Una de las pocas cosas buenas que tiene el paso de los años es contemplar la desvergonzada evolución que hacemos los/as humanas. En primera persona y en sitio preferente.
Leo noticias de viajes exóticos con la calma y la distancia de pensar “que pereza, un vuelo de doce horas, calor, o frío, incomodidades varias, precauciones desconocidas y el riesgo de descalabrarme trotando tras un guía, para que luego me tengan que repatriar con burocracia y pasta” Les juro que no hace más de diez años la envidia corroía mis adentros al ver a gente feliz haciendo el cabra por andurriales extranjeros.

Lo disimulo (un poco, porque hay muchas razones que ratifican el argumento) arguyendo el coste ecológico de los viajes en avión, de la molestia que supone para la población local -incluida fauna y flora- la visita de turistas curiosonas, como sería el caso . No cuela. Simplemente la curiosidad se ha ralentizado y la capacidad de aventura se ha simplificado mucho, además toreo con cierta fachundia por las redes y con eso cubro con creces mi afán aventurero. Ahora el gozo se explaya con un buen libro leído mientras el sol acaricia la nuca en el sofá de casa, vestida de pijama o de restos caducos y viejunos de estar en casa , un buen calcetín que mantenga los pinreles a temperatura ideal y un tibio caldo mañanero o café vespertino en la mesa de al lado.

Que si quiero aventuras me las cuenta Jack London, esto se lo confiesa a ustedes la que en tiempos mantenía la maleta ocupada por pijama, zapatillas coquetas, neceser repleto de útiles de skin care, dos o tres pantalones y jerséis haciendo juego. Y el bote de laca a buen recaudo , después del consabido accidente debido a la presión del avión, que lo hizo estallar dejando la ropa toda teñida de un rosa desvaído procedente de una camiseta que fue roja y distribuyó el tinte con generosidad por el vecindario. Casi todo blanco, porque soy amiga de de blancos y negros, ya saben una que está polarizada hasta en el colorido.

Anduve siempre dispuesta al viaje imprevisto. Aceptando disparatados confines con amigos o conocidos de pocas y locas noches. O sola. Sola recorrí Marruecos en viaje inolvidable y sola recorrí Egipto en viaje varias veces pospuesto por eso de atentados salvajes cosas por el estilo. Cierto que ese viaje -a Egipto– fue realizado en 2004 cuando humeaban aún las Torres Gemelas siendo absolutamente cansinos los trayectos interiores, con casi desnudos en cada aeropuerto y susto gordo cuando a una compañera de avión la sorprendieron con tijeras, lima y cortaúñas en un cuidado neceser de manicura. El viaje era grupal de gente desconocida, por eso dije que iba sola. El susto ante la cara horrorizada del guapo policía egipcio que nos quería enviar a las mazmorras inhóspitas de Cairo hasta aclarar si éramos de Al Qaeda o simples gilipollas amarmotadas viajando a un país que sufre los atentados como propios porque sobrevive del turismo. Primó el privilegio europeo y después del primer susto, de las suplicas y miradas tórridas que le fuimos lanzando a los polis que nos rodeaban con caras de pocos amigos (creo que también influyó un manojito de dólares soltado a discreción) retomamos viaje. En Abu Simbel nos acogotó una tormenta de arena que no permitió el despegue de nuestro vuelo; anduvimos mendigando trasporte por carretera durante horas, hasta formar un convoy porque no se puede o no se podía transitar por el país de libre y volandera. Horas de paisaje aburrido y abrupto por el desierto arábigo para llegar al hotel cuando el resto del pasaje andaban soliviantados por nuestra deserción.

Apostaban secuestro, descuartizamiento o afiliación a banda armada, pero todo quedó en susto y reencuentro emocionado. Al empaquetar la maleta tan rápido se desfondó (drama, drama) y salir pitando para El Cairo que es lo que tocaba con el equipaje desvencijado y la ropa interior asomando por la raja.
Agotada, recuerdo apoyar durante unos segundos mi cabeza en el sillón del avión respirando aliviada mi vuelta a casa. Claro que el alivio duró justo el tiempo en que me percaté de la costra moruna que tenía la tapicería donde reposaba mi cabeza dándome cuenta de que a lo mejor había salido victoriosa de mucha aventura pero volvería a casa infestada de algo movible y desagradable. Espero que Egyptair me perdone, pero en ese año la higiene de sus Jumbos no cuajaba bien.

