Analicemos las cifras del tirano marroquí, aunque necesitaríamos muchas páginas para desglosar toda la fortuna y el entramado oscuro del patrimonio real.
El holding Al Mada , nombre que recibe el conjunto de empresas del monarca, consiste en un consorcio que van desde sociedades con China, empresas de renovables con el nombre genérico de Nareva, además de la participación real mayoritaria en las empresas grandes marroquíes. Esta hegemonía supone que a la empresa privada solo le queda participar en empresas pequeñas, informales que conforman un 94% del total y que suponen un efecto de goteo dentro de las inversiones reales. Creo que ningún país del llamado comunismo de estado, concentró mayor poder económico… no en el Estado, sino en las manos de una monarquía deificada y casi medieval.

Las empresas reales, producen dividendos que no se traducen en empleos para el pueblo, conformándose una tasa de desempleo en los jóvenes de un 37% del total, mientras que los empleos existentes son en su mayoría precarizados y con sueldos misérrimos. Estas cifras hacen comprensible que cualquiera de ellos se jueguen la vida de forma desesperada con tal de encontrar un futuro en Europa. Sin contar la terrible situación de la mujer en el país, que repetimos, necesitaría otro largo artículo. Violaciones, matrimonios concertados, abusos, falta de derechos, lo que queda demostrado con la ingente cantidad de jóvenes que han huido hacia Ceuta, en la última estampida y que sienten terror cuando intuyen la posibilidad de devolución.

Hablemos ahora del patrimonio personal del rey que no se reduce únicamente a dinero líquido o bienes personales (palacios, flota de supercoches, el megayate Badis 1 o propiedades en Francia). Como hemos consignado más arriba, la principal fuente de la riqueza real se debe a la participación mayoritaria de la familia real en el consorcio de Al Mada (antiguamente conocido como SNI – Société Nationale d’Investissement).
Este holding corporativo privado, desde donde la familia real controla sectores estratégicos de Marruecos como la Banca y las Finanzas ya que son dueños de Attijariwafa Bank, el banco más grande de Marruecos y del norte de África. También controlan la Minería y Energía por medio de Managem (extracción de cobalto, oro y minerales) y proyectos de energía renovable. Y por último las Telecomunicaciones, Construcción y Gran Consumo donde mantienen participaciones mayoritarias en cadenas de distribución, azucareras (Cosumar), seguros y distribución alimentaria.

Por ello, analistas económicos señalan que, sumando el valor de mercado total de las empresas bajo la órbita de la monarquía, su peso e influencia económica directa e indirecta en la bolsa y en el tejido comercial de Marruecos abarca un porcentaje sustancialmente mayor que la cifra de su fortuna individual. En realidad, Marruecos no es un país, o no solo, sino un consorcio financiero de la familia real.
No contento con todas las propiedades que le convierten en uno de los sátrapas de fortuna inmensa, a diferencia de las monarquías europeas en donde la asignación pública es reducida, el Estado marroquí destina anualmente a la dotación de la Casa Real (mantenimiento de palacios, sirvientes, flota de transporte y gastos de la dinastía alauita) un presupuesto público que supera los 250 millones de euros anuales, financiado directamente por el contribuyente marroquí.

Este escandaloso contraste entre un rey que figura entre las mayores fortunas del mundo y el PIB per cápita de Marruecos que ronda los ¡3.700–4.000 dólares anuales! lo que evidencia de sobra una marcada brecha en la desigualdad social que coexiste con la rápida modernización del país.
Aunque se temió que la primavera árabe tocara el instinto de rebeldía del pueblo marroquí, la red de informantes que existe en los barrios, calles y pueblos del país debieron de desalentar las protestas, como sigue ocurriendo en la actualidad. No se mueve una pluma sin que el Madjen lo sepa todo. No obstante, se han producido dos grandes movimientos de protesta juvenil como fueron : las movilizaciones del movimiento Hirak (2016-2018) en el norte del Reino, y más recientemente las protestas lideradas por la Generación Z en el otoño de 2025.

