oportunidad en 1905, durante un homenaje que la actriz María Tubau recibió en Málaga, en el que ésta accedió a realizarle una prueba para entrar en su compañía. Pasó ésta en Madrid, quedándose ya a trabajar en la capital, debutando con la obra escrita por el marido de la Tubau, Ceferino Palencia, “Pepita Tudó”.
En 1921, tras la confesión de infidelidad por parte de su marido, Isabel publicó su primer libro, que versó sobre psicología infantil, “El alma del niño”, para continuar en 1923 con una novela sobre la deslealtad marital, de claros tintes autobiográficos, “El sembrador sembró su semilla”. En 1926 escribió y representó – en el teatrillo de la casa de los Baroja – una obra de teatro, dirigida por Rivas Cherif: “Diálogo con el dolor”. Ese mismo año participó activamente en la fundación del feminista Lyceum Club, junto a la que sería su presidenta, María de Maeztu, Victoria Kent (vicepresidenta con Isabel), y Zenobia Camprubí (secretaria), destacando por su defensa del voto femenino. Había desplegado una gran actividad en la divulgación del folklore y la artesanía españoles, pronunciando conferencias por todo el mundo (París, Londres, Montreal, Nueva York…), trabajos que fueron recogidos en su libro “El traje regional en España” (1926). A finales de los años veinte, tras ser detenido su marido por firmar con manifiesto contra el dictador, Isabel fue invitada a dar una conferencia sobre la educación de las mujeres en la Casa del Pueblo madrileña, con lo que iniciaría su acercamiento al PSOE, e intensificando su actividad social y política. En 1929 presidió la Liga Femenina Española por la Paz y la Libertad, especializándose en Derecho Internacional comparado sobre trabajos de la mujer y el niño.
En 1930 consiguió entrar en la Cárcel Modelo, haciéndose pasar por una de las hijas de Niceto Alcalá Zamora, para entrevistar y fotografiar al comité revolucionario republicano, instantáneas que fueron publicadas en el londinense “Daily Herald”. Con la proclamación de la República se produjo su ingreso definitivo en el Partido Socialista y en la UGT, con su consiguiente plena dedicación a la política, mientras su marido era nombrado sucesivamente gobernador civil en Almería, Guadalajara, Teruel y Zamora. En mayo de 1931 fue designada consejera gubernamental en la Conferencia Internacional del Trabajo, celebrada en Ginebra, y elegida vocal del Consejo del Patronato del Instituto de Reeducación Profesional. En septiembre superó las oposiciones al Cuerpo de Inspectores Laborales, formando parte de la delegación gubernamental en la Sociedad deNaciones, adscrita a la defensa de la mujer y del niño, siendo la única mujer perteneciente a la Comisión Permanente de la Esclavitud de dicha Sociedad de Naciones. Dirigió el Consejo Supremo Feminista, en cuyo nombre se adhirió, el 14 de noviembre, al homenaje a Clara Campoamor y a la República por la concesión del voto femenino. Pronuncia conferencias en la Asociación Femenina de Educación Cívica, de María Lejárraga. En mayo de 1932 perteneció al Comité de Expertos para el Trabajo Femenino de la OIT. En 1933 fue designada representante del gobierno español en el Consejo de Administración de la Sociedad de Naciones en Ginebra, siendo autorizada a firmar una convención, lo que constituyó un hecho trascendente en la historia de la Sociedad de Naciones, ya que era la primera vez que una mujer actuaba en aquel foro internacional como ministro plenipotenciario. Ese mismo año formó parte de la directiva del Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo (“Mujeres antifascistas”), cuyo programa reivindicaba también una serie de derechos para la mujer.



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