Hice más viajes después del cansado e idílico a Egipto, pero ya por Europa o España. Austria y los ojos azules de ciertos austriacos que nos atendían con decoro y placidez, dejaron una huella suntuosa en mí recobrando el recuerdo de que muchos años atrás (joven, joven y lozana) conocí a un austriaco tan bello como amable que quiso raptarme y llevarme con él a su país y yo, adusta y despreciativa, descarté porque ¿qué iba a hacer yo en el país de los tiroleses? Como disculpa les confieso que el amante era hermoso cual amanecer florido, pero vestía falda tirolesa y lanzaba el tiroliro a diestro y siniestro al menor estimulo, lo cual supuso que le tuve confinado en casa durante casi toda su estancia. Por el tiroliro y por más cosas, se supondrán, pero eso no cuenta para el relato.
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Nada más llegar a Austria, lamenté no haber hecho caso al del tiroliro porque me deslumbró. Toda ella. Sus lagos calmosos que parecían resurgir del imperio austrohúngaro, sus colinas verdes asomándose al agua con dulce reflejo y esos pueblecitos tan atildados, llenos de paneles solares, limpios como la patena sin que nada resultara ofensivo a la vista. Por no hablar de la maravilla que es Viena, paseada y recorrida con el pasmo de una descubridora de imperios y pasados europeos que no se pueden borrar de sus burguesas calles. Fue un viaje hermoso y recordado.

Francia, con Colliure como destino, ha sido el último y lo disfruté tanto por lo bonito del lugar, por Machado a quien íbamos a recordar, como por el grupo de amigos que nos juntó el azar y resultó encantador.
Mi vida ha sido de mucha maleta, de mucha noche, de bastante risa, y amigos que se van yendo antes de tiempo. Quizá por eso aplazo los viajes de forma indeterminada apreciando la placidez de un hogar que casi desconocía. Eso y la escritura amante celosa que no me deja en paz ni un solo día, además de los enredos en los que me meto sin darme cuenta que me llevan a entuertos en tierra firme, tan gozosas o más que las aventuras imprevistas que viví allende y de los amores extraños en que se entendían las pieles y los besos porque no hablo más que español y poco.
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Al hacerme mayor me dejó de gustar correr tras de la aventura imprevista para prever aventuras variadas desde el lugar donde vivo que me surte cada día con sorpresas y gozos inesperados.
Y que quieren que les diga, tal como antes me estampé contra el gusto de lo desconocido ahora disfruto con los rincones familiares que van envejeciendo a mi ritmo acunándome con brazo de amante.

Por cierto, que este año que pasa ha sido tumultuoso y fértil en lo personal, aunque duro en lo social. Que me auguro un 2026 alterado y venturoso, con elecciones (sí, elecciones) de las que salgan los nuevos sátrapas con los que deberemos medirnos con la fuerza que nos da querer avanzar y que esta sociedad camine hacia adelante y no derrape hasta la Edad Media que es lo que quieren esos zurrapas que espero lleguen (inevitable, más por errores propios que aciertos ajenos) y marchen hacia la inanidad más pronto que tarde. Eso de que la lucha continua no es solo una frase sino una realidad que constato cada día. Menos mal que en los desmanes, a veces se pasa mal, sobre manera tomando conciencia del dolor ajeno, pero solemos vivir momentos de alegría, encuentros felices y fuerza en la coyunda.
No tengo ni idea de qué tal será 2026, pero lo me consta es que me tiene expectante y con muchas ganas de abrazar amigas/os, compañeros/as y seguir adelante como si los fachos fueran una entelequia.
Ah, se me olvida. Al tomar las uvas hay que pedir un deseo. Yo he deseado para 2026 unos cuantos funerales de estado. En Israel, EEUU, Rusia y alguno más que se me va a ocurrir conforme pase el tiempo, pero esos, seguro.
Para terminar, les deseo lo mejor y que sigan fieles a la lectura de esta su casa.
Que se les quiere.
María Toca Cañedo©

Me gusta mucho leerte.
Gracias y buen año
Hola y buen 202 6 6 6, que creo que se dará maquiavélico, con perdón de don Nicoló.
No suelo responder a los posts, perquè me parece una desfachatez ya que todos sois muy buenos contando. Pero éste me ha llegado al alma, es como el retrato de mi vida y milagros. Llevo años leyendoos y me va bien saber que hay algo mas que boberias internauteras de gilis que se creen Jack London, si es que lo conocen, Muchas gracias por vuestros esfuerzos! Os quiero y a la Maria la primera!!
Que bonito y cuanto te agradezco tus palabras. Se trata de eso, compartir y darnos cariño. Pasa buen año y buena vida Ester