La primera de ellas fue motivada por El «Hirak» del Rif (2016-2018) El detonante ocurrió en octubre de 2016, cuando Mouhcine Fikri, un joven vendedor ambulante de pescado en Alhucemas, murió trágicamente aplastado dentro de un camión de la basura mientras intentaba recuperar el pez espada que la policía le había confiscado. La brutalidad de la policía marroquí es de sobra conocida.
La indignación ante la muerte del joven dio origen al Hirak (Movimiento Popular del Rif), liderado por el joven Nasser Zefzafi. Durante meses, decenas de miles de jóvenes tomaron las calles reclamando empleo, un hospital especializado en cáncer para la región (muy castigada históricamente) y universidades públicas.

Como cabe esperar de un régimen disfrazado de democracia, pero dictatorial en esencia, la militarización de la región no se hizo esperar. El gobierno prohibió las manifestaciones y desplegó masivamente a la policía. Se bloquearon carreteras y se suspendieron accesos a internet en las zonas calientes.
Se realizaron alrededor de 400 activistas y periodistas locales fueron arrestados aplicándose duras sentencias de cárcel con la intención de disuadir las siguientes algaradas. La justicia marroquí dictó penas ejemplarizantes. Nasser Zefzafi y los principales líderes fueron condenados a 20 años de prisión acusados de «atentar contra la seguridad del Estado». Amnistía Internacional y Human Rights Watch denunciaron torturas durante la custodia policial y juicios sin garantías legítimas.

Más cercana pero no menos brutal en la represión, fue la explosión popular de finales de septiembre y octubre de 2025, cuando el país vivió una oleada inusual de protestas ciudadanas coordinadas de forma descentralizada por jóvenes sin filiación política tradicional.
Las marchas no fueron convocadas por partidos ni sindicatos, sino a través de redes sociales como TikTok y servidores de Discord (bajo el nombre de iniciativas como GenZ 212), el desencadenante inmediato fue el deterioro de la sanidad pública (tras la trágica muerte de varias mujeres durante cesáreas en Agadir por negligencia/falta de medios) y el desempleo juvenil, que supera como hemos dicho el 37% de la población.

La indignación popular aumentó al ver los cuantiosos gastos públicos en macroinfraestructuras deportivas (estadios y preparativos para la Copa Africana de Naciones y el Mundial 2030) mientras los hospitales y escuelas públicas se desplomaban. Lo que ocurre, como en cualquier teocracia, es que a diferencia de la Primavera Árabe, los jóvenes evitaron atacar la figura del rey Mohamed VI o pedir la caída del régimen; dirigieron toda su rabia hacia el Gobierno del primer ministro Aziz Ajanuch, exigiendo mejores condiciones de vida, salud y educación. Esa disociación de las protestas, que evitan menoscabar la base del sistema que tiene en la familia real sus cimientos, quizá conforma parte del problema. Mal solución tiene la economía de un país que es una Sociedad Anónima cuyos propietarios son la todopoderosa familia real que mantiene formas y fondo de monarquía medieval.

Las protestas derivaron en fuertes disturbios nocturnos en ciudades como Agadir, Rabat, Casablanca y Tánger donde las fuerzas de seguridad (Gendarmería y Fuerzas Auxiliares) desplegaron un férreo control antidisturbios. Las marchas dejaron más de 400 detenciones, cientos de heridos (tanto manifestantes como agentes de policía) y la muerte confirmada de varios manifestantes por disparos durante los enfrentamientos.
ONGs como la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) denunciaron detenciones arbitrarias y un uso desproporcionado de la fuerza para disolver las concentraciones.

La monarquía se respalda en el origen “divino” por lo que cuestionar sus formas autárquicas medievales son consideradas por la población un insulto al profeta. Mientras, el corrompido Mohamed VI, ha pasado una vida de disipación que poco o nada tiene que ver con la fe religiosa en la que su monarquía se asienta, parece lo suficientemente enfermo para pensar en que pronto habrá cambio de monarca.

Mucho nos tememos que cambiarán los nombres, las caras serás diferentes pero la problemática de la población marroquí será la misma. Y los asaltos a las fronteras seguirán mientras un pueblo sea sumido en la pobreza por el expolio indecente de una monarquía que además de acumular riquezas enormes, ampara a gobernantes corrompidos en esencia siempre a las ordenes del gendarme yanqui. De todos los gendarmes…no solo de Trump.

Hasta que entendamos que nadie puede parar a quien no tiene nada más que la vida, no habrá paz en las fronteras. Nadie marcha de su tierra si no le empuja la desesperación. Ninguna valla, ningún cañón podrá hacer desistir a gente desesperada que busca una vida mejor.
María Toca Cañedo©

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