Todos las personas tienen precio y si no lo tienen, no valen nada.
Juan March Ordinas
En el paseo que nos damos por los malvados que han pasado a la historia, el que nos llega hoy, tiene capacidad de liderar muchas de las listas de seres humanos perniciosos. No obvio que su enorme talento para el mal resulta –confieso avergonzada—un tanto fascinante porque este hombre que nace en una familia de contrabandistas de tabaco y otras minucias, en Santa Margarida, Baleares, un cuatro de octubre de 1880 pertenece a la serie de los supervillanos de la historia mundial. Les reconozco que cada nueva lectura he descubierto tantas bellaquerías que resulta difícil de creer que un solo hombre pueda ser causante de tanto mal a la humanidad. Les presento al gran bellaco, Juan March Ordinas.
El progenitor del joven March, además de contrabandear con el tabaco, se dedicaba a la cría y compra venta de cerdos, tareas ambas en las que el hijo le ayuda desde niño. Va a la escuela lo justo para aprender lo básico, pero su inteligencia despierta y astuta como pocas no encuentra sentido en los libros. Lo suyo es otra cosa. A Juan March le gusta el dinero y el poder para conseguir más dinero y los números se le dan muy bien, es un auténtico genio del cálculo matemático y carece de toda ética por lo que pronto destaca por sus trapacerías. Su vida fue una carrera incansable e ininterrumpida en pos de conseguir más dinero, más poder sin detenerse ante nada ni nadie. No tenía más creencia que el dinero, ni tuvo patria ni dios ni más amor que esa sed insaciable de hacerse rico.
La familia March no era pobre, tampoco pertenecían a la aristocracia mallorquina, sino a un emergente capitalismo que nacía con el siglo que supo aprovechar Juan hasta el infinito.

Durante los primeros tiempos de vida, su padre entra en política como miembro del Partido Liberal, consiguiendo un puesto en el Ayuntamiento. No lo hace por afán de servicio ni por gusto político sino porque entiende que las redes clientelares y las influencias económicas están unidad a la política. Juan aprende de su progenitor a tender madejas en propio beneficio y al valor de relacionarse con los políticos a los que compró desde la izquierda hasta la derecha porque Juan March, como buen capitalista, tampoco tenía ideología por más que se presentara en dos ocasiones a diputado, consiguiendo escaño. Lo cierto es que la derecha le atraía más pero no dudó en utilizar a la izquierda con fines personales.

La madre había muerto teniendo él siete años. manteniendo con su padre una relación distante que con los años se fue agriando. Además de participar en el negocio de compra y venta de cerdos, el padre encomienda a Juan la administración del negocio ya que hemos dicho que las matemáticas se le dan muy bien por lo que confía en sus dotes de contable. March hijo prendió a negociar comprando cerdos a payeses pagando poco y revendiendo con una gran plusvalía. Estos negocios satisfacían al joven March, pero tenía miras más altas. Comenzó en el contrabando de tabaco a la temprana edad de quince años en donde logró éxitos memorables con formas nada nobles.
En realidad, si tuviéramos que definir a Juan March, tomaríamos prestada la frase con la que muchos años después el periódico comunista, L´a Humanité le definiría: “Juan March, el último pirata del Mediterráneo”

La ruptura con el padre se produce cuando roba 1500 pesetas de las cuentas que gestiona en los negocios comunes. Hay que pensar que el sueldo diario de un trabajador no excedía las dos pesetas diarias, siendo el de una mujer, una peseta, por lo que la cantidad aligerada de las cuentas paternas era muy alta. Cuando lo descubre el progenitor propina una gran paliza al hijo y sus frías relaciones hasta entonces quedan rotas.
Juan March se percató de que el contrabando le traerá más dinero que el chalaneo con los cerdos, para ello contacta con un pescador de la zona que va con frecuencia a Argel y comienza a traer tabaco desde el norte de África a gran escala. Al experto traficante le convierte en asalariado a su servicio, a la vez que denuncia a los competidores a los carabineros siendo detenidos con las cargas, quedando él solo como amo del contrabando con el Norte de Áfica. Podemos imaginar el odio que levantaban sus acciones sin escrúpulo denunciando a vecinos, pero fue precisamente esa flagrante falta de ética lo que le hizo temible desde el principio. Sus competidores entendieron que Juan March no tenía ninguna cortapisa y que era capaz de todo con tal de obtener ganancias. Esas acciones iniciales le hizo ser odiado pero imparable en su carrera hacia el éxito.

