Escalante, un pueblo de la Cantabria trasmerana oriental.

-En realidad la juventud de Escalante estaba muy unida antes de lo del eucaliptal. Eran casi una familia. Lo que pasa es que se talaron los robles, se pergeño el eucaliptal y se jodió todo. El párroco es quien gestionaba las concesiones, Organizaba la planta de los árboles y la posterior venta.  Antes eran comunales pero el cura solo dejaba lucrarse a quien iba a misa, vamos, a los que eran de su gusto. Ya sabes.

 

Quien me dice esto es Paco de la Riva, superviviente que con noventa y tres años revive la larga historia de su vida y lo que le fue trasmitido. Una mente que guarda de forma admirable nombres, datos y circunstancias.

Escalante es un pueblo ampliado por los adosados y varios desfalcos urbanísticos no de mucha intensidad porque es de interior. Los vecinos Noja, Ajo, Laredo, Castro han sufrido el desgaste y el horror de la piqueta urbanística que los ha deshojado como a flor vieja dejándoles con parte de su hermosura deslucida por construcciones pretenciosas y anodinas.

La vieja deidad romana y cántabra del pico Hano contempla los desaguisados de la historia con la misma impavidez que vio, estoico, el paso firme de la sandalia romana. Los bosques que circundan al pueblo eran, de antiguo, robledales inmensos que servían como alimento al calor en forma de carbón vegetal además de servir para  las construcciones de la época. Bosques comunales que surtían a la población mientras aleteaban cerca de las nubes, contraponiendo el verdor oscuro de las hojas bien regadas por las marismas al plomo cenizo de un cielo nublado cada poco. Paco me cuenta que el comunal de Escalante llegaba de largo a los 12.000 carros de tierra*.

La Trasmiera Oriental de la tierra cántabra no padeció excesiva  penuria porque el terreno es fértil, las vacas y los campos surtían lo suficiente para la supervivencia común. El Hano majestuoso presidiendo el paisaje mientras los robledales y encinares escuchaban las voces vecinas en fiesta con pitos y tambores que alimentaban el jolgorio y las preces que se arracimaban al paso de la virgen de la Cama a finales de agosto en una de las fiestas que coronan el verano trasmerano, pocos días antes de  las de Noja. El verano finiquita  celebrando la Virgen del Puerto en la vecina Santoña. Ocasión en que mozos y mozas se mirasen con ansia y se formalizaran noviazgos que germinarían en prole continuista de la vida. Se cuenta algún altercado mayor de cuando la zozobra carlista y poco más. La zona se mantenía  gracias a la naturaleza generosa, se adoraban las vírgenes a pesar de que llegando el siglo XX los republicanos, ateos y liberalotes colonizaron las casas más pobres y/o las más leídas.

La virgen de la Cama…tendida y enjoyada era/es el orgullo del pueblo de Escalante. Los señores, sobre todo las señoras de las casas grandes, habitantes de torres enhiestas que dominan la zona, le colocaban oros y preces a la virgen yacente porque el vulgo, ya se sabe, gusta de encaprichar a la Señora y cuanto más lujo, más devoción.

Luego volveremos sobre ello, por ahora seguimos con el robledal de los aledaños del Hano, que no era un simple bosque sino mucho más.  Suponía el retorno al ancestro que anidaba a Anjanucas y los duendes de una mitología cántabra con Ojáncanos peligrosos y Trasgos traviesillos que nos pierden las cosas de valor de tanto en tanto. Un mundo que trascendía con el que durante veinte o más siglos anidaba en el valle.

Como decía, los robledales y encinares formaban bosque comunal, repartido a razón de la necesidad de los vecinos que respetaban los ancestros. Llegando  el siglo XX tomó empuje la industria cambiando costumbres. Las minas cercanas necesitaban  puntales para sujetar sus oquedades, por su parte  el papel era cada vez más demandado y la Primera Guerra Mundial supuso para España fuente de cambio y de ingresos variados.

Los robledales perdieron valor. Con la nueva demanda de madera rápida, la propiedad comunal de los bosques se percata de que hay un árbol que crece  deprisa por lo que es más rentable aunque  absorbe mucha humedad pero   consideran que no es problema a corto plazo porque la zona está regada de marismas que alimentarán la sed del eucaliptal. A las mentes dirigentes se les ocurre que mejor arrancar al Hano y aledaños las sombras de roble y encina y plantar muchos eucaliptos que traerán ingresos al vecindario.

