El pasado fin de semana, Marcos de Quinto llegó a Ceuta al frente de la “Armada de la Solidaridad”, una flotilla civil convocada para apoyar a la ciudad en plena crisis migratoria. Lo acompañaban, entre sus promotores, Amalio de Marichalar, conde de Ripalda, Fernando Oltra (presidente del Real Club Náutico de Marbella) y Pedro Rodríguez, el verdadero impulsor de la idea y fundador de Sierra Blanca, la promotora de la urbanización más exclusiva de Marbella. Encaja con el propio De Quinto, que en su biografía de X se presenta como “Pirata. Navego sin bandera” y, en la misma línea, como “Infanzón de Solar Conocido” —una categoría de hidalguía medieval castellana, sin título pero de linaje probado—. Nadie ha verificado ese linaje: es una etiqueta que él mismo se atribuye, sin aval genealógico externo conocido. Aun así, resume bien la contradicción: el rebelde sin bandera que presume, a la vez y por su propia cuenta, de setecientos años de abolengo. Prometieron cien embarcaciones; Ceuta “ni lo ha visto, ni mucho menos”, ironizó Jesús Cintora. En la cena de bienvenida, cerveza en mano, De Quinto lo convirtió en un mitin: pidió “Elecciones YA”, se enfrentó al consejero del PP, Nicola Cecchi acusándolo de censurarlo, y dijo que su única aspiración es dirigir RTVE “para cerrarla en tres meses”. La Ciudad de Ceuta tuvo que desmentir públicamente que pagara la cena.

No es la primera vez que convierte una causa ajena en escenario propio. Entró en Coca-Cola en 1982 pensando quedarse un año; se quedó 35, hasta director mundial de Marketing en Atlanta. Su salida, anunciada en marzo de 2017, no fue una salida: dejó el cargo ejecutivo el 30 de abril pero, según documentos remitidos al regulador bursátil de EE.UU., siguió cobrando el sueldo casi íntegro como “asesor creativo sénior” hasta su jubilación oficial en septiembre de 2018 —dieciséis meses más—, cobrando 7,6 millones de dólares en su último año completo. En 2013, mientras la empresa despedía a más de 1.900 trabajadores en Fuenlabrada, declaró: “si se cerró ese centro algo de culpa tendrán los trabajadores”.

Ese mismo año, un juzgado condenó a Iniciativas Qvintvs SL, su empresa agrícola —“uvas, vino y alcoholes”, sin más de dos empleados nunca—, a pagar 205.600 euros (rebajados a 180.484) por intentar incumplir el contrato de compra de un chalé alegando defectos. Esa sociedad facturó apenas 8.762 euros en su último ejercicio disponible, acumulando casi 90.000 en pérdidas, y aun así captó más de 57.000 euros en subvenciones agrícolas de Castilla-La Mancha: casi el triple de lo que facturaba. Poco antes había pedido en Twitter “una auditoría de todos los chiringuitos” que reciben subvenciones. Y cuando le preguntaron por sus propiedades, negó en Antena 3 que ninguna estuviera a nombre de una sociedad —“todos directamente a mi nombre”—, algo que el propio Registro de la Propiedad de Cuenca desmentía. Cuando extrabajadores se manifestaron a las puertas de su boda en la Catedral de Cuenca, los llevó a juicio por coacciones e injurias. Los absolvieron: protesta laboral pacífica y autorizada, dijo el juzgado.

En 2019 fichó por Ciudadanos como número dos de Rivera, tras haber dicho meses antes que afiliarse a un partido era “renunciar a la independencia”. Declaró un patrimonio de 47,7 millones —el diputado más rico del Congreso— y pagaba impuestos en Portugal, trasladando su residencia fiscal a España solo cuando el cargo se lo exigió. A los cinco meses ya generaba crisis interna: llamó “bien comidos” a los migrantes del Open Arms e insultó a quienes lo criticaron —“cretino”, “trol de mierda”—, tuits que acabó borrando. Un concejal de su propio partido pidió que la dirección desautorizara sus palabras. Salió en 2020, discrepando esta vez de que Cs rompiera el cordón sanitario con Sánchez.

El desprecio no ha cambiado. Hace apenas un mes, en pleno asalto a Ceuta —con muertos y morgues improvisadas—, llamó en directo “payasa maleducada” a la periodista Afra Blanco en Antena 3, y calificó a los sindicalistas de UGT y CCOO de “mermados”, “a sueldo de Moncloa”.

Tampoco es nuevo romper con sus aliados. En 2022 fundó, con el actual eurodiputado de Vox, Juan Carlos Girauta, el think tank Pie en Pared. En junio de 2026, dos meses antes de la Armada, la asociación entró en crisis: Esperanza Aguirre y Daniel Lacalle abandonaron la directiva tras sus duras críticas al PP por su tibia participación en una manifestación contra Sánchez, y Alejo Vidal-Quadras tuvo que escribir a Feijóo para reconciliar posturas. Dos meses después repitió el mismo gesto en Ceuta, esta vez con el PP local.

También es accionista de EDA TV, el medio de Javier Negre que emplea a Vito Quiles y cobra publicidad institucional de Madrid y Vox. Y esa misma reputación de “azote de las subvenciones” no le impidió sentarse, en 2021, en el consejo de Sesé, logística aragonesa con 10 millones de deuda con el Fisco que competía por fondos europeos del Plan de Recuperación.

Este fin de semana ha vuelto a defender retirar el voto a quienes cobren desempleo o el ingreso mínimo vital —un sufragio censitario, dicen sus críticos, que evoca el siglo XVIII—. Y hay una ironía que nadie ha dejado pasar: mientras estuvo en Coca-Cola, la empresa vendía con normalidad en Marruecos, el mismo país cuya reivindicación sobre Ceuta dice ahora combatir con un yate y una bandera.
Juan González Posadas.
Fuentes consultadas:
Wikipedia, El Plural, eldiario.es, El Español, El Faro de Ceuta, Ceuta Actualidad, Ceutaldía, Teleceuta, Catalunya Press, LibrePedia, Libertad Digital, The Objective, El Confidencial Digital, El Boletín, España es Voz, Periodista Digital, Infobae, Parlamento Europeo, El Pueblo de Ceuta, OKDiario, El Liberal, El Confidencial Digital (autonómico).

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