Ciertamente, Juan entendió pronto que no se llega a hacer fortuna si se mantienen valores y honestidad, de los que, además, su naturaleza carecía . El contrabando de tabaco le empieza a dar frutos y con él consigue una fortuna satisfactoria contando que es solo un joven que comienza a vivir. En 1916 comienza la compra de acciones de una compañía naviera hasta que al poco tiempo la hace suya por completo convirtiendo la ruta mediterránea en su feudo. El salto definitivo llega con la Gran Guerra, durante la cual March, labra una gran fortuna vendiendo armas a ambos bandos, aprovechándose de la neutralidad española. Abastecía a los alemanes, pero al ver que los británicos iban ganando se decanta, por pragmatismo, hacia ese lado, al que sirvió como espía y como buen contrabandista surtió de alimentos que sacaba de su tierra vendiéndolos a precios abusivos a los países en guerra lo que no le impide seguir vendiendo fuel a los alemanes con los que alimentaban a los submarinos que combaten contra Inglaterra.

El expolio que produce el acaparamiento de alimentos para ser revendidos a diversos paises provoca la hambruna de sus vecinos que carecen de todo. El pueblo de Mallorca muere de hambre mientras contempla a los barcos salir del puerto de Palma llenos de aceite, harina, cereales, frutas y verduras hacia destinos desconocidos. El acaparamiento lo disimula poniendo encima de los alimentos de contrabando en las almacenes de sus barcos higos secos que se podían exportar. Llegó un momento que el odio de los vecinos les hizo amotinarse en su contra debido al hambre feroz, llegando a asaltar los barcos que estaban en el puerto cargados a punto de salir hacia diversos puntos del mapa. Incluso llegan hasta la casa de la familia March con serio peligro para los habitantes de la misma. Juan March, recurre a las fuerzas de orden público que obedientes defienden los barcos. En la contienda llegó a haber muertos y un odio hacia el acaparador que jamás se olvidará. Juan March, aprende una lección que no olvidará. Hay que hacerse con la población, comprándola con prebendas, trabajos o corruptelas, para dominar el mundo, debe tener a las clases populares a su favor. Y no duda en ponerse a ello con fervor de neófito. Comienza la manipulación masiva a una población esquilmada que pasa del odio a la admiración con poco esfuerzo del esbirro capitalista.

El partido socialista de Pablo Iglesias se ha organizado en la isla, Juan March, promete construirles una Casa del Pueblo, para ello toma terreno municipal y comienza a construir. El alcalde no ha sido avisado de la maniobra de March, parando la obra que ya estaba programada porque el magnate se ha apropiado de terrenos municipales sin permiso. March, manipula a los socialistas para que reclamen la casa prometida enfrentándose al ayuntamiento además de erigirse él como adalid generoso de los obreros socialistas; ante la presión, el Ayuntamiento cede y poco después es inaugurada la nueva Casa del Pueblo financiada (solo las obras y pagadas a precio de saldo o por nada) . Se invita a Indalecio Prieto a la fiesta de apertura, pero éste conoce o intuye las manipulaciones capitalistas de Juan March, se niega a asistir condenando de firme que los socialistas de Palma reciban la donación de manos del pirata Juan March. Tiempo después hará valer el favor cumplido con la Casa del Pueblo requiriendo la sumisión de los socialistas palmeros a las labores de contrabando. Para March todo es estrategia dirigida a su enriquecimiento y si para ello tenía que donar a los socialistas, como luego haría con algún anarquista, con tal de ganar su favor mientras asalta la ley, no lo duda. Tiempo después, un capitán de carabineros incauta tabaco contrabandeado por March, que azuza a la gente del pueblo que le debe favores contra las fuerzas de orden, haciendo una turba asalte el cuartel, con grave riesgo para la vida de los integrantes. Acusado de instigamiento, sale el juicio inculpatorio hacia March, pero ha labrado entre donaciones y amenazas un tejido de inocencia. Hasta el propio capitán que realizó el alijo resultando herido cambió la declaración negando que viera a March instigar los desórdenes. Como en tantas ocasiones, el magnate sale impune. La fuerza del miedo unida al favor y a la amenaza han acallado a la ley. Pasará siempre lo mismo.
Como dijimos, en 1916 ha conformado la Transmediterránea que mantienen el monopolio de los viajes entre la península y la isla también entre Palma y Marruecos y Argel, lo que potencia su contrabando ya que ha hecho desaparecer la competencia.

