Nos preguntamos con curiosidad ¿por qué Marruecos, país musulmán, tiene el apoyo incondicional tanto de EEUU como de su socio y cómplice Israel? También nos deja en estado de perplejidad la inacción de los diversos gobiernos españoles ante las sucesivas agresiones realizadas por el país vecino ¿Qué ocurrió para que se entregara el Sahara Occidental de la forma en que se hizo?
Y la tercera es ¿por qué Marruecos muestra tanta hostilidad hacia España o mas concretamente hacia su gobierno actual? Cierto que tiene que ver la reclamación territorial sobre Ceuta y Melilla, incluso nos tememos que también Canarias, pero no justifica las traiciones y ataques frente al «hermanamiento» secular entre ambas casas reales.

Varias preguntas que vamos a intentar resolver después de hacer una prospección en la historia de un país tan cercano como desconocido.
Nos remontaremos a los orígenes del reino alauita, incluso antes de que existiera como tal, a tenor del pasado del país que nos explicarán debidamente el presente.
La presencia humana en Marruecos se remonta a milenios con los bereberes (amazighes), que fueron los habitantes autóctonos de la región.

En la antigüedad, y tras el paso de fenicios, cartagineses y romanos, el punto de inflexión de los pueblos del norte de África, ocurre a finales del siglo VIII. Concretamente en el año 789, Idrís I fundó la dinastía idrisí estableciéndose en la ciudad de Fez. Este hecho bien podría considerarse de forma simbólica la fundación del primer Estado marroquí unificado e independiente.

Llegadas a la época de los grandes imperios durante la Edad Media, dinastías bereberes nativas construyeron imperios transcontinentales que dominaron el norte de África y Al-Ándalus (la Península Ibérica) Hemos de aceptar, por mucho que les cueste a las berroqueñas mentes de ultraderecha, la practica indisolubilidad del Al Andalus con el resto de pueblos del norte de África, como los Almorávides (s. XI-XII) que fundan Marrakech unificando el territorio bajo un islam puritano.

Poco después llega el tiempo de los Almohades (s. XII-XIII) que construyeron monumentos icónicos como la Koutoubia de Marrakech o la Giralda de Sevilla. Nadie que las haya visitado puede negar la similitud arquitectónica de su extraordinaria belleza.
Posteriormente llegan a la zona los Meriníes y Saadíes (s. XIV-XVII) que mantuvieron la independencia frente a los imperios otomano y portugués (destacando la famosa Batalla de los Tres Reyes en 1578). Es importante reseñar que el precursor de lo que luego sería el Reino de Marruecos, no fue conquistado por el imperio otomano, como sí lo hizo con países limítrofes.

Y llegamos a la época en que la dinastía alauita (origen del actual rey Mohamed VI) llegó al poder en 1666 proclamando su descendencia directa del profeta Mahoma (lo que otorga a los monarcas el título de Amir al-Mu’minin o Líder de los Creyentes). Aquí nos encontramos con un problema de base como ocurre en otras teocracias existentes. Si la monarquía desciende del profeta (de su yerno más bien) cruzándose las deidades con la política fundacional del país, cualquier cuestionamiento de su estado nos lleva al encontronazo contra creyentes que son mayoría en el país. Es mala base fundacional que ha producido engendros como el estado de Israel además del resto de monarquías árabes que se propugnan descendientes directas de la deidad o de su vocero, caso de Mahoma, por lo que cualquier critica u oposición es considerado pecado grave contra la religión. Unificar a dios con el gobernante máximo de un país es la forma más rápida de caer en dictadura.

El impacto histórico de la monarquía alauita abarca tres pilares fundamentales:
Primero, se entiende que defienden la soberanía continua y la invulnerabilidad del país. Como dijimos arriba, a diferencia del resto del norte de África (Argelia, Túnez, Egipto), Marruecos nunca formó parte del Imperio Otomano. La dinastía alauita protegió sus fronteras frente a los turcos y a las potencias europeas durante siglos.

