Batallones de trabajo durante el franquismo (Capítulo I)

 

El Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo (PCRPT)

 

Batallones de Trabajadores, Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores Penados, Regiones Devastadas, Destacamentos Penales y Colonias Penitenciarias  

 

Hubo tramos de puentes y carreteras en la España franquista -que no acabó con la muerte del dictador, incluso es posible que aun dure alguno- donde había letreros que decían: “Destruido por las hordas rojas, reconstruido por la Gloriosa España Nacional Lo que se obviaba con el eufemismo es que, por el puente, carretera, ferrocarril o lo que fuera, pasó una guerra que provocaron unos generales golpistas fracasados. Y que la reconstrucción fue realizada, no por la España que decían, sino por la otra, la parte derrotada  que llevó sobre sus cuerpos la reconstrucción de una guerra que sufrieron pero no provocaron. La España nacional, con la que se llenaban la boca los fascistas supo aprovecharse de más de 200.000 penados que levantaron y reconstruyeron el país, además de llenar los bolsillos de infames. Prácticamente todas las infraestructuras del país asolado por el bando fascista fueron reconstruido por los  republicanos durante el periodo franquista conformando con su esclavitud una gigantesca empresa de colocación que supuso beneficios estratosféricos para el estado franquista.

Cuando escucho hablar de los “pantanos de Franco  me hierve la sangre y suelo responder que esas obras tan lustrosas no las hizo el pequeño general, sino la pléyade de hombres derrotados que la dictadura usó como esclavos para reconstruir lo que la guerra propiciada por los de la “nacional” destruyó. Pero no solo realizaron la reconstrucción de lo destruido, sino que la idea de utilizar mano de obra esclava (o en régimen de semiesclavitud) fue acogida pronto como un negocio que produjo pingües ganancias, no solo al estado sino a empresas privadas,  como veremos. Tal como ocurrió con el robo de bebés,  cuyo comienzo fue ideológico para terminar convirtiéndose en lucrativo negocio.

La sobrexplotación de presos llevando hasta la muerte a muchos de ellos, supuso  un lucrativo ahorro para el depauperado estado que salió de la guerra, debido a la mano de obra  barata de las empresas que emprendieron labores de reconstrucción o simplemente desarrollaron sus negocios con los esclavos. La madeja que formó el franquismo es de tales dimensiones que extraña el poco interés que ha generado y la escasa investigación que mantiene ocultos los entresijos de un poder malvado en esencia.

El tejido que formó el franquismo con el Patronato de Redención de Penas fue una especie de ETT, que utilizaba hasta la extenuación la mano de obra de personas encarceladas por el delito de ser fieles al poder establecido, muchos de ellos grandes profesionales que fueron exprimidos, en muchos casos hasta la muerte. El estado franquista fue el principal beneficiado de la esclavitud laboral de los presos y presas (10.000 mujeres trabajaron para el Patronato) pero también sirvió para el enriquecimiento de empresarios privados que subarrendaban la mano de obra esclava en provecho propio.

Incluso hubo empresas que arrendaban a otras  los batallones adjudicados por el poder. Como hubo Destacamentos unipersonales, lo que demuestra que se utilizaron presos a petición de individuos interesados en ahorrarse la mano de obra. Como le dijo en 1941, Isidro Castellón, a la sazón  director de la cárcel Modelo de Barcelona, a un preso —por extensión, un prisionero de guerra, un trabajador forzoso— que era la “diezmillonésima parte de una mierda”. Y como tal fueron tratados.

En este trabajo pretendo clasificar y contabilizar ,en la medida de lo posible, qué supuso el trabajo esclavo para los cientos de miles de trabajadores y para las empresas esclavistas que los utilizaron.

Estudiando las investigaciones sobre los campos de trabajo españoles,  he de decir que, salvo la falta de hornos crematorios y cámaras de gas, apenas se diferencian en poco de los campos de trabajo nazis. Ni el trato, ni las condiciones de vida, ni el trabajo, ni los castigos  se distancian de las canteras de Mathaüsen, o de las minas de Melk y Steir, por ejemplo. Los golpistas aprendieron bien las lecciones impartidas por sus amigos de la Gestapo a la hora de gestionar a los presos. No era violencia puntual o descoordinada, se trataba de un aprovechamiento de gente bien formada a la vez que se castigaba e intentaba doblegar al preso político de forma  programada  con un fin vengativo y la voluntad de someter la  posible rebeldía en los presos formados y republicanos. Las humillaciones, los golpes, los castigos infernales como hacerles cargar con peso sujetado en los hombros con alambre de espino que se clavaba en la carne produciendo infecciones, las palizas aleatorias, además de la comida infame -chusco de pan negro y una lata de sardinas incomibles- la sed y las enfermedades que se derivaban de la falta de nutrientes y de higiene, diezmó la población penal de forma drástica. Era milagro sobrevivir y doy fe -he conocido a algún superviviente- que, si lo conseguían, la conciencia de muerto en vida, la terrible sensación de haber habitado un infierno, no les abandonó nunca.