La política española desbarra entre una corrupción galopante y los sucesivos desastres de la guerra de Marruecos, en donde Abd del Kirim lidera a los rebeldes rifeños. March, surte de armas al ejército español y también a los rifeños de Abd del Krim que escabechan españoles en sucesivas batallas de las cabilas hasta que llega la derrota del Desastre de Annual. Ya tenemos claro que el capital no solo no tiene ideología (aunque prefiere de largo a la derecha) ni patriotismo. Juan March, vende armas a ambos bandos, como hizo en la Gran Guerra, solo que ahora traiciona a su propio país, importándole poco si sus armas matan a compatriotas españoles. Los rifeños pagan bien al pirata del Mediterráneo por lo que no le produce ningún problema moral.

Después de la I Guerra Mundial, el hombre que comenzó mercando cerdos, tiene una fortuna considerable. Da el salto a Madrid y a ejemplo de su padre entra en política, consiguiendo escaño en 1923 en el Parlamento español. El ministro de Hacienda, Santiago Alba Bonifaz, corrupto hasta la médula, está al servicio del mallorquín, incautando empresas que luego cede en concesión a March, a cambio de suculentas comisiones. Desde su escaño y cerca de los movimientos políticos del país, Juan March trama un futuro halagüeño mientras su fortuna se engrosa cada día. En 1925 consigue el monopolio del petróleo fundando la Compañía de Petróleos Pi. En 1926 da comienzo la creación de la Banca March y la empresa Barcelona Traction. El espaldarazo lo recibe cuando le conceden el monopolio del tabaco para el Norte de África.

A diferencia de otros contrabandistas, March supo blanquear y legalizar su fortuna y para eso la creación del banco es primordial. El objetivo era doble, por un lado financiar sus propios proyectos industriales y comerciales además de obtener una fachada de respetabilidad y un poder institucional que lo protegiera de persecuciones legales.
Para entonces se ha casado con una rica heredera de Palma, además de ir adquiriendo las propiedades y latifundios de la apática aristocracia de la isla que los vende a precios irrisorios ya que los otrora grandes propietarios están arruinados y necesitan dinero para seguir con sus vidas ociosas. Las propiedades compradas a precios irrisorios son troceadas y revendidas a campesinos a los que concede créditos su banco para pagarle. Con este negocio tan lucrativo se granjea la enemistad de la alta burguesía isleña que le mira como a un patán enriquecido, cosa que no preocupa al millonario. Los campesinos ahogados por los créditos de altos intereses, son obligados a vender los alimentos cosechados a precios muy bajos, que son revendidos de forma abusiva.

Juan March asiste al empobrecimiento de una alta burguesía con cierta satisfacción de niño de clase media, los viejos terratenientes no entiende los nuevos tiempos que llegan potenciando unas formas feroces de hacer negocios. El capitalismo expulsará a los viejos señores a la vez que triturará al campesinado y proletariado que queda supeditado a la esclavitud de alquileres abusivos, o de intereses bancarios también excesivos trabajando jornadas extenuantes compitiendo con monopolios que les ahogan sin permitir un comercio libre.