Segunda, también supuso amalgamar la resistencia y reunificación tras el Protectorado ya que en el siglo XX, Marruecos fue dividido entre un protectorado francés y uno español (1912-1956). La figura del sultán Mohamed V se convirtió en un símbolo de la resistencia nacional –como lo fue Jomeini para el pueblo iraní durante la dictadura del títere impuesto por EEUU, Sha Reza Palevi– Tras ser exiliado, el sultán Mohamed V, por Francia, las protestas populares obligaron a su regreso y a la proclamación de independencia en 1956.
Y por último. Entronizada la monarquía se consuma la centralización conformándose el Estado moderno que conocemos. Con Hassan II y el actual rey Mohamed VI, la monarquía ha concentrado el poder político, militar y religioso actuando, supuestamente, como factor de estabilidad nacional en una región convulsa, centralizando las decisiones estratégicas de Estado. Todo ello tiene un coste claro como es la total divinización de una monarquía a la que el pueblo no solo identifica con sus creencias (no olvidemos que se consideran descendientes de Mahoma) sino con la creación e independencia del propio país, por lo que resulta un muro infranqueable a la hora de solicitar democratización y erradicación de la corrupción secular de los pueblos con las características de monarquía/deidad.

A la segunda pregunta de por qué hay una tan férrea defensa del estado marroquí por parte de EEUU, hay que remontarse también al pasado donde nos encontramos cosas curiosas que justifican de forma emocional las ininterrumpidas buenas relaciones entre ambos países.
En diciembre de 1777, durante plena Guerra de Independencia americana, el sultán alauita Sidi Muhammad ibn Abdallah (Mohamed III) emitió un decreto declarando que los barcos con bandera estadounidense podían comerciar libremente en los puertos marroquíes. Con este acto, Marruecos se convirtió en la primera nación del mundo en reconocer oficialmente la independencia de los Estados Unidos. De manera intuitiva bastante exitosa, el sultán Sidi Muhammad apostó por el nuevo país que luchaba por independizarse de Inglaterra, comprometiéndose a evitar los asaltos de la piratería a los barcos del país recién independizado. Nunca fue olvidado por EEUU el apoyo prestado durante la lucha por su independencia.

A esto le siguió la firma del Tratado de Paz y Amistad Marroquí-Estadounidense en 1786, negociado nada menos que por Thomas Jefferson y John Adams. Este documento es el tratado diplomático ininterrumpido más antiguo en la historia de EE. UU.
Fuera por la fidelidad entre ambos países o por concordancia ideológica, entrados en la Guerra Fria, Marruecos se convirtió en un fiel socio geopolítico anticomunista y antiterrorista del socio yanqui, mientras que otros países árabes se alineaban con la Unión Soviética, la monarquía marroquí fue decididamente pro-occidental. Todo lo cual ha convertido hoy en día a Rabat es un socio estratégico clave de Washington en la lucha contra el extremismo en el norte de África y el Sahel.

Es precisamente esa fidelidad perruna entre ambos países lo que nos responde la ultima pregunta…EEUU dicta las formas políticas que el subalterno Marruecos, ejecuta. Nadie niega que el presidente Trump amenaza y lanza exabruptos sobre nuestro país. Recuerden la frase: «España es un país horrible al que le pasarán malas cosas» Trump odia la inmigración — su base política es el concepto de fronteras firmes y mano dura hacia quien rompa el axioma– ¿Es, por tanto, descabellado pensar que la huida de 80.000personas hacia Ceuta no sea un castigo a la vez que una lección que recibe el país díscolo de la UE, a la vez que dicha estampida refuerza los argumentos de la ultraderecha?
Incluso, siendo conscientes de la posición estratégica del país alauita, en 2004, EE. UU. le otorgó a Marruecos categoría militar preferencial, además de firmar un Tratado de Libre Comercio. Ambos países realizan anualmente el African Lion, que conforma el ejercicio militar conjunto más grande del continente africano.