¡Es progreso para los del pueblo! prometen los que mandan. Dinero contante y sonante para los comunales devotos de la virgen de la Cama, aseguran los prebostes.

Con el fin de realizar la reconversión intervino el ingeniero forestal , de nombre Blanchard,  encomendándose al párroco del pueblo la gestión, primero del arranque del bosque y luego  de la plantada y del reparto del oro maderero.

-Y ahí se jodió todo- asegura don Paco– porque el cura, José Lanza Barros gestionó a su manera. Solo trabajaban y se lucraban los que iban a misa. Ya se empezaba a sentir cierto anticlericalismo y republicanismo, pues a esos nada. Y ahí se quebró la bonanza que hasta entonces había en el pueblo. Todos hermanados hasta que entró el dichoso eucalipto- afirma con voz pesarosa, don Paco.

Con el cambio llegaron los buenos dividendos pero ya no repartidos entre la comunidad vecinal sino que los avispados amigos y clientes del párroco se repartían los pingües ingresos de la tala, mientras la otra parte del pueblo quedó fuera del festín generando la ira que desembocaría más adelante.

Con el acumulo capitalista llegó también un cambio en el paisaje. Del verdor insultante del Hano y aledaños, alimentada la vegetación por las marismas de la zona, se pasó a un contorno plateado, de tonos macilentos que retrataban los kilómetros de eucaliptales sembrados. Se engrosaban las bolsas privadas, se robaba el color del ancestro mientras la fértil tierra cántabra se quejaba de sed y se pintaban los paisajes de ocres. Todo un símbolo de malos augurios.

Don José Lanza Barros, cedió la casa parroquial al médico que llegó a Escalante, años después. Un médico tan derechista que se amigó con las fuerzas vivas al momento. Don José, se hizo con la casa adyacente al convento de monjas clarisas que tiene Escalante -y con ello suponemos que se granjeó los buenos oficios de las monjitas que le debieron llevar como un jaspe a raíz del cambio domiciliario- Precisamente a esa casa llegaron el dieciocho de julio de 1936 varios contendientes con el fin de hacer pagar a Don José Lanza Barros los desmanes que produjo en la zona con el mal gobierno del eucaliptal. Esa noche, el grupo de milicianos formados al calor de la rabia que produjo el golpe de los uniformados llegados de África, se calzaron al hombro  los naranjeros y quien no tenía, la escopeta de caza,  subieron hasta la casa del cura con intenciones de hacerle pagar el desfalco y la discriminación.  No se atrevieron a llamar a la puerta porque suponían que el bate tendría armas en casa, conocido su mal talante, y les fuera a salir a tiro limpio porque lo creían capaz. El grupo tiroteó  la ventana. El párroco, mosqueado, se asomó cuando unos cuantos disparos le acertaron el rostro. Herido, huyó escondiéndose en hogares afines, por lo que los asaltantes se dieron por satisfechos. Luego fue detenido, enviado al Dueso y más tarde se le trasladó al Alfonso Pérez

Cuenta don Paco, que él, al acabar la contienda solía subir a la casa tiroteada para buscar casquillos, encontrándose aún con  muchos procedentes de aquel tiroteo de julio del 36.

En los meses  que siguieron a la fecha del golpe de estado, sucedieron cosas feas en Escalante. Debieron anidarse odios de antaño, diferencias ocultas que al desatarse el conflicto fueron pasto de violencias tan ciegas como absurdas. En las zonas vecinas hubo asalto a las iglesias, en un pueblo cercano se colgó el Corazón de Jesús de un pararrayos; al verlo un requeté entrando vencedor a finales de agosto de 1937, preso de pía ira trepó hasta la punta descolgando al muñeco y honrándole como su fe le indicaba. Identificado el sacrílego que lo trepó al pararrayos, pagó con largueza su culpa en el Dueso, y hasta es posible que el paredón del cementerio cercano recibiera su sangre al ser fusilado.

La virgen de la Cama, ya les he contado que andaba adecentada con muchos oros y regalías que aguzaron la ambición de los frentepopulistas que carecían de casi todo porque los ricos almacenaban viandas y dineros esperando tiempos mejores. Decidieron que si incautaban a los humanos, la virgen no podía ser menos.

