El incendiario Cardenal Segura que pudo cambiar la historia.

 

Una de las acusaciones más frecuentes contra la Segunda República española ha sido el anticlericalismo exacerbado que llevó a  la quema de conventos que llena la boca de muchas de las personas que pretenden justificar con ello el golpe de estado.

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Ya analizamos la tradición anticlerical española, que tal como dijimos, se la gana a pulso a lo largo de la historia la iglesia católica , imbricada con el poder feudal de los grandes terratenientes del país  siendo aliada firme de una monarquía corrupta e insolvente como la borbónica de quien recibía prebendas y genuflexiones a cambio de mantener a los súbditos atados al confesionario en las parroquias y en las escuelas, dominadas por clérigos tan infames como incultos. La literatura española refleja mejor que mil ensayos el cariz casposo y dominante de clérigos y párrocos en España. La figura hierática y  perversa del Magistral de Clarín, nos  refleja los vicios de la alta curia que manipulaba por el conocimiento de los entresijos morales de los y sobre manera de las feligresas que se confesaban en él emanando de ello un dominio absoluto en bien de las normas y del poder inamovible.

Don Inocencio, canónigo de Orbajosa, es retratado por  el maestro Pérez Galdós en doña Perfecta como el poder en la sombra que gobierna almas y cuerpos de la pequeña ciudad norteña  llevando a la desesperación a las almas puras y de algún modo rebeldes de los protagonistas. Bajo una apariencia de humildad, extrema cortesía y una sonrisa constante,  Don Inocencio se muestra como un hombre profundamente manipulador e intransigente que utiliza su influencia sobre Doña Perfecta para dinamitar la relación del liberal y moderno Pepe Rey con su prima Rosario.

Galdós  utiliza a sus personajes como una crítica feroz al integrismo religioso y a la resistencia al progreso en la España profunda de la época. El párroco de Orbajosa no se trata de un personaje aislado, sino del prototipo común en la España del siglo XIX, como lo había sido en siglos anteriores y como lo seguiría siendo en los albores del XX.

Pedro Segura y Saenz, apodado años más tarde el León de Toledo, nació en 1880  dentro de una familia humilde de Burgos, Segura fue un alumno brillante que ascendió rápidamente en la jerarquía eclesiástica.

Fue nombrado obispo a los 36 años y, para 1927, ya era Cardenal Primado de España (Arzobispo de Toledo) lo que proporcionó prestigio al joven cardenal y una autoridad fuera de toda duda.

Además de ser  defensor a ultranza del integrismo católico, Segura, creía en la unión indisoluble entre Iglesia y Estado, y rechazaba cualquier atisbo de liberalismo o modernidad. Entendía a la iglesia imbricada con la institución monárquica de forma que no concebía España sin rey ni el feroz e intransigente catolicismo que profesaba dejara de tener la mayoritaria influencia en el estado.

Además de lo anterior había realizado un viaje junto a Alfonso XIII a las Hurdes donde estrechó lazos de afectuosa amistad con el monarca. No concebía, por tanto, que en algún momento el estado cambiara su forma, ya que consideraba a España y a su monarca bajo la total protección divina.  Cuando fracasó el pronunciamiento de Jaca, condenando poco después  a muerte a los tenientes, Fermín Galán Fernández y Ángel García Hernández, el cardenal Segura tuvo la seguridad y así lo manifestó a quien quisiera escuchar, que fue Dios mismo quien protegió a la monarquía española desarticulando a los republicanos.

Cuando el catorce de abril de 1931 triunfa la República, saliendo a las calles las masas con alegría a celebrar la caída de la corrompida monarquía, a Segura se le rompieron muchos esquemas y con la marcha de la familia real al exilio se le incendió el furor monárquico de forma irredenta.

Es cosa curiosa el amor y la fidelidad procesada por un guardián de la moral como era Pedro Segura a un rey amante de la pornografía (tenía una productora de películas pornográficas que aun hoy sonrojan por la brutalidad de sus imágenes) infiel que dejaba bastardos por donde iba, y corrupto  con una dictadura y una guerra (Marruecos) a sus espaldas. No nos extraña ya que la moral laxa de la iglesia es dada a perdonar mucho a los poderosos y a condenar en exceso a los menos favorecidos.

El gobierno provisional republicano, encabezado por Niceto Alcalá Zamara, hombre católico de misa diaria, no había calentado la silla cuando el cardenal Segura lanza La Pastoral de la discordia. El 1 de mayo de 1931, quince días después del estallido republicano,  publicó una carta pastoral incendiaria donde elogiaba fervientemente a la monarquía caída (Alfonso XIII) y advertía a los católicos de los peligros que acechaban a la religión bajo el nuevo régimen. La proclama era un insulto y una injerencia con llamadas al combate de la población católica española, tanto que el gobierno elevó  quejas hasta el Vaticano, que no había reconocido al gobierno republicano aún, frente al resto del mundo que sí lo había hecho, pero intentaba mantener una postura de neutralidad con el nuevo gobierno.

