La hija de Jayne

Me ha encantado el documental que le ha dedicado su hija, Mariska Hargitay, actriz también, pero de alguna forma antítesis exacta de la exuberante Jayne. Mariska trabajó en la serie “Ley y orden”, es castaña, esbelta y muy adecuada para interpretar papeles de mujeres modernas, audaces, atractivas de una forma sobria.
Jayne Mansfield fue su madre. La “marilynizaron” en cuanto un productor alcanzó a ver en su cuerpazo imposible un filón sustancioso. A nadie le interesó que hablara cuatro idiomas y tocará el piano y el violín desde niña. Seguramente ella pensó que era una forma de empezar y que su suerte cambiaría, se volvería morena de nuevo y trabajaría en películas serias. No sucedió.
Mansfield se mató en un accidente de coche a la misma edad que su padre y del mismo trágico modo. Era aún más joven que Marilyn, a la que admiraba mucho y a la que lloró como a una hermana de destino. Tres de sus hijos viajaban con ella. Mariska quedó atrapada en el amasijo de hierros y tardaron un buen rato en encontrarla y sacarla de ahí.
Era muy pequeña y apenas recuerda nada de su madre. Una casa enorme llena de chihuahuas y animales exóticos. Tenían una piscina en forma de corazón y un piano blanco y dorado con angelitos dibujados. A la muerte de Jayne, los cinco niños fueron repartidos entre sus padres biológicos. Se vendieron sus cosas, piano incluido, y Jayne fue convirtiéndose en un fantasma.
Mariska quiso devolverse a sí misma la madre que casi no tuvo tiempo de conocer. Quería saber qué hubo detrás de esa fachada de Venus de la abundancia, fértil y escandalosa, que guardaba su verdadera voz para la intimidad y en público usaba el tono aflautado de chica boba que tanto tranquilizaba a los hombres de la época. Mariska indaga y lo que descubre es una preciosa lección de amor y dignidad, su verdadero origen y lo realmente compleja y fascinante que fue Mansfield, una mujer que cumplió el sueño frustrado de la Monroe y disfrutó de la maternidad, aunque las uniera esa misma ambición de ser actrices respetadas. Como Marilyn,Jayne tuvo su Joe di Maggio, un campeón de culturismo, Mickey Hargitay, que demostró lo que es el amor y la lealtad hasta el día de su muerte. Debe de ser cierto que cuando a una la dibujan como a la Mansfield no puede aspirar a la felicidad completa. Sonreía mucho para ocultar una tristeza profunda, la errancia que la llevaba a escoger hombres cada vez peores, más violentos. Mariska desea saber por qué en muchas fotos aparece ella, diminuta y muy morena, junto a una escultural madre rubia que no la mira ni la coge en brazos. Descubrirlo con ella, mientras intenta localizar su piano rococó, es muy emocionante.
Patricia Esteban Erlés.
El documental puede verse en Prime Video.

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