En conclusión, fue un exterminio sustentado en falacias y propaganda infame que lo hace aún más cruel.

 

Que España acabó destrozada en su mayor parte por efecto de la guerra   no es un secreto para nadie. Los sucesivos bombardeos por parte de la Legión Cóndor fueron causa común en dicha destrucción ya que solían arrasar por donde pasaban dejando solo ruina y cascotes en lo que antes florecían pueblos y ciudades. Los alemanes se emplearon a fondo en la destrucción, como ensayo de  lo que luego sería la II Guerra Mundial, utilizando la guerra española como banco experimental de bombardeos en picado sobre poblaciones civiles que nada tenían que ver con el conflicto. También hubo algún bombardeo italiano, incluso de la aviación republicana, pero sin la precisión letal ni el número de aviones empleado por los alemanes.  Ocurría que también se destruían las zonas que abandonaba el ejército  republicano huyendo derrotado con el fin de que los golpistas no aprovecharan las infraestructuras, incluso se intentaba detener el paso golpista dinamitando puentes, carreteras que comunicaban distintos puntos geográficos o líneas férreas. Les añado una cita de la publicación https://mirandamemoria.es/wp-content/uploads/2024/02/Esclavos-del-franquismo-Trabajos-forzados.pdf  que nos dice en la página nueve del manuscrito: Con prácticamente dos centenares de pueblos e incluso ciudades destruidos en más del 60% de sus construcciones y edificios, un cuarto de millón de viviendas particulares reducidas completamente a escombros y otras tantas convertidas también en inhabitables, más del 40% del muy reducido parque automovilístico y ferroviario nacional absolutamente destrozado e inservible, con un quebranto gravísimo en las redes ferroviarias y de carreteras, así como en todo tipo de construcciones e infraestructuras públicas afectadas por los bombardeos sufridos durante los tres últimos años, la España resultante de la guerra civil requería una ingente y económicamente muy cuantiosa labor de reconstrucción material.

La huida al exilio de aproximadamente medio millón de personas, así como las pérdidas de vidas durante la contienda, además de la terrible represión que realizó el bando vencedor, esquilmaron a la población española, fundamentalmente la que por edad y fuerza era considerada productiva. Les hago un gráfico de lo que supuso la guerra en el total de la población nacional del momento:

Componente de la Perdida Cifras Estimadas e Impacto en la Población Activa

  1. Muertes en combate y represión~500.000 personas (Sobremortalidad total, incluyendo guerra, posguerra y represión inmediata). En su mayoría eran hombres en edad militar y activa (18-45 años).
  2. Exilio definitivo~ de 300.000 a 500.000 personas que marcharon al exilio y no regresaron. Se trataba en gran parte de población joven, activa y altamente cualificada (intelectuales, profesionales, técnicos, obreros organizados).
  3. Encarcelamiento masivo (Posguerra)~300.000 personas llegaron a estar encarceladas en la primavera de 1940, y los años siguientes. A partir de 1946 (final de la II Guerra Mundial) fue disminuyendo lentamente.

Como se ve, las cifras citadas suponen la pérdida de productividad de una enorme cantidad de  personas activas durante años -algunos por más de una década- afectando la producción y ralentizando la reconstrucción del país.

Los estudios demográficos que comparan la evolución natural esperada de la población con las cifras reales del Censo de 1940, estiman un quebranto demográfico total que ronda las 764.000 vidas perdidas al finalizar 1939 (sumando el déficit de nacimientos y el exceso de fallecimientos).

La pérdida de población en edad activa (la suma de muertos en esa franja de edad, más los exiliados no retornados, más los encarcelados) se situaría por encima del medio millón de personas que quedaron fuera del sistema productivo de manera permanente o temporal.

