Nos suelen reprochar cuando hacemos activismo del tipo que sea, que hacemos política. En una protesta de vecinos en contra de la cesión de un centro cívico a la multinacional de la hamburguesa, cuando algunos portaban las banderas palestinas, se reprochó con cierta dureza que “no hay que mezclar porque nosotros no hacemos política, solo protestamos por la usurpación que nos hace el ayuntamiento de Santander” Quienes eso explican con la ufana suficiencia de la inanición intelectual ignoran algo manido, que todo o casi, es política.

Acabamos de escuchar (bendita la persona que conectó ese móvil) a un CEO de la empresa que gestiona el Hospital de Torrejón de Ardoz, en Madrid, con todo el descarne explicar que para aumentar la cuenta de resultados en cuatro o cinco millones al año había que prolongar las listas de espera. Con la desvergüenza que da haber aprendido a ser siervo dichoso de un capitalismo caníbal ( creo sobra el adjetivo porque todo capitalismo es caníbal por naturaleza) el CEO, que ha dimitido como si eso fuera a tapar la verdad que amparan sus palabras, explicaba las líneas maestras de toda empresa moderna: ganar dinero. Nada de hacer un buen trabajo, satisfacer a los clientes -sí, clientes, la privada no tiene pacientes- del hospital, o servir a la comunidad. En absoluto. La finalidad de las empresas es generar una cuenta de resultados positiva en el balance anual de accionistas y repartir jugosos dividendos. Si en el camino a la optimización económica se muere alguno o vive con un dolor abrasante o en inmovilidad ¡se siente!
Como bien dijo Ayuso, la abeja reina del desmadre liberticida madrileño: “se iban a morir igual”

Porque todos/as nos morimos igual, por tanto que más da hacerlo unos años antes. O con dolor, o con el mordisco de la rabia por la ambulancia que no llega, por pediatras inexistentes en comarcas alejadas de la ciudad, o por ausencia de traumatólogos en hospitales comarcales, o falta de anestesista en urgencias…Como nos vamos a morir igual, que más da, arrégleme usted unos millones más a repartir entre accionistas y CEOS del mundo y que se joda Triana.

El caso, como dicen los biempensantes, es que podemos protestar -ni mucho ni con gritos- pero sin hacer política, porque se ve que es mala. La política, digo. Esa desafección a la política la sembró el franquismo y germinó alegre y dicharachera en las generaciones siguientes. La bufonada del CEO de la empresa gestora del hospital público-publico, santo dios- de Torrejón no ha hecho más que expresar una realidad política y social lógica. El neoliberalismo es eso, queridos apócrifos de la política. Con dinero público se financia un hospital que gestiona una empresa privada regada con millones a cascoporro del dinero de los/as contribuyentes para que realicen mínimos servicios, rentables, sencillos, nada de cosas complejas o de larga duración porque eso impide que se llenen los bolsillos unos cuantos.

Mientras se realizan recortes con hoz afilada de personal, sueldos miseros, no se cubren bajas ni vacaciones (qué es eso de no producir por tener derechos ¡anatema!) se restringen medios llegando a mínimos existenciales como consecuencia de ello se producen problemas de desatención como reutilizar material desechable a riesgo de infecciones y problemas mayores, les contamos, por medio de voceros afines, que la culpa es de los inmigrantes sin papeles que además de paguitas sin fondo colapsan los servicios médicos.

El escandalo es que la grabación del CEO nos ha puesto ante el espejo la verdad. Verdad que seguirán negando los de siempre, los que se aprovechan directamente de lo público, los que hacen uso del lucrativo negocio de la salud a base de puertas giratorias que devuelven los favores de contratos de privatizaciones millonarias , además de las corruptelas de los aprovechados putativos como el buen novio de la presidenta que negocia con Quirón suculentas facturas que luego no declara. Presuntamente…

Resulta tan pueril observar el escandalo que produce una grabación en donde un tipo que le han enseñado a sangrar a la sociedad con el único fin de generar riqueza para unos pocos en detrimento de unos muchos, que no podemos menos que sonreír considerando que la ingenuidad de la ciudadanía ralla en el suicidio social.

Porque lo que contaba el bocachancla Pedro Gallart es la realidad de un sistema que se ha impuesto en el laboratorio de la CM y se extiende, como charco impuro, al resto de las comunidades. Es pura y genuina esencia de neoliberalismo. Se trata de ganar dinero. Generar riqueza para la élite no importa a qué precio. Si el costo es que un bebé muera en los brazos de su madre por falta de atención pediátrica o que un cáncer curable y tratable se convierta en metástasis por falta de atención rápida, da lo mismo. Nos morimos igual; lo que importa es la cuenta de resultados y que los CEOS de las empresas reciban el plus de complemento al final de año para poder adquirir la casa, el coche, el yate más grande.