En dicha pastoral se decían cosas como esta: «¿No es deber de todos los católicos -decía Su Santidad Pío X en su encíclica de 25 de agosto de 1910– usar de las armas políticas que tienen a la mano para defender a la Iglesia y también para obligar a los políticos a mantenerse en su terreno y no ocuparse de la Iglesia sino para darle lo que le es debido?»

“Si permanecemos «quietos y ociosos»; si nos dejamos llevar «de la apatía y de la timidez»; si dejamos expedito el camino a los que se esfuerzan en destruir la religión o fiamos el triunfo de nuestros ideales a la benevolencia de nuestros enemigos, ni aun tendremos derecho a lamentarnos cuando la triste realidad nos demuestre que, habiendo tenido la victoria en nuestra mano, ni supimos luchar con denuedo ni sucumbir con gloria”

“No es tiempo de largos discursos, sino de orar, de obrar, de trabajar, de sacrificarse, si es preciso, por la causa de Dios, y por el bien de nuestra amada Patria

Toledo, 1 de mayo de 1931. Pedro, cardenal Segura y Sáenz, arzobispo de Toledo.

La consecuencia lógica que sobrevino fue que la proclama fue vista por el Gobierno Provisional como una provocación directa además de ser tomada por el pueblo, que mantenía el espíritu revolucionario en alto, como una declaración de guerra a la que grupos incontrolados respondieron con la quema de varios conventos en diversos puntos del país. Entre los más importantes tenemos estos:

  • Madrid: Incendios de la Casa Profesa, colegio de la Inmaculada y otros edificios.
  • Málaga: Se quemó gran parte del patrimonio religioso, siendo la ciudad más afectada.
  • Andalucía (Cádiz y Sevilla):
    • Cádiz: Convento de los Dominicos, Santa María, Carmen y la Merced.
    • Algeciras: Quema de múltiples templos, incluyendo la Iglesia de Nuestra Señora de la Palma.
    • Jerez de la Frontera: Asalto al Convento de San Francisco, Carmelitas y Jesuitas.
    • Sevilla: Intentos de incendio en el Palacio Arzobispal, San Buenaventura, San Leandro y San Juan de Dios.
    • Pueblos andaluces: Incidentes en Lora del Río, Coria del Río y Alcalá de Guadaíra. 

Sucesos que desacreditaron a la República tanto en el exterior como ante los elementos católicos moderados del país.

Como consecuencia de la Pastoral y la consiguiente queja del gobierno republicano ante la Santa Sede y los disturbios formados poco después, el cardenal Segura sale de España, no como se ha repetido en diversas ocasiones, expulsado por el gobierno, sino por propia voluntad. Se refugia en el Vaticano que lo envía a Francia, desde donde regresa a España con la intención de seguir provocando al gobierno salido de las urnas de forma continua, ante lo que la respuesta es, esta vez sí, su expulsión.

Fue todo un mal trago para los feligreses católicos ver a todo un cardenal primado de España ser conducido hasta la frontera por las fuerzas de orden público, pero lo cierto es que sus coacciones , además de alentar los movimientos subversivos, no pararon en ningún momento.

Durante los primeros tiempos de la contienda, justamente el 10 de septiembre de 1936, el carlista  Fal  Conde, escribió desde Pamplona al cardenal Segura  en un intento de implicarle en la intercesión ante las condenas de fusilamientos  al clero  nacionalista vascos, a lo que el cardenal desde su retiro le indicó que no  movería ni un dedo por los sacerdotes condenados. Fueron fusilados catorce sacerdotes nacionalistas vascos por el bando golpista, muchos sufrieron cárcel y castigos, además de duraderos exilios, lo cual desmonta la mal llamada defensa de la fe cristiana por parte de los golpistas.

El carácter del cardenal Segura no estaba hecho ni para obedecer ni para asumir la supuesta concordia cristiana, regresando a España en 1937 cuando el país se encontraba en plena contienda, posicionándose al lado de la subversión en todo momento. Franco le nombra cardenal primado de Sevilla, donde mantiene relación de amistad con el infame y deslenguado general Queipo de Llano, sin oponer ni una palabra a las diatribas criminales que éste soltaba a las ondas cada noche, en las que, empapado de alcohol y odio, prometía bombardeos y violaciones a las poblaciones conquistadas.

