El Sahara en el Ágora

 

La herida saharaui nos escuece un poco a todas. Al pueblo saharaui por demás porque padecen cincuenta años de éxodo apátrida, según los organismos internacionales, robo de su tierra, según ellos/as. A nosotras, españolas de bien, porque nos lacera el pensamiento de que fue el país en el que nacimos quien dio la brutal puntilla a un pueblo pacifico, poeta y resistente como pocos.

Recuerdo bien la descolonización aunque era muy joven. Lo recuerdo como algo tan vergonzante que ni los medios puestos al servicio de una moribunda dictadura, pudieron obviar. Aquel viaje del ,entonces, príncipe que con forzados gestos intentaba contentar a unas tropas que, es altamente probable, detestaban la ruinosa retirada.  España dejó  a un pueblo al albur del colonialismo poderoso, siendo  la moneda (una de ellas) que el infame Juan Carlos I ofrendó a Kissinger en pago por el aval de su corona.

Los/as españolas estamos en medio, mal que nos pese, y nos pesa mucho. Como pueblo andamos ahí, por mucho que hagamos en cuestiones solidarias,  sobrellevando el peso de la infamia.

Recibimos en el Ágora, un miércoles soleado, que Tesh Sidi agasajó, a dos representantes de ese pueblo…y del nuestro, porque parece ser que los lazos casi amorosos entre el Sahara Occidental y España se entrecruzan a cada rato. Por un lado la citada Tesh Sidi (no sé si tan española como saharaui…) y un poeta saharaui residente en España que nos habló de su pueblo, Bachir Lehdad, quitando la palabra a otro poeta español, Fernando Llorente,  que residió en el Sahara dejando allí parte del corazón y los adentros porque cuando cuenta añora, y cuando calla rezuma nostalgia.

Ahinoa Canales Carracedo, de la saga principesca (en rojo, muy en rojo, pero principesca) de una familia luchadora y resistente a la que hacen honor sus vástagas,  nos presentó un proyecto de Memoria Histórica del pueblo saharaui basado en un monumental archivo  fotográfico que será entregado al pueblo de donde procede. Un documental previo  mostró imágenes de  los beduinos saharauis cuando tenían tierra, pueblo y una cultura milenaria que cuidar. Colonizados, marginados, pero no en la diáspora o en territorios ocupados como ahora.

Con ellos llegó hasta nuestra Cantabria, Tesh Sidi, con la que me hubiera gustado hablar largo y tendido para poder retratar sus logros, sus principios y esperanzas con más juicio que este que realizo de forma aproximada . No hubo tiempo porque los compromisos de ella y los míos lo impidieron, pero no fue obstáculo para fundirnos en un amigable abrazo porque hay personas que no necesitan hablar para irradiar la fuerza y la luz precisa para enamorar.  Tesh Sidi es de esas. No es extraña la fascinación que produce en la bancada opositora; bien lo testimonió un visitante atento y amable, diputado del PP por Cantabria, Javier Noriega Gómez, con el  que hemos empeñado un café y una charla para confrontar con buenas formas…aunque  mejor no se acompañe por Iñigo Fernández de muy ingrato recuerdo y bronca  dialéctica.

Me nominaron como moderadora -que poco moderé, a decir verdad- lo cual me fue grato pues tuve ocasión de preguntar y poder escuchar lo que me interesaba. Bachir Lehdad y Fernando Llorente nos aseguraron con velado optimismo que la cultura oral de ese pueblo admirable sigue adelante. “No eres nada en el Sahara si con cierta edad no eres capaz de recitar de corrido más de diez poemas” aseguraba Lehdad, mientras  Llorente afirmaba sin ambages que sí, que ese pueblo de contadores de historias que relatan la vida al calor de la fogata mientras las pequeñas de la familia aprenden el ritual de té, sigue viva.

Me quedé tranquila. Sé o quiero saber que mientras alguien relata la historia de un pueblo, mientras alguien recite viejos poemas grabados en la memoria como en piedra caliza, el pueblo pervive porque  país y cultura se imbrican y se alimentan mutuamente.

Tesh Sidi, cautivadora como pocas, ha hecho de la ironía un arma letal contra el racismo, el exilio, la sensación de apátrida, aunque alguien la acusó de acaparar nacionalidades (tres, nada menos: española, argelina y saharaui) como quien acumula joyas falsas. No sé que coraza ha tenido que forjar la diputada de Mas Madrid y por tanto de Sumar, para forjar la mirada limpia y alegre de unos ojos que hablan y cuando se ponen serios hasta intimidan, porque la sonrisa no la abandona ni cuando expresa con vigor las falacias de un colonialismo que llevamos impregnadas hasta en la piel.

Tuvo el valor y la razón de decirnos que no fue precisamente la Segunda República  –ni su clase obrera- modélica con las colonias, que los partidos de izquierda, los sindicatos y los movimientos revolucionarios no movieron ni un dedo a favor de la clase oprimida saharaui ni la del norte de Marruecos, entonces protectorado español. Recriminó, con la firmeza que da la razón, que a los partidos de izquierda en España se les olvida la autodeterminación del pueblo saharaui en cuanto tienen alguna potestad para reclamarla.

Ya dije al empezar. Son heridas que supuran, porque no las superamos como país. El colonialismo es mal endémico que deja secuelas durante decenios. Tarda en erradicarse. Hemos repetido mucho eso de que la última colonia española fue Cuba, que nos hemos creído que ni el Sahara, ni el Protectorado de Marruecos, ni Guinea pervivieron decenios bajo bota española después del 98, tanto que no lo recordamos y seguimos con la paparrucha además de que fueron descolonizadas con nocturnidad y alevosa cobardía.

No, la República española, ni se planteó descolonizar porque le rentaban mucho y bien. No tuvo la valentía de nuestros vecinos portugueses de hacer una revolución y a la vez soltar la soga colonial. No pasó y lo peor es que ni se le ocurrió al más revolucionario de las revoluciones.

 

El lastre colonialista pesa mucho. A ellos/as y a nosotras. Por eso la voz de Sidi se levantaba con soltura frente a nuestra gente y nos hizo pensar.

Poco pude hablar con la diputada,  me quedé con ganas de más. Algún día, en algún momento, me volverá a poner la vida ante una mujer que es escaparate de miles de mujeres saharauis que rompen en  pedazos el deleznable estereotipo de la mujer musulmana. Tienen que atorarse mucho los fachos ante la diputada Sidi que utiliza  tanto el talento como el humor, la sonrisa, una formación sin fisura y la fuerza de su pueblo para, sin decirlo, llamarles mentirosos.

No sé si veremos el Sahara libre algún día. Quizá las personas de mi generación no lo logremos pero, tal como dije en la reunión, otros países cuentan la historia de su poder, de sus armas, conquistas, rentas per cápita desorbitadas…los saharauis como los palestinos, como los kurdos, rohingas y tantos otros, cuentan cada día una limpia historia de resistencia y dignidad. Mucha dignidad.

Para mí y para la gente que valoro y quiero es lo único que cuenta. Y en eso, el Sahara Occidental gana por goleada.

Gracias, compañeros de Alouda Cantabria por regalarnos la jornada de ayer. Gracias por la asistencia de tanta gente que dejó muy pequeño el Ágora. Gracias a la gente que vino de lejos para, escuchar,  estar y contar.

María Toca Cañedo©

Sobre Maria Toca 1875 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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