Durante la dictadura de Primo de Rivera, la situación de March es ambivalente. El dictador le aborrece e intenta descabalgarle de la cercanía con el poder. Para entonces Juan March es demasiado poderoso para temer a un tirano en decadencia además cuenta con el favor de Salvador Alba, ministro de Finanzas y un corrupto supeditado al millonario. Primo de Rivera se da cuenta de que no puede combatir al prohombre de Palma por lo que le deja seguir con los negocios y las corrupciones que van ampliando el capital hasta convertirlo en uno de los más ricos de España y pronto de Europa.

Para entonces un suceso turbio ha ocurrido en su isla. Un hijo de un socio, Rafael Garau, joven, atractivo y con carácter de don Juan seduce a su mujer, que se enamora de él según cartas encontradas años después. El joven tiene veintiséis años y un día aparece asesinado de dieciséis puñaladas. Hay testigos que señalan a Juan March que, en acto supremo de cinismo, es quien comunica al padre del finado su muerte incluso organiza los funerales. Los vecinos habían escuchado los gritos de la pareja al descubrir March el enamoramiento de Leonor, su esposa, así como conocían los encuentros furtivos de los amantes. Juan March, hizo según costumbre, compró a los testigos, a los jueces, a los carabineros que investigaban, los que no cedían a las presiones, son enviados a destinos lejanos, también desaparecen documentos de la investigación hasta quedar todo en nada. No se pudo hacer justicia porque el poder corrompedor del millonario llegaba hasta eximirle del crimen. La esposa, a partir del suceso se convirtió en una católica ferviente y él que de siempre gozaba de apetito feroz por el sexo se rodeó de prostitutas y amantes hasta el final de sus días. La familia se quedó en Palma mientras él se traslada de forma definitiva a Madrid, sin tener demasiado contacto con los suyos. La pareja tuvo tres hijos, el tercero se dijo que no era de él y siempre le tuvo apartado de los negocios, incluso le desheredó. Cierto es que ese hijo llevó una vida distante de los negocios de la familia sin mostrar interés alguno en las empresas familiares. Para la madre, en cambio, siempre fue el hijo favorito dejándole todas sus propiedades al morir.

Uno de sus movimientos más audaces del atrevido millonario fue la toma de control de la CHADE (Compañía Hispano-Americana de Electricidad). A través de maniobras financieras complejas en mercados internacionales, March logró hacerse con esta gigantesca eléctrica, consolidando su poder en el sector energético.
Una de las acciones más perversas del millonario fue hacerse con la opinión pública, que necesita para labrarse un blanqueo; para ello adquiere medios de prensa, El Día, de ideología liberal y también La Libertad, de izquierda, poco después adquiere Informaciones que será el adalid de la propaganda nazi en España, siendo dirigido por Víctor de la Serna, que espió para Alemania e hizo largas amistades con jerarcas nazis siendo padrino de boda de Otto Skorzeny durante la postguerra española.

Ya dijimos que Primo de Rivera detestaba a March, pero no le queda más remedio que firmar un pacto tácito de no agresión, donde el dictador recibe el predominio en el Norte de África a cambio de que el magnate siga con sus trapisondas sin ser molestado.
Durante ese tiempo la naviera de March también construye barcos financiándose con su propio banco. Le otorgan la concesión de electrificar la isla de Mallorca además de mantener el monopolio del tabaco en Marruecos y Argel.

El hombre que vendía cerdos en Mallorca, y que pirateaba tabaco ya es un prohombre del país ante quien el dictador y la alta sociedad, que en verdad desprecia, se le rinden sin condiciones. Juan March se mueve de forma perfecta entre las tinieblas de la especulación convirtiendo su fortuna en la más grande de España y de Europa.
Continuará…
María Toca Cañedo.

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