Fue en esa época cuando el integrismo fanático de Segura se desató prohibiendo bailes o cualquier tipo de celebración jolgórica. Controlaba el largo de las faldas, las mangas y el comportamiento decoroso era mirado con lupa por los guardianes de las esencias católicas defendidas por el cardenal cual perro guardián. Lo de los bailes era toda una obsesión para Segura, llegando a prohibirlos del todo, incluso durante los eventos de la Feria de Abril, anunciando con pastoral que quien bailara cometía pecado mortal. La llamada policía de la moral andaba alerta ante cualquier atisbo de desobediencia al primado con las puertas del recién fundado Patronato de Protección de la Mujer, bien abiertas en espera de las desobedientes.

Finalizada la contienda mantuvo graves enfrentamientos con Franco, no permitiendo que en su catedral entrara bajo palio, incluso llegó a despedir al vicario que permitió en una ocasión que lo hiciera ya que consideraba que solo él o el monarca podían permitirse dicho agasajo. También se opuso a la incursión de las placas labradas con los nombres de Caídos por Dios y por España en zona religiosa porque, alegaba, que ese proceder pertenecía a los mártires directos de la fe y a difuntos feligreses. Tiempo después su acendrado monarquismo le llevó a enemistarse tanto con el Caudillo que solo la intervención del todopoderoso cuñado y ministro Ramón Serrano Suñer, libró al cardenal de un nuevo exilio. Segura en una de sus homilías en la catedral de Sevilla llegó a decir que solo los bandoleros se nombraban Caudillos, por lo que enterado Franco por boca del gobernador civil, montó en cólera, llegando a tener escrita la orden de expulsión.

El mismo enfrentamiento mantenía Segura contra la Falange, debido al desprecio sentido hacia  una organización que consideraba una copia del fascismo italiano, al que veía como una «ideología pagana». Segura, prohibió la entrada de banderas falangistas en las iglesias de Sevilla, condenando con vigor las misas que las centurias falangistas celebraban al aire libre, considerándolas sacrílegas.

También se opuso a leyes que dieran al Estado control sobre la moral social de los feligreses, condenando el Fueron de los Españoles también como impío ya que entendía que leyes y moral debieran seguir unidas bajo la férula eclesial.

Cuando Franco intentó suavizar la persecución hacia el protestantismo con el fin de  mejorar la imagen de la dictadura  una vez acabada la II Guerra Mundial  ya que debía confraternizar con países protestantes, Segura lanzó ataques furibundos desde el púlpito, calificando cualquier tolerancia como una «ofensa a Dios».

En los tiempos más duros del enfrentamiento entre Segura y el dictador, se llegó a redactar la orden de expulsión del primado que tan solo, como dijimos,  la intervención de Serrano Suñer, evitó, argumentando que nadie entendería que un Caudillo cristiano   cuya guerra adoptó el nombre de Cruzada en favor de la religión, expulsara del país a uno de los más importantes representantes de la misma.

Durante los años siguientes hubo también duros enfrentamientos con grupos de Falange que buscaban erigir cruces con el nombre de sus caídos y de José Antonio, llegando incluso a agredir a sacerdotes afines al cardenal e integrantes de la curia.

A partir de entonces y hasta su muerte, Franco y el cardenal Segura, mantuvieron una lejanía tensa que evitaba enfrentamientos directos, sin obviar la animadversión mutua. El Vaticano, siempre diplomático y amigo de los tiranos que se decían defensores de la ley y la religión, en 1954 defenestró en parte al cardenal nombrando al Arzobispo Coadjutor (José María Bueno Monreal) que mantuvo el verdadero poder sobre la curia sevillana sin defenestrar del todo a Segura pero dejándole como mera figura decorativa.

El 30 de marzo de 1957 ingresó por tercera vez en el Hospital de Nuestra Señora del Rosario de Madrid, donde murió el 8 de abril del mismo año.

Su cuerpo fue trasladado el 9 de abril a Sevilla donde, por orden de Francisco Franco, que olvidadas las desavenencias, ordenó que se le rindieron honores propios de un capitán general con mando en plaza. La capilla ardiente se instaló en el palacio arzobispal y, según el diario ABC, pasaron por ella 150.000 personas.

Fue enterrado junto al resto de su familia en la cripta del monumento al Sagrado Corazón de Jesús situado en la localidad sevillana de San Juan de Aznalfarache.

Nunca podremos saber qué hubiera sido de la Segunda República sin que  el enfrentamiento directo de los poderes monárquicos y eclesiales  apoyados en todo momento, desde el mismo inicio del ciclo republicano, de la Alemania nazi y de la Italia fascista, así como de la indiferencia de los países europeos que vivían más preocupados de mantener calmado al Führer que de salvar la democracia española.

No lo sabemos pero intuimos que la historia hubiera sido muy diferente.

María Toca Cañedo©

 

 

 

 

Sobre Maria Toca 1910 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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