La alegría de vivir.

Cuando era pequeña, cada primero de año esperaba que el mundo experimentara un  reinicio total que llevara el bien a todos los rincones de la Tierra. La energía de la novedad, la esperanza y la renovación me invadían, pero el noticiario de las tres de la tarde me daba la primera paliza del año, y no me quedaba más remedio que agachar la cabeza y esperar a que pasaran los siguientes trescientos sesenta y cuatro días, por ver si el próximo tendría más
suerte.
Ya avanzada mi adultez, no puedo evitar pensar en la ingenuidad de aquella niña, aunque me resisto a soltarla del todo. ¿Es acaso un pecado soñar con esa Arcadia feliz? No soy ni la primera ni (espero) la última. Los griegos antiguos la inventaron como parte de su mitología. Muchos la pintaron, entre ellos el pintor francés Henri Matisse que entre 1905 y 1906 compuso este monumental óleo sobre lienzo de 176 X 240 cm.
La primera vez que esta obra fue vista por el gran público en el Salón de los Independientes de París de 1906, la impresión fue mayúscula por lo llamativo de sus colores, los cambios bruscos de escala y la distorsión de las anatomías. Nuestros ojos se deslizan a través de la ondulación de la línea, mientras sentimos la calidez de una paleta de colores que se sostiene a sí misma. Es nuevo, es vibrante, es fauvismo un movimiento pictórico originado
en Francia entre 1904 y 1908, y una de las primeras vanguardias del fructífero y explosivo siglo XX. “La alegría de vivir” de Henri Matisse es ese lugar en el que el ser humano no necesita ropas porque no tiene vergüenza, donde se baila y se tocan instrumentos de la forma más armónica posible, donde la naturaleza y todos los seres vivos que la pueblan viven en comunión y paz. ¿Por qué no soñar que esto es posible?
Este nuevo comienzo de año es ideal para proyectar sueños de futuro. Quizás si todos soñáramos a la vez con esta arcadia feliz, el conjunto de toda esa energía colectiva consiga cambiar la mente del genocida y deje así de asesinar niños, la del gobernante que decide no cumplir con los Acuerdos de París y permite que su país siga contaminando nuestra sagrada Tierra, la del magnate de la industria textil que contamina los ríos y explota
a tantos trabajadores y trabajadoras del sureste asiático, la del cazador de lobos y de quién se lo permite, la de los dirigentes de la industria cárnica que torturan animales en sus indignas macrogranjas, la del gobernador que legisla contra los derechos de las mujeres, la del presidente que cierra fronteras al necesitado…
Que los rosas, rojos, verdes y amarillos de Matisse inunden nuestro 2026. Que la alegría de vivir se extienda en todos los corazones.

Sobre Gómez Pereda 6 artículos
Licenciada en Historia por la Universidad de Cantabria y Graduada en Historia del Arte por la UNED. Gran parte de su desarrollo profesional tiene lugar en el mundo de las bibliotecas públicas. Hoy surfea las olas de este mar que es la vida desde el lado administrativo de la Universidad de Cantabria. Historia del arte, libros, naturaleza y memoria.

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