«La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María...»
El exilio es un sentimiento. Por el sabor que te deja en la boca, algo semejante a la nostalgia, quizás, a la quimera. Y es que hay momentos, cada vez más frecuentes en estos días de presagios negros royendo la esperanza, en que siento que mis pies se quedan sin raíces, que caminan por un terreno baldío, yermo, por el páramo que recorriera en la inconsciente infancia.
Es en esos momentos, donde los versos del poeta me saben a condena, a cadena perpetua, y su voz cansada me persigue, y su memoria triste me invade. ¿Dónde quedó el sueño? ¿Dónde, la espera ilusionada? ¿Dónde, la amputada página de la Historia? ¿Cuándo los versos doloridos descansarán en paz?
En esta mañana, borracha de azul, me pesan las piernas, y la pancarta atravesada me trae recuerdos de futuro. Entonces, poeta triste, reclamo para mí tu exilio y me digo y me repito que son tus huellas mi camino, que a mi exilio, como al tuyo, lo alimenta la quimera, la esperanza vana, la muerte en vida.
«….de espíritu burlón y alma quieta, ha de tener su mármol y su día, su infalible mañana y su poeta».
Juan Jurado

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