Si para ello la sanidad publica se desangra, da lo mismo. Es el sistema, amigo. Y el sistema capitalista es esto que contaba el CEO, que sí hace política y de la que mata.
El problema no es un CEO desalmado, ni una presidenta demenciada con un novio aprovechado. El problema de base es el sistema que genera y potencia los instintos asesinos de seres humanos sin alma. La salud jamás debiera estar al albur de estos mercachifles sin alma.

Escuchando la grabación de Pablo Gallart Gaspar, responsable del Hospital de Torrejón, recordaba la aplicada cuantificación que realizaba Rudolf Höss de su sistema para optimizar los resultados en las cámaras de gas. Fantaseaba el bueno de Höss con reducir los tiempos de espera entre las cargas de los hornos, en invertir en nuevas instalaciones que potenciaran los resultados obtenidos manteniendo encendido los crematorios sin pausa para que en vez de tres mil gaseados diarios fueran diez mil exponiéndoselo con vehementes argumentos a sus jefes, solicitando nuevas inversiones para realizar el sueño húmedo de llenar el cielo polaco del humo judío, rojo, gitano…Se trataba de mejorar el sistema, de optimización de recursos, de resultados cada vez más positivos para el insaciable Baal que es el capitalismo genocida que imponía la eliminación de una raza y ahora supone ampliar los dividendos de su empresa, el grupo Rivera, o Quirón…o pongan ustedes el nombre que gusten. El resultado es lo que importa, los medios son lo de menos y las víctimas, resmas objetivables e inoperantes.

Deberíamos grabarnos en la mente que el voto es la herramienta para elegir gobiernos que prioricen y doten de recursos a la sanidad pública y que las políticas sanitarias dependen directamente de la voluntad política del partido en el poder.

Estas frases que parecen más un slogan de campaña que el argumento de un artículo que se pretende serio, es una verdad como un templo, porque si queremos llegar a un sitio -derechos ciudadanos respetados, medio ambiente optimo para la vida, justicia limpia y equitativa, enseñanza de calidad, universidades prestigiosas, sanidad de altura publica y gratuita para todas, respeto a los derechos de las mujeres, lgtbiq+, infancias saludables y bien atendidas, vivienda asequible, derechos laborales- lo que no podemos hacer es priorizar a quien relega todo ello en base al derecho a las birras y terraceo, largando soflamas contra ETA y queriendo salvar España de hipotéticos asaltantes mientras bajo mano entrega los medios y el poder (nuestros medios, nuestro poder) a quien lo reparte entre unas elites escasas y poderosas.

Me dirán, los que protestan de la política, que da igual porque todos hacen lo mismo. La respuesta es no, ni todos hacen lo mismo ni son iguales. Y no entro en maniqueísmo infantil, simplemente sabemos cómo castigamos la izquierda los desbarajustes y la capacidad de exigencia que tenemos con quien dilapida nuestros votos para llevarlos en dirección opuesta. Claro que nos equivocamos, o nos equivocan mucho (se lo dice alguien que votó varias veces y con entusiasmo a Felipe González) pero lo que es cierto es que si votamos a quien levanta la bandera del neoliberalismo, de la defensa a ultranza del capitalismo salvaje, les aseguro que no suelen equivocarse porque van a obtener lo que han prometido sus elegidos. Llevarnos a una sociedad depauperada para muchos frente a unas elites cada vez más ricas.

Por lo demás, un último apunte…Frente a los canallas que siguen negando la violencia machista, hasta el mismo machismo sistémico las noticias del abuso y la cantidad de rijosos babosos que germinan incluso en un partido comprometido con el feminismo (al menos de boquilla) como el PSOE, nos demuestra una vez más (y van…) que el machismo es transversal y sistémico, porque tal como sabemos las mujeres de la izquierda, en nuestra trinchera hubo, hay y seguirá habiendo, a menos que empleemos la desbrozadora, machismo a cascoporro.
Y sí, que todo es política y tanto da defender un barrio como la sanidad pública porque la bandera palestina debe ondear hasta en el infierno porque con Gaza lo que han hecho es algo similar a lo que pretenden los CEO del mundo.
María Toca Cañedo©

«Que escándalo, que escándalo, he descubierto que aquí se juega …», creo que va quedando claro en los últimos tiempos que este ultracapitalismo mata, pero la culpa es de los inmigrantes, los independentistas, ecologistas, ETA y PerroSanchez. Vamos tod@s derech@s al hoyo …