Europa no va a ser menos, no va a ser la excepción, no va a ser la esperanza. Esta Europa vieja, más que nunca, en valores y sueños, esta puta que vende su alma por dinero se ha subido al carro de la infamia, al de la desmemoria, al de la degradación. La imagen de la Presidenta de la Comisión arrastrándose temblorosa ante la barbarie da asco y pena. Ha sido en un descanso del sátrapa, empecinado en jugar al golf en uno de sus territorios, la vieja Escocia. Otra forma de anexionar. Un receso, un refrigerio entre el hoyo trece y el dieciocho. Una hora le ha bastado para cargarse definitivamente el cadáver de un proyecto que ya estaba agonizante, carcomido en sus intestinos por el mismo mal, una hora para dejar firmada y sentenciada la anexión de otro territorio, que, desde este momento, pasará a ser banco de sangre para el vampiro.
Mientras, en Gaza, en Palestina, la poca dignidad que le queda a este mundo muere de hambre o asesinada, se retuerce de dolor y aguanta mucho más allá de lo humano, mucho más allá de lo divino, porque esa resistencia heroica, inimaginable se ha convertido en su único alimento, en el oxígeno que todavía se sobrepone al bombardeo del terror sionista. Y les prometo que llorar ya no me sirve, que las lágrimas no apagan el fuego de la impotencia que me devora. Y maldigo sin encontrar la palabra, vocifero silencios rotos de dolor. Y me digo ante un espejo hecho trizas que ya no puedo más y en el último suspiro, escucho al médico, al periodista, al padre, a la madre, a la niña y al niño lanzar su voz al océano sordomudo de la desvergüenza, al desierto del olvido. Es entonces cuando me vuelvo a abrazar al dolor, porque es lo único que me queda, compartir la diezmillonésima parte de la sombra de un dolor infinito, para no perder mi humanidad, para no perder la esperanza. Si ELLAS y ELLOS, diminutos gigantes de la tragedia, si PALESTINA no la pierde, no estoy exonerado para perderla.
En estos tiempos, preñados de distopía, de degradación sin límites del ser humano, la nave va. En ella viaja la dignidad, la esperanza y el llanto. En ella, viajan los restos de lo que fue Europa, semillas de un sueño que, alguien regará, antídotos contra el imperialismo asesino, para la libertad mancillada de capital, sueños de resistencia y solidaridad que un día que yo no veré derribaran las barreras.
Hace ya más de cincuenta mil bombas, más de sesenta mil muertos que me hice a la mar, que me hice humano, para seguir siendo PALESTINO.
Juan Jurado.

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