En febrero de 1936 se había nombrado nueva corporación municipal afín al triunfo del Frente Popular,  siendo elegido alcalde don Pedro Fernández Alonso, concejales Braulio Sisniega Sisniega, Román Gonzalez Venero, Pedro Fernández Alonso, Manuel Sisniega del Rey, Miguel Ruiz Sierra y Ezequiel Ruiz Exposito. Algunos de ellos, según denuncia posterior de José Luis de la Riva,  expoliaron a la virgen. La denuncia se extendió a las esposas de los denunciados,  en el caso de Pedro Fernández Alonso, María Hazas y a su hija, Mercedes Hazas Fernández que contaba con solo dieciséis años siendo acusada de sustraer unas katiuskas y un paraguas, además  de calzarse los zapatitos virginales…cosa curiosa porque es bien complejo que cupieran en pies paganos los calzados virginales. Por estos delitos, ambas mujeres cumplieron una condena de seis años en Saturrarán.

Las joyas de la virgen, en las denuncias se dice que fueron vendidas sin aportar prueba alguna, porque no estaban los tiempos para menudeos legales. Don Paco nos asegura que se sacaron 300.000 pesetas de dicha venta,  fueron repartidas a razón de 10.000 peseteas para cada uno de los requisadores.

El alcalde don Pedro Fernádez , el día que llegaron las tropas italianas, se entregó.

-¿A dónde vas, Pedro?- cuenta don Paco que preguntó su padre, José Luis de la Riva.

-A entregarme a los que han ganao. Y que saquen la cuenta de lo que hice,  porque mejor contarlo yo ¿no te parece?

 

A José Luis de la Riva, falangista, camisa vieja y represaliado por el Frente Popular, debieron de removérsele las afrentas o simplemente quiso  estar a bien con los amos, por lo que redactó todas las denuncias sobre la corporación municipal, sin privarse de detalles y minucias que harían mella en los militares. Tanto supuso que fueron fusilados todos los denunciados menos uno que andaba en el frente. Don Paco, nos cuenta que al enterarse del fusilamiento del alcalde a de la Riva le brotaron las lágrimas. Si lo dice el hijo hemos de creerlo, aunque mejor hubiera sido que mesurara las denuncias porque las lágrimas nos suenan a las que vertió el pobre Boabdil en Granada.

En la requisa de la casa del alcalde, una vez presentada la denuncia, días después de entrar las tropas golpistas, se dice que  encontraron alrededor de 9.830  pesetas, que se supuso que eran parte del botín. Lo curioso que no queda aclarado y sorprende mucho es por qué Pedro Fernández antes de ir al cuartelillo -recuerden que fue voluntariamente- no hizo desaparecer el dinero si podía preverse que era prueba contra él. Suponemos que, o bien no existía dicha cantidad, o andaba el hombre tan confiado en su inocencia que no se percató del peligro.

Claro que sabemos que no hacían falta pruebas, testigos o investigación en la larga posguerra que el tiempo oscuro del franquismo sumió al país para condenar a un hombre a la muerte. La palabra que tenía valor era la de José Luis de la Riva, falangista, represaliado durante los meses de la guerra en que gobernó el Frente Popular, el mismo  que estando detenido salvó la vida por ser matarife. El mismo que lloró al saber que sus vecinos fueron pasados por las armas y tirados a la fosa del cementerio del Dueso. Ignoramos si pudo dormir a partir de entonces.

Lo de que de la Riva salvara la vida gracias a una vaca, tiene guasa, a pesar del drama que marcaban los tiempos. Hubo un bombardeo en la zona donde tenían a los detenidos, entre  los que andaba José Luis de la Riva. Los milicianos que los custodiaban casi pierden la vida, pero se encontraron con una vaca que había huido por los estallidos. Había hambre sobrada por lo que sin dudarlo se prestaron a incautar al ingenuo animal que ni se imaginaba los aconteceres. Con las bayonetas apuñalaban a la pobre vaca sin hacerle más que rasguños. De la Riba, de profesión matarife les apuntó:

-Si me dejáis libre os la mato.

Como el hambre suele ser tirano, le soltaron y con un bayonetazo certero dejó seco al animal, luego  la sangró a conciencia despiezándola y en un perolo con un dedo de mugre y grasa vieja, se cocinó con gran regocijo de los hambrientos. Todos comieron del festín porque se ve que los milicianos andaban agradecidos al falangista matarife.

