El Capitán Machotriste se despierta con su característica mueca de desdén y un dedo ágil para lanzar tuits como si fueran balas olvidadas. No está en guerra contra la injusticia ni el poder, sino contra lo que él denomina «personas tontas con fotos de perfil de gatitos». Este capitán es percibido más como una caricatura que como un héroe: un veterano clásico que no logra adaptarse a un mundo en constante cambio y que mezcla modernidad con decadencia y diversidad con fragilidad.
Se le ve como un guerrero obsoleto, Machotriste, el alter ego de Arturo Pérez-Reverte, se retrata como un defensor del honor y la libertad de expresión, pero desde la perspectiva de la izquierda, sus luchas parecen ser meras quimeras. En sus mensajes, llenos de sarcasmo, se nota un menosprecio por los avances sociales que han sido fruto de largas luchas: la igualdad, el feminismo, los derechos LGTBI y la justicia social. Machotriste los considera «modas blandas», sin embargo, sus detractores ven claramente que su supuesta «nostalgia» es simplemente temor a perder los privilegios de una época en la que su opinión no era cuestionada. El mito de la libertad sin límites es desafiado cuando alguien como Machotriste es reprendido por sus palabras, y él simplemente responde con indiferencia. La izquierda sostiene que la libertad va más allá de expresarse sin considerar las implicaciones, comparándolo con disparar balas al azar. Él interpreta cualquier crítica como censura y ve cualquier desacuerdo como un intento de «cancelación«. Existe un choque cultural evidente: se ve a sí mismo como un Quijote contemporáneo desafiando gigantes, pero desde la otra perspectiva, es considerado un caballero anticuado defendiendo un mundo injusto del que nadie quiere formar parte.El agotamiento del personaje
En su personaje Machotriste, Pérez-Reverte continúa retratando a un hombre que se niega a ser controlado, aunque sus opositores perciben en él más inflexibilidad que rebeldía.
Sus señalamientos sobre la actualidad parecen menos reflexiones profundas y más como charlas de bar. En un mundo donde la comunicación y la comprensión son clave, el sarcasmo agresivo se percibe como algo innecesario y contraproducente. Para la izquierda, el Capitán Machotriste representa una generación que se niega a evolucionar. Es un símbolo que evoca la idea de que todo era mejor en el pasado, pero en realidad señala cómo algunas personas no logran adaptarse a los cambios del presente.
¿Un héroe sin capa?
Al final, lo que queda es una pregunta incómoda: ¿qué batalla está librando Machotriste? ¿Una cruzada por la libertad de expresión o un simple berrinche contra la pérdida de protagonismo? Su figura no es la de un héroe trágico, sino la de un hombre que se quedó en las trincheras mientras el mundo avanzaba hacia otras formas de entender la convivencia.
Machotriste dispara palabras como si estuviera defendiendo una fortaleza en ruinas. Y quizás, al final, su mayor enemigo no son los “modernos” ni la corrección política, sino su propia incapacidad para aceptar que el pasado no volverá.
Tino Vega

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