Hasta hace un par de meses, Arantxa Sánchez era una periodista de Toledo que hacía radio local y un podcast sobre música. Hoy es la tertuliana más viral de España, con un método que se repite en cada polémica: lanzar algo que suena a bomba y, cuando estalla, retirarse a un matiz técnico.

El ejemplo más citado: llamó “narcopresidente” a Gustavo Petro en Mañaneros 360. Petro respondió él mismo desde X. Acorralada en Malas Lenguas, Sánchez se defendió: “Yo no le llamé narco. Le llamé narco revolucionario”. La distinción no evitó la crisis diplomática, pero sí resumió su estilo: la acusación vuela primero, la letra pequeña llega después, cuando ya ha viajado sola.

El más grave no admite matiz. A cuenta de las violaciones de menores en Ceuta, preguntó a Sarah Santaolalla “¿dónde estáis las feministas del 8-M?”, y remató llamándolas “las de quiero llegar sola y borracha a casa” y “las de estoy harta de hacer croquetas”. Santaolalla le contestó que venía “con el argumentario de la extrema derecha trasnochada”. No fue un desliz: semanas antes ya había sugerido una equivalencia entre ETA y las víctimas de violencia machista que Gonzalo Miró calificó de “barbaridad”, y en otro programa comparó un bar franquista con uno de Pablo Iglesias, rematando otra vez con ETA.

Su polémica climática fue de otro tipo: atribuyó los incendios a “toneladas de regulación” de la Agenda 2030. Cintora la frenó —“bulos no, bulos no”—, y ante su insistencia le respondió que “igual es un marrano quien intenta enredar al personal”. En ese mismo debate, gafas grandes y boli sin parar, como si tomar notas equivaliera a tener razón, mencionó que necesitaba musgo para su belén. Santaolalla no se lo dejó pasar: “¿Pero tú te has escuchado? ¡Nos quedamos sin Belén!”. Meses antes, Rosa Villacastín ya la había resumido en una frase: “Te veo con muchas gafas, pero de ver poco”.

Su defensa de Ayuso llega hasta lo institucional. Cuando estalló el cambio de domicilio de la presidenta, RTVE Verifica —el servicio de la propia cadena que la emplea— desmontó su versión con datos oficiales. Días después defendió también a Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de Ayuso, tras un tuit suyo: “Tiene que hacer su papel y defender a su jefa. No es mentir”. El mismo Rodríguez que, documentado por separado, lleva treinta y cinco años usando ese método —acusar primero, nunca rectificar— con la prensa que ella defiende en su nombre.
Sus propios compañeros no disimulan. Santaolalla y Chema Garrido han estallado en carcajadas más de una vez —lo del musgo, y después “la mayor defensa que tiene Ayuso es su buena gestión”—, sin que ningún presentador lo frenara. El actor Joaquín Kremel resumió el sentir del plató con una frase, aplicada de paso a Ayuso y sus votantes: “Su nivel explica su mayoría absoluta”.

Nadie la conocía hace dos meses. Hoy RTVE la desmiente con sus propios datos, sus compañeros se ríen de ella en directo, y ella sigue defendiendo, con el mismo argumentario, tanto a su presidenta como al hombre que amenaza a los periodistas que la cuestionan. El matiz, esta vez, no la salva de nada.
Juan González Posada.
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Fuentes consultadas: El Plural, elDiario.es, El Debate, El Economista (Informalia), Alcalá Hoy, Hispanidad, RTVE Verifica, X.

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