Me fijo mucho en cómo habla la gente, da un mundo de información sobre sí mismo quien abre la boca para otra cosa que no sea que le entren moscas.
Un ejemplo: un compañero me contó, recordando a su padre ya fallecido que siempre se ocupaba de “fregar” la ensalada. Comprendí que aquel verbo designaba un lavado concienzudo por parte de ese entrañable hombre de campo, un dejar como patena verdosa la lechuga de cada día. Fregar es mucho más que lavar. Y todo el mundo sabe que en general quien se dedica a las labores del campo se deja la piel en cada faena, poniendo el corazón entero en ese mimar la tierra, contemplándola para entenderla.
Mellado también saca la patita enharinada de lobo de cuento cuando emplea, seguro que a conciencia y llevado por esa burda provocación arrabalera que los peperos de última generación confunden con bravura e inteligente audacia, metáforas tan infames como la de la fosa que cava el gobierno para enterrarse, al modo de lo que debían hacer los prisioneros de campos de concentración nazis.
Qué mal estilo, qué mala entraña, qué colmillo retorcido, qué sonrisa de hiena, qué flor de cicuta, qué caverna tenebrosa. Usar ese campo semántico es recordar que a Lorca lo fusilaron junto a un par de banderilleros y un maestro cojo, y los desaparecieron en uno de esos osarios tan útiles para poner tierra de por medio. Me viene a la cabeza la presa republicana a la que pudieron reconocer porque en el bolsillo de la falda llevaba el sonajero de su bebé, que resplandecía, rojo como una rosa, a pesar de tantas décadas de polvo y olvido. Me acuerdo de Mazón, que ha reducido la subvención destinada a exhumar cuerpos de fosas franquistas porque para él lo de las vidas humanas y la dignidad que se debe a los muertos no es un asunto que le corte la digestión. Me acuerdo de Asuncion, la valiente e invencible anciana que luchó para que le encontraran aunque fuera un hueso de su padre, Pedro Izquierdo, ay, dichoso apellido, electricista al que fueron a buscar a casa y al que fusilaron antes de que llegara a prisión, para enterrarlo como merece un hombre amado por los suyos.
Cavar fosas y enterrar gobiernos. Qué cuervos desteñidos, estas gaviotas.
Patricia Esteban Erlés.

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