La frase nos la escupen tal que piedra en plena frente, queriendo rompernos la cara y la bonhomía que acompaña a la gente de bien. Ni tan siquiera es cuestión ideológica, aunque debería de serlo, porque un valor intrínseco de la izquierda es siempre, pero siempre, el acogimiento del desprotegido, la empatía con el paria y no como lo entiende la religión, caridad cristiana, sino mera y simplemente: justicia social. Para que tengamos comodidad, comamos barato, usemos móviles modernos, calentemos la casa y podamos viajar, millones de personas y países enteros convalecen del mal de la explotación que produce Occidente. Nuestro litio chorrea sangre infantil. Nuestro petróleo exuda esclavitud, nuestra fruta expele sudor y lágrimas de la gente que la recoge a cuarenta grados bajo los mares de plástico de cualquier zona productora. Por tanto, nada de caridad: justicia y poca porque por mucho que hagamos jamás pagaremos lo que robamos y expoliamos a los países que son patrias de los que luego vienen en busca de acomodo y no les dejamos vivir.

La empatía social, aunque no se pensara en la justicia, debiera ser cosa del cristiano, de cualquier persona religiosa porque bien que lo repite el Evangelio “porque tuve sed y me diste de beber, tuve hambre…” A buen seguro los gritones racistas tendrán un Belén en su casa o llevarán a los nenes al del Ayuntamiento para ver a la madre, el padre y el niño que nadie acogió en un portal calentados por la vaca y el buey.

¡Cómo debieran clamar los púlpitos ante la salvajada! Como debiera clamar la sociedad ante la crueldad de seres infames que hicieron frente a la Cruz Roja e impidieron que la parroquia amparara a los expulsados por el infame alcalde de Badalona que me espanta nombrar.

Así empiezan las razzias. Con un ser infame que incendia a sabiendas de que la turba va a responder. Albiol conoce a su gente. Sabe que siempre hay la suficiente ignorancia mechada de crueldad que se presta a corear el ¡A Barrabás! Que a poco que se le incite toma la horca y el puñal y arremete contra el débil, el que duerme debajo del puente, el que llega en patera, el que carece de todo. Porque la ignorancia bien dirigida renta violencia y odio a raudales.
¿Cuántas veces nos hemos preguntado ante la visión de los campos, de los hornos, de la infamia nazi cómo fue posible? ¿Cuántas veces hemos pensado que dónde estaba la buena gente cuando delataban a un inocente, era apalizado, violada, rapada y humillada, durante la postguerra? Nos hemos dicho mil veces que hemos evolucionado, que aprendemos, despacio, pero aprendemos. Y no. Badalona, como antes Torre Pacheco nos demuestran que no.

Las razzias racistas dirigidas por malvados cercanos a Himmler o Goebbels, pasaron en Torre Pacheco. Ahora, está pasando en Badalona. Y volverá a pasar en cualquier punto de este país que niega una y otra vez su racismo exacerbado. Se nos llenaba la boca negando que lo éramos, o que lo éramos solo con el pueblo gitano, cuando no teníamos a quien dirigir el odio. Nos caían lagrimitas viendo La casa del Tio Tom, Raíces y Holocausto. Decíamos: que bestias los del Ku Klux Klan, eso pasa en América. Afirmábamos satisfechas: que cafres los nazis, obviando que tuvimos campos de concentración, trabajo esclavo, torturas, muertes y delaciones cada día en nuestro país. No somos lo que no tenemos. Al no haber población negra o magrebí no éramos racistas, que cuqui todo sintiéndonos superiores a los países que maltrataban por el color de la piel. Admiramos a Aretha Franklin, Marvin Gaye, Winnie Houston, Michael Jakson y no entendíamos que en EEUU se los discriminara. Pobres negritos… pensábamos. Pero ¡ay! en cuanto han llegado a nuestra sociedad desesperados buscando una vida mejor soltamos enseguida: no que me roban, que vivan fuera de nuestros barrios, no los queremos.

