Todas y cada una de las ocasiones en que he mantenido discusiones, algunas muy virulentas, con hombres parejas, novios, amantes o amigos cercanos ha sido por la única y expresa razón de que yo pensaba algo contrario a ellos y lo manifestaba.
Argumentaba, razonaba, explicaba o tan solo ligeramente soltaba un poco esperado «yo no lo veo así«.
Cuando esto ha ocurrido en la intimidad (y no exagero) la respuesta ha sido, discusión mediante, una cara muy enfadada al otro lado, un proyector mira cómo te pones, un siempre me llevas la contraria, un te alteras con ese tema (aún estando recién levantada y en pijama dormilón), un te gusta pelear, un no se puede hablar contigo.
Manifestar en público o en grupo mi desacuerdo con alguna cuestión que mi pareja exponía ha ocasionado:
– Gritos, que uno de ellos saliera corriendo por la calle en sentido literal cual atleta, que dejaran de hablarme durante horas y retiraran la energía, que fueran conmigo al lado como si no existiera, que me acusaran de beligerante, que me imitaran en el tono de voz y el gesto de vuelta, que ridiculizaran mi argumento, que me compararan con otras parejas con las que no había «problemas».
Y no, ni bajar el tono, dulcificarlo, ser en extremo cuidadosa, afectuosa al expresar disenso, ni la comunicación no violenta y sus maneras, ni darme cuenta de mi interés en tener razón y ponerlo en mí, ni el sumo cuidado cual explicación a una criatura de dos años.
Nada de eso ha funcionado y funciona frente a la necesidad de poder masculina y al introyecto social inoculado de mayor jerarquía y dominio.
Lo que yo pienso es la verdad hegemónica, ¿cómo no lo respetas?
Ahora quizás tu pareja o amigo no tenga mayor capacidad económica que tú, o más formación reglada o un mejor empleo; quizá incluso tú sepas más de la cuestión de la que habláis, pero ay amor, no escucharte, no atenderte e incluso negarse a aprender algo diferente y horizontalizar la interacción es el bastión de guerra que siempre queda y funciona.
La acusación que desactiva.
La carga que te cuestiona tu estar en relación.
– Te gusta pelear.
– No me gusta pelear. Me gusta existir y pensar.
Y expresarlo sin temor a represalias.
Eso me gusta.
Desde que era pequeña.
Buen día, otro día.
Por si sirve.
María Sabroso.
Fotografía de la comandanta Ramona del EZLN.

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