Otra vez enlutadas, llorando a víctimas que hacemos nuestras aun sin conocerlas. Otra vez las lágrimas de la niña que busca a la madre, o la madre al hijo, padre o a ese perrito que se le quiere, que le queremos y rezamos (en laico, quizá) para que el abrazo funda los miedos y la muerte retroceda y los deje en paz.
Otra vez, el dolor colectivo une a una sociedad que corre con lo que tiene a mano, para ayudar. Una manta, un quark, un caldito para los que vagan por la intemperie de sobrevivir a una catástrofe que ni se vislumbra.

Dicen que los bares del pueblo de Adamuz abrieron de par en par las puertas para acoger a las personas que hasta allí llegaban con el horror y el pasmo dibujado en sus ojos. La gente del lugar guio a las fuerzas de ayuda para agilizar los rescates, que robaron al sueño las horas para ayudar. Que se abrieron casas, que en los hogares se acogió a desconocidos que aun temblaban, que los heridos fueron auxiliados al momento, que las fuerzas de rescate funcionaron a full.

Leo, escucho las noticias y me rompen con la emoción, quizá porque al haber vivido una perdida propia (precisamente el 19 de enero se cumplen 12 años de la partida hacia el infinito de mi hijo, Luis) reescriba el dolor y el miedo porque sé que es complicado seguir viviendo con tanta pérdida. Pero no. Ese dolor solidario que nos hace llamar a las compañeras andaluzas, preguntar al compañero si alguien cercano ha sufrido, ese mirar la pantalla y sentir el ansia…eso nos hace humanos. Y nos engrandece. Porque sentir el dolor ajeno, no como propio porque es imposible, pero sí como herida cercana, es lo que hace avanzar la sociedad, lo que conmuta la salvajidad del pequeño demonio que llevamos adentro y nos convierte en humanas dignas. Precisamente es eso: la solidaridad con la gente sufriente.

Claro que llegarán (llegaron ya, a base de infumables tuits) las voces discordantes. La miseria moral de quien aprovecha el dolor personal y colectivo para robar (en la DANA, las juventudes de VOX, se quedaron con un millón de euros de ayuda de gente confiada y grupos de carroñeros sembraron discordia) para arrimar el ascua por ver si arramblan un voto, un grito, una indignidad.

Hubo miserables que se quejaban de la suspensión del resto de los trenes, “España es tercermundista” clamaba la rata, Vito Quiles, que se autodenomina periodista y no es más que aliento de odio. Mientras el capo di capi del fascio 2.0 español, aprovecha la coyuntura para lanzar dardo contra el gobierno…y dios sabe qué.

En cambio, he escuchado con respeto las palabras de Moreno Bonilla, tan denostado en otras ocasiones, y su mesura y sincero lamento me ha conmovido. He creído intuir que luego del horrible ejemplo dado en la DANA con su presidente perdido en brazos ajenos; en este caso las personas que deben coordinar, apaciguar y gestionar han estado donde debían. Quizá luego surjan los errores, las disensiones y los disparates. Es posible, pero en las horas siguientes al accidente hubo cordura y con eso me quedo.

Las teorías que anuncian el individualismo, la lucha personal por una supervivencia con lujos inmerecidos, con casoplones en Andorra y visas platino, se quedan al menos tuertas cuando un espanto sacude a la sociedad. Es cuando nos percatamos de la importancia de tener la mano amiga que nos haga un café o nos ampare la tiritona que produce el miedo con una manta, el que rebusca con ansia entre los hierros de un tren desvencijado para encontrar al herido o a la muerta y ofrecer el duelo debido, todo eso es únicamente solidaridad humana, empatía, dolor compartido. Y todo eso es justo lo contrario que los relatos que surgen al amparo de los locos de color naranja que viven con el ansia de dominio quizá porque se saben tan miserables que nada les concierne.

El mundo avanzó porque sentimos el dolor ajeno, lo amparamos y tendemos manos solidarias. El mundo se salva cada día cuando un grupo levanta la voz y tiende la mano. No cuando se consiguen más bitcoins o se roban pozos petrolíferos a un país, o se invade otro. El mundo avanzó con madame Curie enfrentándose al radio investigaba, cuando Fleming observaba el moho, cuando Dickens creaba historias, cuando Patarroyo declaró la vacuna de la malaria universal eludiendo la patente que le hubiera hecho rico. El mundo avanza con los/as sanitarios agotadas muriéndose de cansancio que se enfrentan al paciente numero doce como si fuera el primero, con la tendera que resopla de frío matinal y expone sus predios, o la pescadera que descabeza la merluza con destreza cirujana. El mundo avanza así y no invadiendo Groenlandia o arrebatándose, expulsando inmigrantes a la intemperie invernal.

Y eso lo sabemos todas. Solo que a algunos se les olvida o hacen como si…porque a veces la maldad ha ganado el corazón de los mediocres.
Desde la humildad de este pequeño magazín, abrazamos a las víctimas, a las familias, a la gente que ya se grabará la fecha del 19 de enero del 2026 en su corazón con una herida que curará con el tiempo pero jamás se borrará la cicatriz que la velocidad produjo.
Y es que quizá deberíamos empezar a descolonizarnos de la prisa ¿no les parece?
María Toca Cañedo©.

Buenos días María, desde la Córdoba argentina vaya un agradecimiento por esta reflexión, que aporta perspectiva en un momento complejo para pensar. Nuestra sentida solidaridad para todos los afectados por el accidente ferroviario en Adamuz. Y mi eterno agradecimiento por habernos recibido el pasado 6 de enero en el Agora Solidaria Cultura y Memoria Luis M. Toca. Abrazo
Un abrazo tan grande que cubra distancias. Fue un honor y un gusto.
María, totalmente de acuerdo con el contenido de tu artículo.
Es perfecto.
Gracias