José Luis de la Riva ganó la vida arrebatándosela a la vaca. Paco, su hijo, asegura que nunca entendió por qué su padre se hizo falangista si la mayor parte de la familia era de izquierdas. Quizá tuvo algo que ver el tío de José Luis, Rufino de la Riva,  que era un derechista reconocido, siendo detenido y conducido al Dueso durante los meses que duró la guerra. A Paco, con solo cinco años, la madre le anudaba un trozo de cuerda al pecho y con ello  visitaba en el Dueso  al preso, dejando el regalo para trenzar el escape. Nunca llegó a consumarse la fuga con las cuerdas aportadas por el pequeño porque a los falangistas del Dueso los liberó el regimiento de italianos, Corpo Troupe Volontaire que tomó la ciudad. Debió dejarlas en la celda para salir a escape hacia su pueblo con el fin de ejercer la dulce venganza.

Además del expolio a la virgen que siguió en su cama sin joyas pero sin mayor quebranto, soltaron las campanas del pueblo (en casi todos los pueblos de la Trasmiera se hizo lo mismo) con idea de enviarlas troceadas a Reinosa donde se fundirían en algo más práctico: munición para cañonear fascistas. Las iglesias se quedaron sin campana lo que supuso todo un  acto simbólico, puesto que el tañido del bronce sirvió de siempre para el llamado a  la devoción del pueblo.

Sin campana, Dios y su sequito, se quedaron sin reclamo lo que suponía  un bien colateral apreciado por los defensores anticlericales de la República.

Los milicianos del pueblo entraron a la casa de la viuda de Iribarregaray, doña Paquita de Jado, según explicaba en las denuncias José Luis de la Riva,  le confiscaron pollos, patos, huevos, sillas, vajilla, telares y algo más, todo ello fue agenciado tanto por los hombres del Comité del Frente Popular (alcalde y concejales) y sus mujeres, aunque estas en la respuesta que ofrecen a las denuncias admiten (alguna) afanar algo, pero sin mayor dispendio. Este hecho, más tener afinidad por el socialismo (sic), participar en la manifestación del uno de mayo y estar casadas con rojos, fue suficiente para ser condenadas con seis años en Saturrarán.

La mujer de Pedro Fernández, María Hazas, tornó al hogar después de los años de prisión con una amargura de la que jamás supo despojarse, no tanto la hija, quizá porque la juventud aligera los recuerdos amargos. La cárcel donostiarra de Saturrarán se hizo famosa por la extrema crueldad de sus guardianas, monjitas mercedarias,  devotas del fascio que vejaban humillando y matando de hambre a las presas, además del desprecio a la vida de los bebés que traían las mujeres apresadas además del lucrativo  negocio que  suponía tener a las presas esclavizadas trabajando sin paga. Publicaciones y sobradas testigos nos   hablan del horror vivido en Santurrarán.

Durante el tiempo de guerra, un grupo de milicianos asaltó el cercano monasterio de Montehano. Quedaban pocos frailes porque viendo el cariz habían huido, solo el culto prior, según afirma don Paco, todo un filósofo muy leído, y otros dos que fueron tiroteados. Uno salvó la vida porque le dieron por muerto…que luego apuntó a los posibles culpables recibiendo, sin más prueba, el consabido fusilamiento en paredón vecino. Se trataba de Bonifacio Fernández del Blanco, recadista del convento de Montehano, unico superviviente del crimen. El bate con la humildad que caracteriza al clero, afirmó:

-Yo les perdono, pero la justicia debe seguir su curso.

El 15 de septiembre de 1937 el denunciante José de la Hoz Gutierrez señaló como culpables de asesinar a los curas de Montehano, a Eusebio de la Hoz Gutierrez así como a Jacinto Castanedo Campo, Segundo García y a José Rodríguez. Si observan coincidencias de apellidos, no lo son. Eran hermanos el acusador y el acusado. Cosas de esa guerra que generó monstruos.

El anticlericalismo español es viejo conocido y, si me permiten la licencia, ganado a pulso por una iglesia retrograda que siempre anidó en su seno al opresor, cómplice de la ignorancia de un pueblo que les parecía imprescindible para ser dominado por el poder que repartía prebendas y patrimonios con una curia viciada de fondo y forma. Gloriosos retratos nos hicieron los grandes novelistas del siglo XIX, con el perdulario del Magistral que nos dejó Clarín o los variados y variopintos retratos galdosianos.