Mucho antes, cuando en España un moribundo Franco languidecía, el heredero de la Corona española no tenía más conformidad que el deseo del dictador, Henry Kissinger pacta con el entonces Principe que EEUU será adalid de la monarquía española a cambio de la rica colonia que España mantiene en el norte de África. Se trata del Sahara Occidental, a la que se le había prometido independencia y cuyo partido de referencia, el Frente Polisario, defendía desde tiempo atrás. Para ello, la monarquía alauita moviliza al pueblo formando un grupo de 350.000 personas que avanzaron por el desierto con el fin de entrar en territorio saharaui (español, en ese momento) dando lugar a la Marcha Verde. La disyuntiva del debilitado gobierno español y las ganas de Juan Carlos Borbón de ceñirse la corona, hicieron el resto. Hacemos notar que en dicha Marcha ondearon las suficientes banderas estadounidenses para confirmar la aquiescencia de ese país con dicha invasión del territorio español. Como también que el Frente Polisario mantenía una ideología socializante apoyada por Argelia y de forma sutil y poco efectiva por la URSS.

CEDIDA POR EL FRENTE POLISARIO
(Foto de ARCHIVO)
10/10/2015
De forma fulminante, se traicionó al pueblo saharaui, adjudicando su territorio a Marruecos y a Mauritania. Poco después, este último país renunció a la zona adjudicada quedando Marruecos dueño completo del Sahara Occidental, sometiendo a bombardeos a la población irredenta, encarcelando y masacrando a un pueblo con identidad propia al que España traicionó de forma cobarde. Argelia, como dijimos, toma partido por el Frente Polisario, ofreciendo una parte abrupta de su territorio para el asentamiento de un pueblo que sigue sin rendirse.

La cumbre del comportamiento colonial llega cuando en un momento de coincidencia geopolítica ocurrida en diciembre de 2020 bajo los Acuerdos de Abraham, Marruecos normalizó relaciones diplomáticas con Israel traicionando a la vez a los hermanos de raza y religión. Otra orden consignada por el socio yanqui que es obedecida al momento .A cambio, Estados Unidos reconoció oficialmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, frente a los acuerdos de la ONU, un respaldo estratégico que Washington mantiene de forma decisiva. Con Trump, el amor encendido entre ambos países ha llegado al culmen. Se está construyendo una autopista que atraviesa el Sahara Occidental, cuyo nombre impuesto por el gobierno marroquí es: autopista Donald Trump.

Esos son los antecedentes de la fidelidad perruna entre ambos países. Marruecos se envalentona debido a la protección yanqui, y EEUU cuenta en el norte de África una cuña perfecta que controla la zona impulsada por la sumisión de la monarquía alauita. La situación geográfica de Marruecos como punta de lanza de entrada de inmigrantes en Europa, hace de este país algo insustituible para el gendarme de Occidente que muestra una escandalosa deslealtad hacia un país miembro de la OTAN, socio europeo de EEUU, como es España.
A todo esto ¿cómo se porta dicha monarquía con su pueblo? Aquí llega otro de los fundamentos de las sucesivas explosiones demográficas de entrada en nuestro país de miles de pobladores de Marruecos.

La hegemonía económica de la familia real en Marruecos, sería un escandalo de tratarse de un país democrático, porque son dueños, directos e indirectos, de más del 60 % del propio país.
Veamos cómo se reparten las propiedades: El patrimonio del rey Mohamed VI de Marruecos se sitúa entre los 2.000 y 5.700 millones de dólares, lo que le convierte en el rey más rico de África y uno de los diez monarcas más adinerados del mundo. El Producto Interior Bruto del país se sitúa en torno a los 140.000 – 150.000 millones de dólares mientras que la fortuna personal de Mohamed VI, consiste en un patrimonio estimado de ~5.000 millones de dólares lo que equivale aproximadamente al 3,5% – 4% del PIB anual de Marruecos.

Poniendo en contexto las cifras, supone que una fortuna equivalente al 4% del PIB se pone en manos de una familia real por lo que la economía global de Marruecos es poseída por un solo individuo que lo utiliza a su antojo y sin mayores preocupaciones sociales, que reside de forma habitual en París, y su comportamiento roza lo grotesco y escandaloso, que de llegar la información a su país, ignoramos la reacción de un pueblo tan maltratado. Cierto es que Mohamed VI está enfermo, su declive físico es notorio pero la sucesión de la monarquía está asegurada en el hijo del sátrapa alauita.
Continua mañana…
María Toca Cañedo©

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