Cuando se salta una línea roja, o como dicen la neolengua juvenil red flag, saltan los demonios desatados y todo es posible. Si consentimos al abusón del patio que se quede con las meriendas, que lance collejas al buen estudiante, que nos robe las mochilas y nadie dice nada o solo se den quejidos con la boquita pequeña para que no se enfade ¿por qué va a dejar de abusar si nadie se lo impide de verdad? Hemos quedado que su naturaleza es malvada, abusona. Tal que el escorpión hace con la tortuga al cruzar el río, el abusón no puede evitar su condición. Aunque se ahogue.

Desde hace tiempo hemos permitido a los sucesivos gobiernos israelíes cruzar alguna de las líneas rojas más importantes de nuestra civilización; espero que nadie dude de que la cosa viene de muy atrás. El problema entre Israel y Palestina se traslada al final de la Guerra Mundial cuando Gran Bretaña regala un territorio ocupado colonialmente a un grupo de gente que no era ni será país. Se trataba de un grupo étnico repartido por el mundo, unificados por una religión y unas costumbres culturales más que discutibles. Pero no eran país. Se lo inventaron los sionistas. Se cedió a las exigencias de dicho grupo extremista y se les concedió una tierra.

No una tierra cualquiera, sino una habitada durante cientos de años por un pueblo, el palestino, que ya notaba la invasión desde finales del siglo XIX cuando colonos, a la chita callando, llegaban y se aposentaban con determinación en el territorio. Por mandato divino, decían ellos, porque un libro gordo y fantasioso con mucha metáfora literaria apuntaba que era esa la tierra prometida por Yahvé a su pueblo. El pueblo elegido por ese Yahvé cruel que esculpía en sal a los que volvían la vista, incendiaba a los sodomitas, asesinaba a los desobedientes, hacía yacer a viejos con jóvenes púberas, padres con hijas, hijos entre sí y le gustaba mucho que le degollaran cabritillos en una cima.
Ese mismo Yahvé.

Cuando la ONU les da la tierra en 1946 lo hace desde la atalaya del colonialismo británico que sabemos bien la poca consideración que siempre ha tenido con sus colonias -algo que se explota, se visita y se somete a sangre y fuego- Se forma el estado de Israel y en vez de hacer las cosas con moderación, ya que el inicio fue pervertido, se dedicaron a conquistar, a invadir, a colonizar y a apartar a los legítimos dueños. El mundo occidental hizo, como acostumbra, la vista gorda y dejó hacer desmanes a los nuevos habitantes de la tierra robada.

Cuando existía cierta hermandad entre los musulmanes se intentaron campañas de apoyo al pueblo sometido sin mucho éxito, porque los ladrones de la tierra palestina eran amigos de Occidente, que además a este poder le convenía mucho tener amigos en la zona para que no se desmandase y siguieran llegando los bolquetones de petróleo a buen precio. Y se creó un monstruo.

Un monstruo muy inteligente, hemos de concederlo, porque el pueblo ladrón investigó en armas y en tecnología que a Occidente le engolosinaba porque a los gobiernos de esta parte del mundo, como andan con el vientre lleno, lo que les ponía era espiar al vecino, andar zascandileando a ver quien tenía el arma más grande, más letal. Y los ladrones de tierra, se dieron cuenta que esa era la clave.

“Los vamos a coger por donde más les gusta, haremos armas, no las mejores, ni las más sofisticadas pero diremos que lo son. Y luego mucho jueguito de espías que a los chungos de Occidente les gusta la tecnología para espirar y molestar vecinos” Dijeron los hijos de Ben Gurion y Golda Meir. Se pusieron a ello, con ganas. Luego llamaron a los que se quedaron en USA para hacer lobby y como a uno que fue víctima del Holocausto no se le niega nada pues tenemos el lío armado.

Los pobladores del estado de Israel, la tierra robada ¿recuerdan? siguieron puteando lo más grande a la población autóctona, porque como al abusón del cole, si le dejas pasar te aterroriza sin freno. Siguieron traspasando líneas rojas y no pasó nada. Nadie les frenó, nadie les obligó a retroceder, a ser civilizados. Al contario. Le reían las gracias al matón, le compraban tecnología a cascoporro, armas también porque el primo yanqui les protegía y apadrinaba.
Luego ha llegado el infame mayor -al nivel de Hitler, Stalin o Pol Pot- el ínclito Netanyahu que, bravucón y corrupto como él solo. no es que pisó una red flag sino que se las saltó todas con chulería malvada. ¿Qué hizo Occidente?

