sindicato cuyo carné número uno mantenía con orgullo. Participó activamente en las marchas anti OTAN, en encuentros estudiantiles. Jamás abandonó el PCE.

Marcelino Camacho y Josefina Samper, vivieron en un pequeño piso de una barriada madrileña. Él vistió casi siempre sus jerséis de cuello alto que le seguía tejiendo la compañera, menos cuando se vestía de traje, para las ocasiones. Su vida fue sobria, honrada manteniéndose al pie del cañón hasta su muerte.

Fue investido doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Valencia en 2001[8]​ y por la Universidad de Cádiz en 2008

Siguió viviendo y recibiendo el afecto y el respeto de mucho hasta que falleció el 29 de octubre de 2010 a la 1:30 horas de la madrugada en un hospital. Está enterrado en el Cementerio civil de Madrid  junto a Josefina que falleció después de 8 años.

Estudiando su vida, escuchando las palabras encendidas de los mítines, también viendo su sonrisa picara y la mirada amorosa que dedicaba a su compañera Josefina, no puedo más que añorar a esa comunidad de hombres y mujeres honestas, firmes e inteligentes a los que la terrible dictadura no pudo ni domar, ni doblar.

Y mi añoranza se hace dolorosa al contemplar el presente.

Por tanto, Marcelino, gracias.

María Toca Cañedo©

*Esclavos por la patria. Isaías Lafuente, pagina 263.

**Mi propio padre, recalcitrante derechista, luchó con Franco en el Ebro, años después se afilio a CCOO, ante mi recriminación, respondía que “son unos chicos que luchan por el obrero, hija, son muy majos y los de la Vertical unos vendidos…”

Bibliografía: Esclavos por la patria. Isaías Lafuente, pagina 263.

                      Confieso que he luchado. Marcelino Camacho.

 

https://www.rtve.es/noticias/20101029/marcelino-camacho-historico-lider-ccoo/365186.shtml

https://www.youtube.com/watch?v=mTdQGeV-IVQ

 

 

Sobre Maria Toca 1973 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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