 Las pérdidas de vidas humanas, además de la tragedia que supone, tuvo  dramáticas consecuencia en las condiciones económicas y sociales de la España de los años cuarenta por lo que hubo una drástica reducción de la fuerza laboral.

También, como decimos, tuvo lugar  una dramática fuga de cerebros y de profesionales cualificados ya que el exilio se llevó  gran parte de las élites científicas, literarias y artísticas de la nominada  «Edad de Plata» española, dejando un vacío cultural e intelectual insalvable;  además los pocos/as que quedaron dentro del país se vieron silenciadas por el terror que impuso la dictadura a toda muestra cultural que no respondiera a los parámetros religiosos y patrióticos que marcaba el nacionalcatolicismo imperante.

  También se produjo un grave deterioro de la natalidad, produciéndose un déficit de más de 400.000 nacimientos en los años de la guerra y la inmediata posguerra.

Esta sangría demográfica y profesional contribuyó al estancamiento económico y al empobrecimiento de España durante la década de 1940. Sin contar con los erráticos planes económicos de la autarquía introducida por Franco, que supuso más quebranto económico, además del aislamiento  que nos impusieron  los países ganadores de la II Guerra Mundial ya que consideraban a Franco, como lo que era, aliado del derrotado Eje quedando nuestro país fuera del Plan Marshall, puesto en marcha durante la postguerra mundial que supuso el reflotamiento de las economías europeas, por lo que España quedó rezagada a la hambruna y la pobreza absoluta. A todo esto, se sumaba que la peseta en 1940 tenía justo la mitad de valor que antes de 1936. A este oscuro panorama se sumaba que    la deuda contraída con Alemania e Italia, por la ayuda prestada durante la guerra,  era   de 2000 millones de pesetas oro.

Cito varias cifras que nos sitúan la cuantía de la destrucción del país al final de la guerra. 250.000 viviendas fueron reducidas a escombro. El 40% de las locomotoras y vagones de tren, destruidas. Mil coches destrozados y 2700 seriamente dañados. 225.000 toneladas de barcos hundidos (Esclavos por la patria, Isaías Lafuente, pag.23)

Las mentes preclaras del fascio español, bien educadas por sus socios del nacionalsocialismo alemán, idearon  un paliativo para la recuperación del país que fue revestido, como en tantas ocasiones, de la propaganda redencionista que idearon las mentes del nacional catolicismo. Se crearon los Batallones de Trabajo, bajo la entidad llamada, Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo (PCRPT)

con el fin de paliar el déficit de mano de obra  y con la idea  de reconstruir el país lo antes posible con un gasto mínimo.

En  1929, el rey Alfonso XIII había estampado su firma en la Convención de Ginebra, que prohibía tajantemente utilizar    presos para trabajos forzados. Nada importaba al nuevo régimen inmerso en el aislacionismo. Lo que no permite es que se integren extranjeros en dichos batallones por temor a las quejas de terceros países,  pero sí se autoriza organizar un entramado para que  los españoles presos estando en edad de producir y sanos para el trabajo fueran esclavizados y rentabiliza su tarea tanto política como socialmente.

Franco disfrazó la utilización de mano de obra esclava  con el eufemismo maquiavélico de  un “derecho de todo español al trabajo” añadiendo a la fantasía propagandista la teoría que le presta la terminología eclesial del momento, de “redención por el trabajo” llevando a la perversión de hacer reconstruir a los presos republicanos las zonas de sus derrotas, o de las batallas que lucharon poco antes. Belchite, Brunete, Oviedo, Potes, fueron recuperadas por las manos y el sudor de los defensores de la República.

Aplicaban la teoría de que, si los rojos habían destruido España, al forzar una guerra por su mal comportamiento, consideraban cuan grande era  la generosidad de los vencedores al darles la oportunidad de redimir sus pecados reconstruyendo la patria, obviando que esa guerra fue producto de un golpe de estado y de la participación activa de las potencias del Eje. Con esa premisa se armó el entramado que conduciría a miles de personas a la muerte física y a la moral, agotados por la tiranía y el maltrato que se ejerció a la población penal de los derrotados.  El franquismo tomó buena nota de la recordada frase que encabeza la entrada en Auchswich ,  “Arbeit Macht Frei” -“El trabajo libera.

 Continuará…

 María Toca Cañedo.

 

Sobre Maria Toca 1870 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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