Oh, podemos preguntar a los comentaristas simpáticos de la Vuelta ciclista (no todos, pero casi) tomarle del brazo y pedirle con vocecilla meliflua: “A ver, Benyi, que por favor, no seas tan malote, chiqui, no mates tantos bebés que quedo feo en el Telediario, ni a periodistas, hijo, que de la que vas no dejas uno ¿No crees que te pasas un poco? porque has asesinado a más periodistas que en toda la II Guerra Mundial y eso de disparar a los nenes que muertos de hambre prefieren morir de disparo que de hambre, pues queda antiestético en las fotos. A ver, Benyi, compórtate un poco. Lo de bombardear al país que te acoge para pactar algo de paz, tampoco mola. No seas bruto, jolines”

Benjamín Netanyahu sonríe como las hienas mirando a este Occidente cagón y se encabrona más por la advertencia y más asesinatos, más bebés destripados, más periodistas asesinados, porque a él nadie le tose. Faltaría más.
Y ahora nos encontramos con que los psicópatas tiranos del mundo andan contemplando el espejo en el que se mira Netanyahu y dicen: “coño, qué fácil es” Por eso Putin sonríe cuando le hablan de paz y ya anda abriendo las fauces para devorar a Polonia, o por lo menos a acojonarla, como a Finlandia y al resto de vecinos del área. Porque a Vladimir le gusta lo que hace Netanyahu y se percata de que si a él por invadir Ucrania le pusieron la mano delante para que no fuera tan malo, ahora constata que Occidente ha perdido toda la autoridad moral para parar a los abusones.

Recuerden las palabras de Borrell (ese bolivariano, comunistorro…) “Europa ha perdido el alma”
La Europa de los derechos, de la democracia liberal, de la cultura de la paz. La Europa destrozada por la bota hitleriana que parecía haber aprendido la lección y no. Resulta que no hemos aprendido nada porque seguimos cometiendo el mismo error. Tengo grabadas en mi memoria las tristes palabras que dirigió el presidente Negrín en la ultima visita a la Sociedad de Naciones, en 1938 cuando avisó con desesperación que si no paraban al tirano más pronto que tarde iría a por ellos… Nadie le hizo caso y fueron a por ellos.https://iniciativamemorialistalegadorepublicano.wordpress.com/2017/09/18/discurso-de-negrin-ante-la-sdn-18-de-septiembre-de-1937/

Cuando un abusón pisa una línea roja hay que pararle pronto y de firme. Hay que llenarle de collejas de forma que quede convencido de que no puede abusar, porque no entienden otro lenguaje. Puede que tengan problemas de falta de cariño, de autoestima o de virilidad prostática, pero solo entienden a la autoridad revestida de fortaleza y razón. Y a la galleta que le damos a mano abierta o cerrada, como prefieran. Recordemos: los abusones no saben dialogar, no entienden de paz, de concordia ni de derechos. Solo entienden de fuerza.

Con eso no quiero decir que Occidente envíe bombas a Jerusalén, pero hay formas, muchas formas, de maniatar a un abusón. Hay formulas legales de sobra para poner en su sitio a los perturbados como son, han sido y me temo que serán los sionistas, porque no hay trazas de que Occidente unido y sincronizado maniate a los orates perversos de Israel y les demuestren que pisar una línea roja tiene consecuencias.

No se hará, no tengo esperanza, en parte porque todavía queda gente que considera delito parar una etapa de la Vuelta pero no destripar niños. Porque todavía hay gente como el infame Almeida y sus compinches que no llaman genocidio a lo que es genocidio y critican las tímidas medidas de un gobierno que ha tardado demasiado.
La población digna mundial estamos saltando con furia contra el perverso abusón y sus cómplices. Nos hemos llenado de rabia, pero una rabia grande e incontrolable, contra quien lleva casi ochenta años saltándose la ley, el orden mundial, los derechos humanos y la dignidad y no se ha hecho nada.

Es el pueblo que de punta a punta del globo va a conseguir que el abusón pare porque nos sangran los ojos y la paciencia se nos ha terminado hace mucho. Y no es que paremos la Vuelta, es que vamos a parar, como decía el bravo estibador genovés, Europa, por lo menos.

Los gobiernos occidentales no han estado a la altura de la historia, parece que el pueblo sí lo está, salvo execrables excepciones, porque si hay una causa común entre la gente de bien, sean de izquierda o derecha, es la causa del pueblo palestino. Lo hacemos por ellos y por nosotros, porque siempre, siempre, una vez devorada la víctima van a por la siguiente.
No hagamos como la tibia Sociedad de Naciones hizo con el pobre Negrín, que le negó la ayuda que hubiera salvado primero a España, luego Europa y a seis millones de judíos también.
María Toca Cañedo©

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