Se asaltaron iglesias, se destrozaron retablos, se fusilaron santos, algunas obras de arte cayeron ante la furia destructora de un pueblo ennegrecido de odio visceral. Es lo que perdimos, además de vidas humanas que ninguna idea, ni causa, justifica perder. Fue un furor descontrolado que además de producir el drama de los crímenes a gente inocente, desacreditó al gobierno republicano que intentó controlar los desmanes, cosas imposible en tiempo de guerra. En muchos de los lugares investigados nos cuentan el terror producido por el coche sin matriculas, con la bandera rojinegra de la FAI.

Los padres capuchinos de Montehano fueron asesinados en Jesús del Monte, sima a la que se llevó unos cuantos clérigos  además de derechistas durante los trece meses de guerra. Luego, al cambio de tornas, los asesinados fueron de otro color y la escabechina duró  unos  cuantos años. Como diferencia, habría que añadir el hecho de  que ya no había guerra, que habían ganado los que asesinaban. Claro que la victoria no cubre de gloria más que a valientes. Los cobardes malvados suelen dedicar las victorias a la venganza. Como fue el caso.

Como dato curioso que dejó a la autora que les cuenta esto  en estado de perplejidad es que  hubo un hecho que habla y no muy bien del bando ganador. Durante la guerra, lógicamente, el gobierno republicano movilizó a todo joven en edad militar. De Escalante salieron cuatro jóvenes, miembros de las Juventudes Católicas, uno de ellos con vocación religiosa, tío del que fuera trinitario, director del FIS (prestigiándolo hasta el infinito) y gran músico -doy fe porque tuve el honor de que tocara en mi boda, creo que fue la mejor parte de la misma, el resto pudo obviarse- luego secularizado.

Conocedores los mandos de la milicia de la ideología de los cuatro jóvenes, se les preparó una emboscada común. Severiano Martínez Anido a la sazón gobernador militar de Cataluña, de triste recuerdo, había inventado algo para eliminar a enemigos, casi todos obreros, sindicalistas y anarquistas: la llamada Ley de Fugas, que consistía en invitar a  escapar al detenido tirando por la espalda en cuanto emprendía la huida. El sistema se empleaba con profusión por quien pretendía eliminar a un enemigo infiltrado, cosa que se hizo con los cuatro jóvenes.

 

Fueron enterrados en fosa, que luego se desenterró llevándolos a Escalante de donde procedían. Los restos fueron identificados y enterrados en una pequeña parcela. Durante años se les puso flores y poco más. Con el tiempo se olvidaron de que allí yacían cuatro vecinos víctimas del oprobioso rojerío. Ya en tiempos democráticos, don Paco, le argumenta al pariente, José Luis Ocejo, que intente poner una lápida correcta en el cementerio. Ocejo, se lo plantea al nuevo párroco solicitando éste a ¡cambio del favor! un terreno heredado por el pariente, el cual se negó en redondo al chantaje curil. Allí se quedaron los restos sin más señal. Don Paco, años atrás, ofendido por la falta de implicación de Ocejo y por la mercadería del cura, encargó una cruz, clavándola de noche antes del día de Difuntos. Nos refiere el locuaz don Paco, que ya ha desaparecido por falta de cuidados.

Las joyas y los atalajes de la virgen deben de seguir adornando su figura yacente que sale en digna procesión todos los veintiocho de agosto, que es su día.

Cuando las tropas del Corpo Tropo Voluntaire, además de los requetés llegan a la zona Oriental de la hoy región, entonces provincia de Santander, se afilaron las armas de la venganza. Los que andaban ocultos, presos o temerosos en los hogares, salen con sed de venganza y más sintiéndose agraviados en lo más profundo. Porque ellos, los afines al golpismo africanista, a los socios nazis alemanes y fascistas italianos, sienten que la patria es suya, que les pertenece y no solo los bosques comunales que había repartido de forma parcial José Lanza Barrios, sino el país entero ¿Quiénes son los desarrapados que han llegado a las casas ricas del pueblo a expropiar enseres y propiedades? ¿Quién se creen que son los trabajadores de fábricas, mucamas de las casas grandes, o peones del campo para reivindicar derechos, escuelas públicas, voto femenino, y un estado laico?  No son nada, pensaron los ganadores de esta guerra de la que se dice, la perdieron todos. Los  triunfadores afilaron la venganza además del arrimo de tantos que andaban al sol que más calienta. Se trataba de los equidistantes que en el momento del triunfo tiraron hacia los ganadores con el ansia de demostrar que nadie como ellos era tan patriota y  afín al Movimiento. A la vez que se aprestaban a levantar el brazo en saludo romano hicieron lo mismo con el dedo acusador.

