Solemos recordar de pasada a las referentes. Mujeres que nos han precedido abriendo a machetazos los senderos de la historia para que los crucemos con cierta facilidad.
Mujeres cántabras, como Matilde de la Torre, Matilde Zapata, Consuelo Berges y algunas menos famosas pero que desbrozaron la senda del feminismo.

Me ceñiré a la de la Torre, porque este año se cumplen 80 de su muerte y que mejor homenaje que contar cosas de ella…Claro que hay uno mejor aún: leerla. A las mujeres hay que leerlas -a los hombres también, claro- pero más a mujeres porque hay que compensar mucho patriarcado literario. En 1927 Matilde paseaba con su prima Consuelo por los caminos de zarzales en Cabezón debatiendo sobre la condición de ser mujer y la diferencia de trato social que se padecía. Eran principios del XX y ya se debatía el tema entre las Sinsombrero y no digamos entre las olvidadas Mujeres Libres, las feministas libertarias de menor relumbrón pero con una costra de lucha memorable.

Matilde de la Torre, fundó casas del pueblo como Santa Teresa (otra feminista de lumbre y soga) conventos. Además de luchar codo a codo con los trabajadores de Hilaturas por sus derechos, además de escribir en toda la prensa cántabra y nacional…A poco que la animó el admirado doctor Madrazo, allá que se adentra en los laberintos políticos y como en Cantabria no se votaba a la izquierda (y lo que se votaba lo copaban hombres, porque a ver quién desbancaba a Bruno Alonso) la señora de la Torre se presentó por Oviedo y arrasó.

En el Parlamento se juntaron pocas pero ¡cielos! que voces de mujer. María Lejárraga, Clara Campoamor, Dolores Ibarruri, Victoria Kent…mujeres burguesas, menos Dolores claro, que habían saltado por encima de su clase social tomando conciencia de que el mundo era amplio, poco justo y endemoniadamente antisocial. Toman conciencia, a la vez, de su condición de mujeres, de la lucha que ha costado el voto femenino…el divorcio, la igualdad en general, sacando la conclusión de que había que emprender, además de una lucha social, la enconada guerra del feminismo.

Desbrozaron un Parlamento misógino, una prensa cerrada a las voces femeninas y a una sociedad que estigmatizaba todo lo que se salía de las costuras burguesas atizándolo con furia.
Matilde, Clara, Consuelo, María, Dolores, Victoria, Mercedes, Federica (pionera y visionaria en tanto que asusta) Tantos nombres se me agolpan en la memoria que me lleno de emoción y no soy capaz de seguir, todas compañeras de lucha peleándose contra el sistema patriarcal como titanas.

Poco después calló un terrible telón, no sé si de acero, pero de plomo seguro.
Las mujeres volvieron al hogar y al confesionario. Las nuevas avanzadas leyes que nos igualaban en derechos y obligaciones se derogaron. Se tornó al Código Civil de 1898 que consideraba a la mujer con los mismos derechos que a un animal doméstico (no exagero, si dudan busquen que no me dejan espacio en el diario…) En 1939, nos arrebataron derechos, libertades y ganas de vivir.

Matilde murió de pena y asco en México, dejando en desamparo a su hermano minusválido, María Lejárraga vagaba por París en la miseria. A Consuelo Berges la tomó de la mano la Gestapo colocándola en la frontera, familiares adeptos al régimen la salvaron la vida a cambio de no escribir jamás, de dejar de ser lo que era y lo que amaba. Dolores voló a Moscú enterrando en Stalingrado a su Rubén ladrando de dolor pero sin perder la esperanza de tornar a su España libre de fascistas.

El telón de plomo duró tantos años que tuvimos que volver a empezar todo de nuevo. Rebuscando en los baúles de la historia las encontramos a ellas que nos enseñaron el camino y la lucha. Pero tuvimos que volver a desbrozar. Ley de divorcio, de aborto, igualdad salarial, ley del Solo Sí es Sí…
Y ya pensamos que el trabajo andaba cumplido cuando nos damos cuenta de que los barbaros siguen como entonces. Agrediendo, violando, abusando, gritando, insultando, vejando a las mujeres por el hecho de serlo. Volvemos a escuchar que nos niegan la verdad de la masacre que se origina cada año con decenas de asesinadas. Que nos llaman mentirosas cuando denunciamos abusos, que son precisamente quienes cobran por velar por la seguridad quienes nos agreden sin fin. Que graban nuestra intimidad y nos preguntamos ¿qué coño os pasa? Contemplamos a la siguiente generación de hombres y sentimos un frio en el alma porque solo un 30% se dice feminista y con la boquita pequeña.

Sabemos, porque tenemos la historia para aprender, como se tornan los derechos, como la sociedad da un viraje y nos pone en el punto de partida o más lejos aún.
Ha pasado.
Tememos que vuelva a pasar.

Tememos que las cadenas salgan del ancestro para encadenarnos, para derogarnos, para encerrarnos en un confesionario donde la única luz sea la del sagrario.
Está pasando. Lo olemos. Y tenemos que juramentarnos para tejer una red de brazos y puños para impedir que nos pase como a ellas, como a Matilde, Consuelo, Dolores, Clara…

Aunque sea por ellas y por las que nos sigan, y para que de una puñetera vez afirmemos los derechos que nos corresponden.
María Toca Cañedo©
Coordinadora de https://www.lapajareramagazine.com
Presidenta del Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca

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