Que tienen armas, les acusaba una nativa badalonesa desgreñada y vociferante. Llévatelos a casa, alentaba un tipo que su padre o abuelo habrá construido la chabola de noche con los compadres jienenses o extremeños en la no muy lejana década de los sesenta. Que se vayan, le escupía el joven nini que se alimenta de pizza y coca cola aduciendo no encontrar trabajo porque los extranjeros vienen a robarnos el pan, tienen paguitas y el estado les da casas gratis.

Pero no se apuren. En España no somos racistas. Quizá tengan razón y solo seamos gilipollas sin memoria.
En cambio, Albiol y los albioles que pululan por el mundo, sí la tienen. Memoria, digo. Saben que no hay nada como recurrir a la visceralidad de argumentos banales pero sencillos que inciten el odio de gente que pasa la vida trabajando esclavizada y viendo Mujeres, Hombres y Viceversa y Operación Triunfo porque la vida no les da para más. Conocen muy bien que agitar el escorzo de violencia dormida en cierta gente sin más recurso intelectual que emociones intestinas, les renta a la hora de tomar el poder, o mantenerlo. Y como lo saben agitan las aguas del odio para pescar en ellas buenos y rentabilizables votos.

Mala gente que camina y va apestando la tierra…decía Machado; no lo digo tanto por los infames que gritaban a los acogidos como por la clase dirigente que conoce bien los escasos recursos intelectuales de la chusma cuando se despereza a golpe de odio. No los indulto, que quede claro, porque hoy no quedan demasiadas excusas para culturalizarse un poco, para contrastar la basura cósmica que les inocula la ultraderecha. La pereza mental de la gente que obedece al mandato tripero no tiene disculpa. Pero mucho menos la tienen quienes conocen bien los resortes que pulsan para que salte la fiera y la gente, otrora normal, se posicione en el lado oscuro.

Es probable -ojalá me equivoque- que tengamos alguna vez un baño de sangre cuando la turba dirigida por mentes infames se la conduzca al final donde el odio desemboca en sangre. No creo que sea lejano el día en que tengamos una larga noche de los Cristales Rotos, entonces veremos cómo los inductores –albioles, abascales, negres, ndongos, alvises…- se escondan como ratas y se laven las manos cual Pilatos redivivo.

El alcalde de Badalona es un infame absoluto. La gente que sale a gritar a los acogidos, son miserables turbas teledirigidos por intereses aviesos. Pero ninguno de ellos protestará jamás cuando los ingleses, alemanes o yanquis borrachos perdidos asalten a las jóvenes en las discotecas o poten en las aceras dejándolo todo destrozado con borracheras bien regadas de alcoholes o drogas. Eso no molesta, es más, se potencia y se agradece.
Molestan los pobres.
Como en Belén de hace 2025 años, mismamente.
Pasen buenas fiestas.
María Toca Cañedo©.

Totalmente de acuerdo. Diciendo verdades como puños. Enhorabuena
Estoy de acuerdo con el fondo del articulo, pero no tanto con la primera parte. Es cierto que ahora tenemos más porcentaje de inmigración, pero hasta hace 4 días, básicamente hasta que a VOX se le ha dado altavoz y ya no está mal visto expresarse como un miserable en publico, en España se convivía más o menos bien con la immigracion, y esta no era vista como uno de los principales problemas que tenemos, básicamente porque no lo es. Pero después del proceso de analfabetismo al que se nos viene sometiendo durante los últimos años, los mensajes de enfrentamiento entre los pobres y los más pobres entran como cuchillo en mantequilla, mientras ellos se lo llevan crudo. La maniobra de distracción les funciona perfectamente, y ya se prepara el siguiente capitulo: de los autores de ‘los inmigrantes te quitan el trabajo» llega «los jubilados viven a todo trapo mientras tu cobras un sueldo miserable». Próximamente otro éxito en sus pantallas
Totalmente de acuerdo. De hecho ya han empezado, con libro y todo…El problema es que,además de ser deleznable el argumento porque las pensiones es dinero adelantado por el/la pensionista a lo largo de su vida laboral, no un regalo del estado, el problema es que los/las pensionistas votan y es probable que eso la canalla de la ultraderecha lo tengan en cuenta. En cambio el inmigrante sin papeles, no vota y eso le hace vulnerable.
Gracias por su lectura y por su opinión, Daniel.
Certeras palabras, María