¿Ponerse una niña los zapatos de oro de la Virgen de la Cama? y ¿por qué no? ¿Condenadas por robar unas katiuskas y un paraguas conducidas al infierno de Saturrarán?  ¿Pedir pruebas en juicios sumarísimos que se despabilaban en diez minutos a razón de diez o doce condenados? Pérdida de tiempo, justificaban los uniformados. La palabra de un falangista que firma denuncias como si fueran recibos de pronto pago vale por todas las vidas que condena con su rubrica. ¿No es culpable una mujer por casarse con un zurdo sin dios? Claro que lo es. Por contagio, por lo que sea, pero lo es. ¿Qué son seis años de tortura en Saturrarán? nada, justo castigo al desenfreno republicano que decía que todas somos iguales, que la enseñanza debe ser obligatoria, gratuita y bien dotada, que las mujeres votan, trabajan y han dejado de obedecer. Donde se ha visto cosa igual. Eso en Europa, pero no en la España cristiana, salida de Covadonga, apadrinada por Santiago y conquistada por los Reyes Católicos.

Mola explicó perfectamente lo que había que hacer y parte de los habitantes de Escalante con José Luis de la Riva a la cabeza que firmaba denuncias como quien hace algo cotidiano, lo sabían a la perfección.

“Sembrar el terror… eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros. (…) Echar al carajo toda esa monserga de derechos del hombre, humanitarismo y filantropía.”

Emilio Mola, 19 de julio de 1936.

Pocos días necesitaron los jueces militares que en Santoña condenaban a fusilamiento a los señalados por el falangista, porque en la España eterna la disidencia es condenable en si misma.

Los muros del cementerio del Dueso y la fosa de Berria andan llena de gente trasmerana que como delito grave, robó gallinas, unas joyas virginales, alguna silla y ropa de cama. Y unas katiuskas con un paraguas…Según denuncia.

Siguen sin lápida, por eso les traemos sus nombres y su recuerdo a estas páginas.

María Toca Cañedo©

*Carro de tierra: medida cántabra agraria de superficie  equivalente a aproximadamente 178 metros cuadrados.

 

Mi agradecimiento, en primer lugar a Juan Ignacio Sampedro que tuvo la amabilidad de pasarme toda la documentación conseguida por él en el Archivo Militar del Ferrol, además de acercarme a la historia de este hermoso pueblo de Escalante con el que me une no solo la simpatía sino gratos recuerdos de juventud y disfrute.

Lugar destacado en mi agradecimiento está el que siento por Javier Tazón y su amabilidad y paciencia para proporcionarme la entrevista con Paco de la Riva.

Y por último y no menos importante, gracias Paco de la Riva, por acogerme en tu casa, contar y contar sin prejuicio de saberte, en parte, protagonista de esta historia. No quisiera producir quebranto por lo que cuento porque la historia es dura pero nos debemos al intento de acercarnos a la verdad lo más posible.

En la historia habrá errores imputables a la redactora, jamás a los informantes. Sean piadosos, corrijan si consideran  porque toda información si es verídica y confirmada se agradece. Este articulo ha supuesto un trabajo de investigación, contrastación bastante importante.

A las víctimas el recuerdo vivo de nuestras páginas.

A los verdugos…me tienta decir que ni olvido ni perdón, pero me consta, por escucharlo tantas veces  en boca de los descendientes de  los que sufrieron tanto que  jamás predican rencor. Al contrario, su paz es que contemos los hechos y seguir adelante recuperando la historia y la verdad.

A todas/os me abrazo y el de estas páginas que ya son hogar común.

María Toca Cañedo©

https://www.youtube.com/watch?v=QnqqqPrpmJk

Sobre Maria Toca 1882 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

3 comentarios

Responder a rodrigo de toroCancelar respuesta